Estos días de campañas es común escuchar acerca de la necesidad de tener un México en paz, aunque no siempre se entiende lo que eso significa. Nuestro concepto de paz se encuentra normalmente relacionado con detener la violencia. Sin embargo, (1) la paz incluye, en efecto, pero no se limita a la ausencia de violencia; (2) las condiciones de paz de raíz suponen la fortaleza en indicadores estructurales materiales y no materiales, lo que contempla desde temas como la distribución equitativa de los recursos, el contar con bajos niveles de corrupción y el tener instituciones sólidas que funcionen, hasta otros como el respeto a los derechos de otras personas (IEP, 2017); y (3) un estado de paz no implica la ausencia de conflicto. El conflicto es natural a las interacciones humanas. Sin embargo, las sociedades más pacíficas desarrollan mecanismos no violentos para resolver esos conflictos. En este último rubro, el cómo se procesa el conflicto, me concentro en el texto de hoy. 

La iniciativa Méxicos Posibles es un proyecto que, desde el 2014, involucra a un grupo intersectorial de mexicanas/os enormemente plural y diverso. A mí se me invitó a formar parte de la segunda generación de trabajo. El gran reto era, a lo largo de una serie de talleres intensivos, lograr ponernos de acuerdo en cuestiones mínimas para identificar los principales problemas de nuestro país y elaborar los escenarios bajo los cuales México podría arribar al año 2030. El producto de las labores de ambas generaciones se puede encontrar en www.mexicosposibles.mx. Pero para mí, alguien interesado en temas de paz, hay una serie de aprendizajes que bien haríamos en rescatar. 

El primero, la necesidad de incluir, a pesar de los conflictos que nos enfrentan; con más razón a causa de ellos. La paz disociativa es aquella condición en la que las partes en conflicto sólo son separadas o apartadas para que dejen de agredirse. En cambio, la paz asociativa es una aproximación que busca restablecer o construir vínculos de interacción entre los actores conflictuados, a fin de que la violencia sea cada vez una opción menos viable para resolver aquello que les confronta (Galtung, 1985). Edificar la paz desde su misma base implica construir mecanismos mediante las que los actores sociales puedan eficazmente procesar sus diferencias. El segundo aprendizaje: Méxicos Posibles es un testimonio vivo de que, mediante herramientas metodológicas adecuadas, no es imposible alcanzar acuerdos mínimos entre personas con muy distintas formas de ver, vivir y entender la realidad. 

El tercer aprendizaje: el valor de escuchar y colocarse en los zapatos de nuestros "otros", a veces sólo percibidos como opuestos, a veces simplemente invisibles en nuestros espacios de interacción cotidiana. La metodología implementada en nuestros talleres, desarrollada por Reos Partners, nos permitió experimentar en carne propia lo que supone alcanzar etapas de verdadero y profundo diálogo, un diálogo en el que podamos estar presentes, honesta y verdaderamente escuchando a esa contraparte con quien tenemos tantas diferencias, para conseguir transformar sus problemas y preocupaciones en temas comunes en los que corresponsablemente necesitamos trabajar de manera colaborativa. 

Los elementos que describo, no la ausencia de conflicto, son el componente activo de la paz en su forma más pura. Méxicos Posibles no es, seguramente, la única respuesta existente. Pero es una propuesta que, como podemos atestiguarlo más de 90 personas, es altamente eficaz y que, por tanto, tiene sentido seguir replicando y expandiendo.

Mauricio Meschoulam
@maurimm
Analista internacional