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Si queremos avanzar hacia las bondades de la agricultura orgánica, dicen sus partidarios, tendríamos que comenzar adoptando dos grandes medidas: comer menos carne y no desperdiciar tanta comida.


Hay debates sobre determinadas situaciones que son capaces de soliviantar a cualquiera. Por ejemplo, ¿deberíamos dormir junto a nuestro bebé o dejar que él lo haga en su propio espacio? Una vez que superamos la etapa infantil ¿deberíamos beber leche o no hacerlo? ¿Deberíamos adoptar la agricultura ecológica o seguir adelante con agricultura industrializada? 

En esta última, los agricultores aplican fertilizantes obtenidos por síntesis química para ayudar al crecimiento de las plantas con nutrientes como el nitrógeno, en el momento en que los cultivos lo necesitan. En esta opción también se utilizan pesticidas artificiales para librar a los cultivos de las malezas, las plagas y las enfermedades. 

La agricultura orgánica propone emplear los residuos de los propios cultivos como fertilizantes, y utilizar sistemas de rotación (alternar con diferentes cultivos) en los que se empleen vegetales como las legumbres para recuperar la fertilidad de los suelos que se han desgastado con otros cultivos.

De hecho, un grupo de investigadores suizos ha establecido qué tipo de cambios serían necesarios para que la agricultura orgánica pudiese sustituir a la agricultura industrial y alimentar los 10 mil millones de personas que se supone poblarán la Tierra en el 2050. 

El cambio hacia una alimentación basada en la agricultura orgánica es posible, dicen esos investigadores, por ejemplo,bastaría  con superar dos grandes problemas:

1. Aceptar el hecho de que los rendimientos de la agricultura orgánica son 30% inferiores a los que se logran con la agricultura industrializada. Y

2. Aceptar el hecho de que la agricultura industrializada ocupa el 99% de la tierra cultivada del planeta.
A continuación veremos más de cerca lo que significan las propuestas de los investigadores, para avanzar hacia una agricultura orgánica y sutentable.

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El problema fundamental

La agricultura orgánica reduce el uso de pesticidas casi por completo y el de fertilizantes a menos de la mitad, pero adolece de un problema fundamental: su menor rendimiento, con cosechas hasta 30% inferiores a las de la agricultura industrializada. Lo que la convierte en una alternativa poco viable en un mundo con una población creciente y con un territorio limitado para el cultivo (hasta ahora, el porcentaje mundial de tierras cultivadas con agricultura orgánica es cuando mucho del 1%).

Además, este tipo de técnicas son especialmente inferiores cuando se trata de cultivar grandes extensiones de cereales como el trigo, que suponen una gran parte de la producción mundial de alimentos.

Sin embargo, hay grupos de defensores de la agricultura orgánica que consideran viable la transición hacia esa forma de producir los alimentos que requiere la humanidad, minimizando el impacto ambiental. 

La propuesta

El mes pasado, un equipo internacional de investigadores liderado por Adrian Muller, del Instituto de Investigación sobre Agricultura Orgánica (FiBL) en Frick, Suiza, publicó en la revista Nature Communications un trabajo en el que propone los cambios necesarios para que la agricultura orgánica  produzca los alimentos que requiere la población mundial.

Su análisis reconoce que el uso generalizado de la agricultura orgánica requeriría cultivar más tierras vírgenes para compensar su menor productividad. 

No obstante, tiene un menor impacto ambiental compensado por varios beneficios, como por ejemplo un menor uso de pesticidas y de fertilizantes.

En la agricultura industrial, el nitrógeno obtenido de forma artificial se aplica cuando las plantas lo necesitan, pero si no se usa con mesura, los excesos suelen acabar arrastrados a los cuerpos de agua  (ríos, arroyos y pozos) dañando a los seres que los habitan y haciendo que el agua no sea potable. 

Por el contrario, en la agricultura orgánica, se emplean recursos como los propios residuos de cultivos para mejorar la fertilidad del suelo a más largo plazo, lo que reduce los riesgos de contaminción.

Y también propone el uso de los excrementos de la ganadería, para usarlos como fertilizantes.

Más allá del agro

Pero para disfrutar de esas ventajas y alimentar a los 10 mil millones de personas que habitarán la Tierra en 2050, serán necesarios cambios culturales profundos que van mucho más allá de la práctica agraria. 

Uno de ellos es la reducción del consumo de carne. En total, la cantidad de proteínas que los humanos obtenemos de la carne debería descender de 40% a 10%. 

Uno de los alimentos que ocuparían el lugar de la carne como fuente de proteínas serían las legumbres (es decir todos los tipos de frijoles, lentejas y soyas), que tendrían un beneficio añadido ya que las leguminosas son plantas mejoradoras del suelo.

Esas especies tienen la capacidad de tomar el nitrógeno del aire y fijarlo en los suelos donde crecen, y se han empleado durante siglos para recuperar la fertilidad que perdía el suelo cuando se plantaban en él, de manera repetida, otras plantas, como los cereales.

Otra de las medidas necesarias para hacer viable la expansión de la agricultura orgánica sería reducir la cantidad de comida que desperdiciamos. 

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) calcula que tiramos a la basura entre el 30 y el 40% de los alimentos que producimos. 

El logro de Holanda

Algunos agrónomos consideran interesantes los planteamientos del artículo publicado en Nature Communications, pero ven difícil “cambiar el comportamiento de 10 mil millones de personas”. 

“Mientras se llega a ese punto, hay que considerar que los chinos y los indios van en la dirección contraria, hacia un mayor consumo de lácteos y de carne”.

Para no ocupar más terreno y mantener los niveles de producción con bajos niveles de contaminación, los proponentes del cambio a orgánico abogan por emplear las mejores variedades y los mejores métodos de producción disponibles. 
Holanda, por ejemplo, ha demostrado que con un sistema basado en la ciencia y la tecnología más puntera se pueden lograr altos niveles de producción con un bajo impacto medioambiental. 

Ese país está entre los primeros exportadores de papas y tomates gracias a su agricultura de precisión lograda en condiciones de invernadero. 
Pero las técnicas de la agricultura orgánica no están exentas de riesgos.

Por ejemplo se puede disponer del nitrógeno de origen natural a través del uso del estiércol, pero este último puede acabar contaminando los acuíferos.
No obstante, los partidarios de la agricultura orgánica insisten en que esta modalidad ayudaría a lograr un futuro alimentario más sostenible. (Selector de Vanguardia)