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Las momias de Guanajuato, el día de muertos, los ritos mexicanos enteros le rinden honores a Tim Burton, uno de sus más grandes seguidores
La muerte le sienta bien a Tim Burton y Guanajuato lo recibe con las puertas del panteón abiertas. El cineasta más oscuro de hollywood se mueve como pez en el agua en la tierra donde la vida no vale nada.
Vestido de luto, Burton llegó al lugar indicado para recibir un homenaje en un país que parece haber salido de su imaginación: la tierra que ha convertido a la muerte en una suave parranda, en una imagen a la que subió al altar, le prendió veladoras y la elevó a categoría de santa.
Aunque así lo parezca, el director no se encuentra en el set de una de sus películas animadas, está en una ciudad retorcida y laberíntica, en un lugar de estremecedora belleza que desenterró una decena de cuerpos momificados y los convirtió en piezas de museo.
“Una de mis más grandes obsesiones es conocer a las momias de Guanajuato”, fue lo primero que dijo a su llegada.
Despúes de un año de espera, el cineasta está en México y para asistir al Festival Expresión en Corto puso dos condiciones: “Comer toda la comida mexicana y conocer el panteón”, esta última le fue concedida de inmediato, pues el cineasta mexicano Guillermo del Toro seleccionó una serie de películas de horror para proyectarse en el camposanto. Las ánimas también tuvieron su función de cine.
Apenas dio sus primeros pasos por la ciudad y Tim se mostraba seducido: “México es un país hermoso. Guanajuato tiene una gran belleza en sus edificios y sus túneles. Vengo de un lugar opuesto a éste, creo que de haber conocido antes esta ciudad, me hubiera mudado aquí”, declaró quien huyó de Estados Unidos para vivir en Inglaterra.
Al arribar al Auditorio del Estado, el pálído y lúgubre Tim parece muerto, recuerda a los terroríficos personajes que lo han convertido en un director de culto y por el cual el festival de cine le rinde pleitesía.
La ciudad de pronto se paraliza y los muertos se levantan para recibir a ese hombre que dio vida al tenebroso y entrañable joven manos de tijera, al solitario rey calabaza, al melancólico chico ostra, al cadáver que muere por ser desposada, a una seductora mujer gato y a un fracasado cineasta travestido.
El jueves, al caer la noche, este Andersen posmoderno, creador de cuentos de hadas de una belleza aterradora, fue víctima de un homenaje en el que la calaca hizo acto de aparicion para bailarle, cantarle al oído y seducirlo. “¿En qué quedamos pelona, me llevas o no me llevas?”, entonó Astrid Hadad frente a un Burton sorprendido ante el espectácuo estrambótico de la cabaretera ilustrada.
Pero el “enfant terrible” del séptimo arte, también llegó cargado con un compendio de seres de perturbadora belleza, eternos perdedores y fascinantes antihéroes, de quienes la tarde del viernes, se sentó a charlar con un auditorio que le regala poemas, dibujos, esculturas y que aprovecha para interrogarlo, para descubrir los resortes íntimos que mueven al artista de cabellos desorbitados.
“No puedo decidir cuál de mis películas es mi fasvorita, todas tienen cosas buenas y malas, pero tengo que reconocer que ‘El Joven Manos de Tijera’, ‘Ed Wood’ y ‘El Extraño Mundo de Jack’, son mi trabajo más personal, definitivamente son mis bebés, pueden ser feos pero siguen siendo mis hijos”.
Con sus respuestas Tim satisface la curiosidad de la horda de fans que abarrotaron el auditorio y les deja entrar por casi dos horas, al mundo de quien se dijo un pésimo bailarín, un amante del mariachi, de quien odia a hollywood, ama las películas de luchadores, huye de los hombres de corbata y ha convertido a Johny Deep en su actor fetiche.
Burton dijo sentirse extraño en Estados Unidos, se burló del amor, dijo ser un amante de la muerte y el humor negro y finalmente se definió como “El mentiroso más grande del mundo”.
Este niño introvertido que amaba las películas de terror y atemorizaba a sus amigos diciéndoles que una nave extraterrestre había aterrizado, un día agarró su cámara súper 8 y con el tiempo convirtió a los inadaptados en un producto rentable y de paso se transformó en el gurú de varias generaciones de “freaks”.
La obra creativa de ese “fenómeno”, tiene a un festival rendido a sus pies, a su paso le llueven reverencias por haber regalado al cine los reflectores que se dirigen a lo marginal para dar luz al lado oscuro del corazón.
El cine de Burton huye de las etiquetas, sus personajes escapan del asfixiante mundo de las apariencias, sus películas son una fuga de los convencionalismos, en Burton las malas compañias son las mejores, sus oscuros personajes emanan luz y se convierten en seres enigmáticos. “Siempre fui un anarquista muy calladito, porque lo que me impulsa como artista es muy interno, es algo de coraje y emoción, nunca he sido político, pero mis películas llevan una corriente subterránea que dice muchas cosas”, aseguró quien ha mostrado el verdadero rostro del sueño americano, las contradicciones y vicios de una sociedad que en su películas se revela como conservadora e hipócrita.
A Burton le sienta bien la muerte y le sienta mejor un país habitado por seres que comen calaveras de azúcar y pan de muerto, que han hecho de la nota roja un altar a la desgracia, que brinda por el dolor, celebra las pérdidas y dedica versos de humor macabro a la catrina.
”Crecí al sur de california y la población hispana es muy grande e importante, los suburbios americanos no son muy vivos que digamos, por eso me llamaba mucho la atención la alegría y el espíritu de los mexicanos, sus festejos como el día de muertos, esas imágenes se quedaron en mi memoria”.
Así se despidió Tim Burton, el cineasta cuya estética, reconoce, le debe también al cine mexicano de luchadores, vampiros y momias.