A 100 años de su inauguración, el edificio se incendió de nuevo, pero ahora en una fiesta con pirotecnia que coronó su longevidad en el Centro Histórico.
Saltillo, Coah.- Hace un centenario, el arquitecto Henri Guindon no diseñó varias líneas en el plano de su edificio, el Teatro García Carrillo: por ejemplo, la línea de 100 años de vida, o el boceto de la enorme fiesta que se realizaría en honor a este escenario que a pesar de su incendio en 1918, sigue de pie. El martes 27 de julio el edificio amaneció con un gran moño color dorado que presumía un cumpleaños: su pastel fue una fiesta de pirotecnia, de canto, baile y hasta conferencia. Por segundos parecía que se ingresaba en aquel lugar de antaño donde cine y obras de teatro se representaban.
El nuevo incendio
Era difícil el calor en el reducido auditorio con un apretado público de más de 140 asistentes: atentos, escucharon a Arturo Villarreal hablando sobre lo que ha investigado respecto al lugar celebrado y cuyo libro, “Teatro García Carrillo: Crónica de un Incendio”, recomendó leer. La exhibición, por parte del ponente, de la única fotografía del interior del lugar, tomada desde el punto de vista del escenario, ahora inexistente, mostró a cientos de hombres y mujeres volteando hacia el frente con bigotes y sonrisas: quizá era un espejo entre el pasado y el presente, quién sabe si el público del antiguo teatro veía una conferencia sobre el nuevo teatro, convertido ahora en Centro Cultural.
Anécdotas e hipótesis sobre el incendio (que si unos frailes ensañados por la obra que se presentaba ese día, “El Loco Dios”, lo quemaron; o un hechizo de amarres que invocó a una bruja; u otro teatro celoso de su éxito), datos, fechas, o nombres como el de la bailarina Norka Rouskaya, que se presentaría bailando “Salomé” con poca ropa exactamente el día después del incendio, escucharon los asistentes quienes al final preguntaron si se podría recuperar el espacio del escenario, y se sugirió a las autoridades tomar cartas en el asunto.
Canto al pasado
El 9° Encuentro Internacional de Ópera que organiza Artescénica, llevó a sus jóvenes gargantas en coro para entonar canciones que estremecieron la planta alta del edificio (donde ahora es una galería). Con Teresa Rodríguez al piano, y el ganador del concurso “Ópera Prima”, Alan Pingarrón, las mañanitas celebraron que aún se sostiene el inmueble frente al Mercado Juárez.
Verbena popular
Era difícil caminar en el teatro, por tanta gente congregada, niños, adultos, jóvenes y los medios de comunicación. Fue un alivio salir con pastel en la mano, cruzar la calle y ver que la fiesta se prolongaba en la Plaza Manuel Acuña: titiriteros, bufones en zancos y tambores pusieron a bailar al público en una fiesta popular como antaño.Y después de la pirotecnia que muy cercana al suelo casi provocaba otro incendio, por fortuna llegó un grupo de fara fara a entonar románticas líneas como “Tú, mi chiquitita, te ando vacilando” que movieron los ánimos de esta celebración dirigida por Iván Márquez, director del Instituto Municipal de Cultura.El García Carrillo, inmóvil, parecía un soberano anciano: lo que aprecia es que haya cultura en sus paredes, y afuera de ellas. Eso celebró.
kg