Magister dixit
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“La educación necesita tanto de formación técnica, científica y profesional como de sueños y utopía”.
Paulo Freire
“Si el maestro lo dijo, no se puede poner en duda” ¿Será? Esto era en otro tiempo. En los tiempos de la supercarretera de la información, del libre mercado, de la primacía de las tecnologías de información, el axioma se pone en riesgo. Si el maestro lo dijo, en el contexto actual se cuestiona o se pone en duda, porque pareciera que no es suficiente. Habrá que corroborarlo en el rincón del vago, Wikipedia o cosas por el estilo.com.
Cuando en la Edad Media se decía la frase “magister dixit”, era una referencia al maestro por excelencia, Aristóteles, la mismísima impronta de la sustancia en materia de conocimiento, contradecirlo, era ir en contra de Dios mismo. Ese peso tenía el maestro. Se aplicaba a las grandes figuras de autoridad, porque eso era el maestro, una figura de autoridad; determinante social y moralmente. Su palabra pesaba en la comunidad y su figura era altamente respetada. Cuando la educación es fundamental en un País, y así lo tiene claro el Estado, el maestro es factor; cuando no, ni es reconocido, ni es valorado.
Una sociedad educada, es una sociedad libre de toda manipulación, esa es una argumentación por definición, en la que todos estamos de acuerdo. De ordinario, llegan a ser sociedades libres y desarrolladas. En estas sociedades quienes están a cargo de la dimensión educativa juegan un rol básico. La educación, como decía Paulo Freire, es un ejercicio liberador.
Pero, ¿qué se pensó del maestro en otro tiempo y que se piensa ahora?
Miguel León Portilla en su libro “Los antiguos mexicanos a través de sus crónicas y cantares” (1961) comenta que las funciones del maestro náhuatl o temachtianieran, hacer que los educandos tomaran un rostro, lo desarrollaran, lo conocieran y lo hicieran sabio y humanizar el querer de la gente, haciendo fuertes los corazones, en síntesis dar sabiduría a los rostros ajenos. La metáfora el Tlamatinime es “una gruesa tea que no ahuma” aligera la explicación.
En los albores de la Conquista hubo grandes maestros a los que hay que agradecer su paso por nuestras tierras. Motolinia (Toribio de Benavente), Bartolomé de las Casas, Junípero Serra, Pedro de Gante, Martin de Valencia, Vasco de Quiroga…; entre otros, fueron los primeros maestros que enseñaron a cabalidad fundamentados en el tema de la dignidad humana, los oficios y por supuesto las letras. No solo eran venerados por los antiguos mexicanos, eran respetados por los conquistadores. Su presencia se imponía y eran vistos con admiración.
En 1822 se fundó la Compañía Lancasteriana en México. En tiempos de Benito Juárez juega un papel determinante promoviendo una educación basada en la libertad. Eran tan ejemplares sus maestros que el Gobierno de Juárez no dudó poner en sus manos el Ministerio de Educación. Evidentemente, el tema del premio y castigo, la rigidez educativa, la memorización y lo tradicional de este tipo de formula educativa han sido uno de los juicios históricos recurrentes. El maestro, a partir de este momento, se convirtió en una figura moral en la sociedad.
Otras figuras importantes de la educación en México a principio del siglo 20 fueron José Vasconcelos, Samuel Ramos, Justo Sierra, Moisés Saenz, Mariano Azuela, Alfonso Reyes, Antonio Caso, Octavio Paz, Manuel Gómez Morín, Carlos Pellicer, Nemesio Naranjo, Julio Torri, Jaime Torres Bodet, Salvador Novo, Javier Urrutía, Pedro E. Zureña, Carlos Monsiváis, Carlos Fuentes, entre otros. Grandes personajes que fueron una referencia en su tiempo y que marcaron las juventudes hasta nuestros días. La honestidad, la solidaridad, el respeto, la equidad, la libertad responsable, la igualdad, el dialogo y la idea de la patria libre, fueron valores que se enseñaban no solo en el aula, sino en la vida misma.
Un momento privilegiado para la educación y donde se resalta la figura del maestro es en tiempos de don Manuel Ávila Camacho como Presidente de México (1940-1946) y don Jaime Torres Bodet como Secretario de Educación. Ambos fueron determinantes en la confección de la figura y el papel que el maestro jugó en la sociedad mexicana y que tenemos reminiscencias a la fecha. En este tiempo el rol del profesor era asegurar que nadie quedará excluido en los salones de clase, que hubiera mínimos para respetar y, sobre todo, asegurar una educación basada en la tolerancia, el diálogo, la pluralidad y el respeto. Es el tiempo de la educación para la paz y la democracia. El maestro es factor de unidad.
De lo que se piensa del profesor en estos tiempos no hay mucho que decir. Hay diferencias sustanciales entre los maestros. Se dan grandes diferencias. Los hay rurales, urbanos, federales, privados, técnicos, universitarios, estatales, en fin. En muchos de los casos han fungido como capital político. Muchos siguen siendo queridos y, como todo, otros no tanto. Hay quienes enseñan, hay quienes no. Hay quienes se entregan, hay otros que ni siquiera se esfuerzan. Algunos aluden a cuestiones salariales. Han sido maltratados por el sistema, es evidente la falta de formación y hasta de conocimientos, esto lo muestra la OCDE y la prueba PISA, no hay que ir muy lejos. Evidentemente el tema salarial, es un factor de mucho peso, un análisis comparativo con otros países nos daría luz para entender de donde brotan gran parte de los problemas que hoy enfrenta el gremio magisterial.
De lo que se espera de los profesionales de la educación es justamente eso, que se mantengan y actúen como tales; siempre comprometidos con México promoviendo los valores básicos de la sociedad (respeto activo, libertad responsable, igualdad cívica, solidaridad universalista y apertura al diálogo). Se espera que tengan como asunto de importancia la formación, con el fin de mejorar métodos, actitudes y prácticas docentes.
Deben de tener en cuenta la teleología educativa; es decir, saber por qué y para qué se educa. Deben de tener claro ¿qué valores requieren los alumnos para enfrentar con éxito el contexto presente y el futuro? ¿Qué debilidades se deben superar como País mediante la educación?¿Qué habilidades requieren los alumnos para insertarse en el mundo, para enriquecerlo y transformarlo? ¿Cómo fortalecer la identidad social de los alumnos para que se conviertan en constructores de un México distinto? ¿Cómo fortalecer la búsqueda de identidad personal? ¿Qué valores, principios, virtudes se deben propiciar mediante la práctica docente? ¿Por qué consideran como profesores que la educación de manera especial propone un campo fértil para la formación y promoción de los valores, que puede impactar favorablemente la sociedad?
La UNESCO afirma que el papel del maestro del siglo 21, deberá ser de agente de cambio que entienda, promueva, oriente y de sentido al cambio inevitable que nos transforma a todos. Debe ser un cuestionador del “status quo” que no colabora con el desarrollo de la comunidad. Tendrá que dominar contenidos y recursos necesarios para facilitar y activar aprendizajes. Debe propiciar el desarrollo armónico de sus alumnos, promover el conocimiento científico, tener amor por la patria, promover la democracia. Debe ser consciente del valor y la dignidad que tiene todo ser humano, de la permanente búsqueda de lo verdadero y válido para el hombre, de su preocupación por su perfeccionamiento profesional, de la continua promoción de los principios y valores de la vida.
El maestro debe transmitir a los alumnos aprecio por sus materias, por la vida, por la investigación y el trabajo; por las relaciones con los demás. En este momento, es fundamental que los maestros sean genuinos, auténticos, que dominen las tecnologías de información y comunicación que sean expertos en técnicas y recursos pedagógicos, psicológicos e intelectuales. Que evidencien liderazgo, trabajo en equipo, equilibrio afectivo, grado de autoestima y sentido del humor para hacer más cómoda y eficaz su tarea.Debe de poner énfasis en el desarrollo de capacidades de pensamiento crítico y creativo, promover el estudio serio y detallado de las opciones éticas e ideológicas rivales, entrenar en el análisis de casos reales y de manera particular, hacer que los alumnos sean personas que piensen y elijan por sí mismas, en una palabra: la labor del maestro será hacer que las personas sean libres. Entonces sí podremos decir Magister dixit.
¡Felicidades Maestros!