En Holanda no faltan las iniciativas que se toman para luchar contra el robo de bicicletas. Crédito: picture-alliance/chromorang
Thomas Burmeister/DPA
El robo de bicicletas ("fiets jatten", en neerlandés coloquial) sigue siendo una plaga nacional y, al mismo tiempo, un deporte popular secreto.
AMSTERDAM. - Piet Hein Donner es, desde hace varios años, uno de los políticos más prominentes de Holanda. No obstante, hay un aspecto en el que Donner, que ha ocupado varios cargos de ministro, no se distingue de sus compatriotas comunes y corrientes: se dirige al trabajo en bicicleta. Y ya le han robado dos veces este sencillo medio de transporte, la última vez incluso en un garaje fuertemente vigilado del gobierno.

Algo que no le causa asombro a ningún holandés: pese a todos los esfuerzos emprendidos por la policía y asociaciones interesadas, el robo de bicicletas ("fiets jatten", en neerlandés coloquial) sigue siendo una plaga nacional y, al mismo tiempo, un deporte popular secreto.

En todo el mundo Holanda es conocida como paraíso para ciclistas; el país tiene más bicicletas (18 millones) que habitantes (16,6 millones). Con sus miles de kilómetros de carriles exclusivos para bicicletas, Holanda es todo un modelo. En este país, los ciclistas pueden circular con una seguridad que no existe en ningún otro país. Pero esa seguridad no existe para las propias bicicletas: en 2009 fueron robadas casi 900.000 bicis, según datos de la Asociación de Ciclistas de Holanda. "Es así: en ningún otro país del mundo roban tantas bicicletas como aquí", constató recientemente el diario "de Volkskrant".

Los motivos son muy diversos. "Es casi una adicción", confiesa un joven amsterdamés con el "nombre artístico" Jan de Kampioen (Juan el Campeón). Es un auténtico campeón cuando se trata de abrir los candados de las bicicletas, especialmente los fabricados en Alemania. "Excelente calidad. En los anuncios publicitarios se jactan de que es imposible que te roben la bicicleta y cosas así. Todo un desafío", dice "El Campeón". No importa si es un candado espiral, articulado o en forma de U, un cable de acero o una cadena de hierro: especialistas como Jan juran que pueden con cualquier sistema antirrobo.

Muchos trucos se pueden aprender en los foros de Internet. Quien entra allí queda asombrado por todo lo que se puede hacer. Pero lo que más sorpende es la naturalidad con la que se aceptan generalmente los motivos para robar. "Hola amigos. Acabo de perder mi bici otra vez. Ahora me toca a mí robar una. ¿Tienen algún consejo?", escribe alguien con el nombre de usuario "MVC".

En un intento de explicar esta conducta, una estudiante de psicología señala: "Aquí en Amsterdam prevalece la idea de que las bicis de cierta forma deberían ser de todos. Quizás sea una herencia de los viejos tiempos del movimiento okupa".

No faltan las iniciativas que se toman para luchar contra el robo de bicicletas. Varias de ellas surten efecto durante algún tiempo. Al menos en las pequeñas ciudades holandesas, donde es más fácil controlar la situación, la policía ha tenido éxito con la instalación de cámaras de vigilancia, siempre y cuando haya empleados que las monitoreen.

Mientras tanto, muchos compradores de bicicletascaras hacen marcar sus nobles bicis con códigos que son casi imposibles de eliminar y las incorporan a registros de Internet. Ello ha permitido el decomiso de no pocas bicis robadas durante controles en mercados semanales o en tiendas de segunda mano.

Sin embargo, para la mayoría de los que no son dueño de una bicicleta de lujo, eso es demasiado complicado. "¡Roba tú otra!", aconsejan muchas veces los amigos cuando les dices lo que te pasó. Y en ocasiones te repiten el chiste sobre "el método absolutamente más barato para conseguir una bicicleta en Holanda".

Lo que se necesita es un poco de coraje, ya que los ladrones comunes y corrientes no actúan con tanta desfachatez: uno se dirige a un grupo de estudiantes con bicis, levanta la mano y grita lleno de indignación: "¡Carajo, ahí está mi bici!". A causa del susto, al menos uno de ellos dejará caer su bici y saldrá corriendo. Nada más hay que levantar la bicicleta y alejarse tranquilamente en ella, con una cara de satisfacción. Así de fácil.