Coahuila - Saltillo
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Visita de Benedicto XVI: Fe a toda prueba
Pese a incomodidades los peregrinos saltillenses se muestran entusiasmados por estar presentes en una misa del Santo Padre
Fuente:
lunes, 26 de marzo del 2012
Eucaristía. Benedicto XVI encabezó la celebración eucarística dedicada al pueblo mexicano en el parque Bicentenario en la ciudad de Silao, Guanajuato.Fotos vanguardia-luis salcedo
Saltillo.- El viaje continúa de noche. La mayoría ha dormido poco: los cuerpos ya sienten el cansancio y las ojeras y gestos de incomodidad no permiten mentir. Pero el espíritu, ese mismo que inició el viaje lleno de fe, continúa inquebrantable y hasta revitalizado. Son las 02:00 horas y es tiempo de dejar la ciudad de León, para viajar a Silao, donde el Santo Padre celebraría la eucaristía ante más de 600 mil fieles. Y es que dicen que la oportunidad de estar presente durante la celebración de una misa oficiada por él es muy poca.
Tal vez por ello sonríen al abordar el camión, y los 40 minutos de viaje hasta un estacionamiento público donde cambiarían de autobús para acercarse al parque Bicentenario pasan casi inadvertidos, pero al llegar, el clima deja de ser templado, para recibirlos con un frío seco, de ese que hace temblar cada que el viento sopla y se cuela entre la ropa erizando la piel.
Se escucha que piden café, como María de la Paz, quien viaja con su nieta, otros hubieran preferido cargar una cobija, pero qué se le va a hacer.
La fila para trasbordar, para variar, es de varias miles de personas que rodean el estacionamiento ensombrecido totalmente ante la falta de luminarias. Los primeros minutos se esfuman entre el humor y las pláticas amenas, pero con el lento avanzar de las personas y las horas que no temen apostarse en forma de cansancio en las piernas al no haber lugar para sentarse, cambian el panorama.
Así, mientras tirita, Inés Martínez cuenta el motivo de su viaje, y es que como todos, siente que conocer al Sumo Pontífice es compartir y reconocer la gloria de Dios en la tierra. Lo vio cuando cruzó en el Papamóvil, y ahora está ansiosa de recibir su bendición, pues dice, se trata del vicario de Cristo, cuenta mientras su rizada cabellera le golpea la cara.
Recuerda que durante una de las visitas de Juan Pablo II a México, tuvo la oportunidad de ir, pero el boleto que tenía estaba muy lejos. Por ello, con ayuda de un amigo, fue brincando las vallas para llegar a tan sólo unos metros, pronuncia con una sonrisa. Su voz se detiene de pronto en aquel panorama, y la fila sigue avanzando.
Ahora son casi las 06:00 horas, el cielo ha comenzado a clarear, y es apenas el turno de subir a los transportes que dicen “Puerto interior”. El trayecto es aprovechado para dormir por algunos, incluso quienes vienen de pie se acomodan en el piso para cerrar los ojos y descansar.
Una hora más tarde el parque donde se llevará a cabo la ceremonia religiosa aguarda con una caminata a cuestas, que por lo concurrido, apenas y se puede avanzar, lo cual la prolonga durante dos horas más. Mientras tanto, se escuchan porras y gritos como “Benedicto, hermano, ya eres Mexicano” o “Benedicto XVI está es tu juventud”.
Al momento de acomodarse, si bien cuentan con boletos para una sección central, prefieren quedarse a la entrada de las diferentes secciones: nuevamente el cansancio es un factor en contra, y el grupo se fragmenta de nuevo. Minutos antes de las 10:00 se observa un helicóptero volar bajo. Lo enfocan las cámaras de video y en la pantalla se ve cómo, posteriormente, baja Benedicto XVI, recibido por gritos y aplausos.
De inmediato sube al auto papal y comienza a recorrer los pasillos del parque. Desde lo alto, llega hasta la parte trasera donde las personas yacen de pie, bajo un Sol que a las 10:00 horas ya calienta a 28 grados y poco a poco sofoca más.
Si bien no cruza por donde se encuentran los capitalinos coahuilenses, la emoción inundó rápidamente sus rostros y voces. Las miradas parecían concentrarse en él como si lo tuvieran enfrente, y su mera presencia, dicen, “esa imponencia tremenda de paz y amor”, les dijera que no están solos.
Se habla de 600 mil personas en el lugar, incierto decirlo, pero hasta donde la vista llegara, hasta ahí se apreciaban camisas blancas y banderas con los colores del Vaticano.
Al iniciar la celebración eucarística, ese fervor se transforma un poco, y atentos, escuchan cada palabra de Benedicto, por cierto, en español. Al menos así es hasta después de su mensaje. Entonces piden un minuto de silencio para meditarlo, y es quizá el silencio más honesto y penetrante de todos. Después, continúa la misa en latín.
Regresar también es un reto
Durante la misa ofrecida a más de 600 mil fieles católicos en el parque Bicentenario en Silao, Guanajuato no hubo momento que no fuera especial. No hubo espacio en que lo sintieran ajeno, sino por el contrario: unido al pueblo mexicano.
La salida del evento, se tornó en un acto que más de una persona calificó como confuso, tedioso y desorganizado. Y es que si para trasladar correctamente a las personas al parque se requirieron más de dos días de actividad ininterrumpida, ahora todos buscaban regresar.
Loscamiones son insuficientes, y no hay información clara para salir del enorme parque donde se realizó el evento eucarístico. El grupo saltillense sigue desunido, pero poco a poco van sumándose hasta quedar juntos y regresar al camión que los regresará a casa.
No obstante, hay quienes entre el tumulto se desbalagan y no lo logran. Quedan a expensas de un mar de gente que, también confundida, pregunta cómo regresar.
Las calles son tomadas por completo por los asistentes a la misa del Papa, y entre empujones, quejas y desesperación, encuentran un hueco para volver al lejano estacionamiento en donde los aguardan los autobuses que los regresarán a sus lugares de origen.
Los pies de todos palpitan, pero los ojos rojos aún no se dejan vencer por el incalculable sueño y cansansio.
Casi a las 16:00 horas, el camión se mueve nuevamente. Esta vez no habrá escalas a Saltillo. Ha culminado el peregrinaje para conocer Benedicto XVI.
Cronología
02:00 hrs. Emprenden el viaje a Silao.
02:40 hrs. Llegan al estacionamiento dispuesto para el evento.
06:00 hrs. Abordan loscamiones que los trasladan al parque.
07:00 hrs. Inicia la caminata para ubicar la sección correspondiente.
10:00 hrs. Benedicto XVI arriba en helicóptero.
16:00 hrs. Los peregrinos saltillenses inician el regreso a casa.
Tal vez por ello sonríen al abordar el camión, y los 40 minutos de viaje hasta un estacionamiento público donde cambiarían de autobús para acercarse al parque Bicentenario pasan casi inadvertidos, pero al llegar, el clima deja de ser templado, para recibirlos con un frío seco, de ese que hace temblar cada que el viento sopla y se cuela entre la ropa erizando la piel.
Se escucha que piden café, como María de la Paz, quien viaja con su nieta, otros hubieran preferido cargar una cobija, pero qué se le va a hacer.
La fila para trasbordar, para variar, es de varias miles de personas que rodean el estacionamiento ensombrecido totalmente ante la falta de luminarias. Los primeros minutos se esfuman entre el humor y las pláticas amenas, pero con el lento avanzar de las personas y las horas que no temen apostarse en forma de cansancio en las piernas al no haber lugar para sentarse, cambian el panorama.
Así, mientras tirita, Inés Martínez cuenta el motivo de su viaje, y es que como todos, siente que conocer al Sumo Pontífice es compartir y reconocer la gloria de Dios en la tierra. Lo vio cuando cruzó en el Papamóvil, y ahora está ansiosa de recibir su bendición, pues dice, se trata del vicario de Cristo, cuenta mientras su rizada cabellera le golpea la cara.
Recuerda que durante una de las visitas de Juan Pablo II a México, tuvo la oportunidad de ir, pero el boleto que tenía estaba muy lejos. Por ello, con ayuda de un amigo, fue brincando las vallas para llegar a tan sólo unos metros, pronuncia con una sonrisa. Su voz se detiene de pronto en aquel panorama, y la fila sigue avanzando.
Ahora son casi las 06:00 horas, el cielo ha comenzado a clarear, y es apenas el turno de subir a los transportes que dicen “Puerto interior”. El trayecto es aprovechado para dormir por algunos, incluso quienes vienen de pie se acomodan en el piso para cerrar los ojos y descansar.
Una hora más tarde el parque donde se llevará a cabo la ceremonia religiosa aguarda con una caminata a cuestas, que por lo concurrido, apenas y se puede avanzar, lo cual la prolonga durante dos horas más. Mientras tanto, se escuchan porras y gritos como “Benedicto, hermano, ya eres Mexicano” o “Benedicto XVI está es tu juventud”.
Al momento de acomodarse, si bien cuentan con boletos para una sección central, prefieren quedarse a la entrada de las diferentes secciones: nuevamente el cansancio es un factor en contra, y el grupo se fragmenta de nuevo. Minutos antes de las 10:00 se observa un helicóptero volar bajo. Lo enfocan las cámaras de video y en la pantalla se ve cómo, posteriormente, baja Benedicto XVI, recibido por gritos y aplausos.
De inmediato sube al auto papal y comienza a recorrer los pasillos del parque. Desde lo alto, llega hasta la parte trasera donde las personas yacen de pie, bajo un Sol que a las 10:00 horas ya calienta a 28 grados y poco a poco sofoca más.
Si bien no cruza por donde se encuentran los capitalinos coahuilenses, la emoción inundó rápidamente sus rostros y voces. Las miradas parecían concentrarse en él como si lo tuvieran enfrente, y su mera presencia, dicen, “esa imponencia tremenda de paz y amor”, les dijera que no están solos.
Se habla de 600 mil personas en el lugar, incierto decirlo, pero hasta donde la vista llegara, hasta ahí se apreciaban camisas blancas y banderas con los colores del Vaticano.
Al iniciar la celebración eucarística, ese fervor se transforma un poco, y atentos, escuchan cada palabra de Benedicto, por cierto, en español. Al menos así es hasta después de su mensaje. Entonces piden un minuto de silencio para meditarlo, y es quizá el silencio más honesto y penetrante de todos. Después, continúa la misa en latín.
Regresar también es un reto
Durante la misa ofrecida a más de 600 mil fieles católicos en el parque Bicentenario en Silao, Guanajuato no hubo momento que no fuera especial. No hubo espacio en que lo sintieran ajeno, sino por el contrario: unido al pueblo mexicano.
La salida del evento, se tornó en un acto que más de una persona calificó como confuso, tedioso y desorganizado. Y es que si para trasladar correctamente a las personas al parque se requirieron más de dos días de actividad ininterrumpida, ahora todos buscaban regresar.
Loscamiones son insuficientes, y no hay información clara para salir del enorme parque donde se realizó el evento eucarístico. El grupo saltillense sigue desunido, pero poco a poco van sumándose hasta quedar juntos y regresar al camión que los regresará a casa.
No obstante, hay quienes entre el tumulto se desbalagan y no lo logran. Quedan a expensas de un mar de gente que, también confundida, pregunta cómo regresar.
Las calles son tomadas por completo por los asistentes a la misa del Papa, y entre empujones, quejas y desesperación, encuentran un hueco para volver al lejano estacionamiento en donde los aguardan los autobuses que los regresarán a sus lugares de origen.
Los pies de todos palpitan, pero los ojos rojos aún no se dejan vencer por el incalculable sueño y cansansio.
Casi a las 16:00 horas, el camión se mueve nuevamente. Esta vez no habrá escalas a Saltillo. Ha culminado el peregrinaje para conocer Benedicto XVI.
Cronología
02:00 hrs. Emprenden el viaje a Silao.
02:40 hrs. Llegan al estacionamiento dispuesto para el evento.
06:00 hrs. Abordan loscamiones que los trasladan al parque.
07:00 hrs. Inicia la caminata para ubicar la sección correspondiente.
10:00 hrs. Benedicto XVI arriba en helicóptero.
16:00 hrs. Los peregrinos saltillenses inician el regreso a casa.
