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Se apaga la zona roja en Saltillo

Las mujeres que hacían vibrar estos lugares se han ido a bailar a otras pistas. De 40 bares que se abarrotaban hace unos años, hoy sólo ocho están encendidos, en espera de un milagro que les devuelva esa atmósfera intensa que atraía a los hombres solitarios, casados, divorciados y primerizos de esta Ciudad. A continuación, los ecos nocturnos de esta zona...

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lunes, 27 de febrero del 2012

  • Fotos: Federico Jordán

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Tan famoso era el salón "Tres Estrellas" de la zona roja por sus mujeres de pechos inmensos y nalgas poderosas, que hasta hay quienes juran que una de esas noches de música viva, olorosas a sudor de albañil, alcohol y humo de cigarro, vino a bailar el diablo.

"Era un hombre todo vestido de negro, alto, guapo que estaba bailando con una muchacha muy bonita", narra Camelia, una sexo servidora que ya pasa de los cincuenta años, de esas pocas que quedan en la zona roja.

El ambiente en el cabaret se había puesto denso, caliente, de pronto entre las mesas y los bailadores apretujados se soltó un tufo viscoso como de azufre y eso es todo.

Entonces Camelia platica otra noche como aquella sentada frente a la barra solitaria de "El Tampico", que años atrás estuvo a reventar de clientes, era una de las chicas más atractivas y cotizadas del lugar, allá cuando había gente. Del "Tres Estrellas", de Camelia, de la zona roja y sus leyendas, quedaron las puras ruinas, porque aquí, a este sitio, que fue el barrio de la vida alegre de la ciudad, ya nadie viene y a quienes quedan, se les van las noches discutiendo el por qué.

Pero al parecer la decadencia de la zona de tolerancia comenzó hace cosa de 12 años, cuando en Saltillo empezaron a proliferar los ladys bar y table dance, negocios donde se ejerce la prostitución clandestina. El robo y los actos de corrupción, cometidos por interventores, policías y prostitutas, hacia los parroquianos, se habían disparado en la ciudad sanitaria y hoy, dicen los propietarios de cabarets, la restricción del horario de cierre de sus locales le ha dado el tiro de gracia a una zona roja que agonizaba. "Fue menos la clientela y allá abajo empezó el desastre, de las mujeres sin control y sin nada. Desde entonces la zona se fue para abajo, para abajo, para abajo, hasta el punto en que está muerta.", dijo una noche de zona doña María Luisa Martínez, la propietaria del "Tampico".

 

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"Esto parece un cementerio, porque ya no tenemos clientes aquí", el que habla es José Manuel Paz, "Chepe", el arrendatario del "Escenarios", uno de los escasos table dance que aún se mantienen en pie, pero vacíos de parroquianos, justo casi a las puertas del sector sanitario..

"Aquí tenemos `El Muñequitas' que ya cerró, porque ya todas las chicas se nos fueron para el primer cuadro de la ciudad...", sigue "Chepe" quien ha accedido a recorrer con SEMANARIO las calles de tierra de la zona, sobre las que no hace mucho rato cayó un aguacero y fue lo único que cayó porque clientes, ninguno.

Hace una noche oscura. El viento helado deambula como un fantasma por las aceras de los bares, donde antes brotaba música de radiola y había mujeres cazando hombres, mujeres de esas que aquí llaman de "asesoría", nadie sabe por qué.

 

"Allá está el `Tres Estrellas' que cerró sus puertas hace unos dos meses. Era uno de los primeros salones que abrieron aquí. Acá está `El Lagunero', `El Capri', `El Bar Johnys', al que, como ya se dieron cuenta, ni las moscas llegan", continúa "Chepe".

Hace años esto era impensable, cuando a la zona de tolerancia, que fue trasladada de la colonia González, antes conocida como "El Triste", a estos terrenos de la Vicente Guerrero, llegaron a concurrir hasta mil 700 mujeres por noche, confió un mediodía que la entrevisté en su casa de la colonia Provivienda, doña María Luisa Martínez, la propietaria del "Tampico", quien migró de Villa Guadalupe, San Luis Potosí para trabajar en Saltillo. "Era un gentillal enorme, muchísimas mujeres, señoras y muy jóvenes de a tiro, todos con la novedad.".

Por esa época el uso del condón no se había popularizado y las mujeres acostumbraban lavarse con infusiones de yerbas sus partes íntimas, después de cada encuentro carnal.

"Chepe" es moreno, más bien chaparro, lleva una chamarra para el frio y una gorra calada a la cabeza. Llegó de Guerrero a esta zona de tolerancia hace 12 años, cuando los caminos pedregudos y agujereados del "zumbido", como todavía le llaman algunos, se llenaban de hombres que iban y venían de un salón a otro en busca de diversión y sexo.

 

"Este era un restaurán, también cerró sus puertas por la escasa clientela que hay y todos estos negocios ya están cerrados. Aquí estaba el `Billar Trébol', y el `Alebrijes'", refiere.

De vez en vez se oye entre el bramido del viento el ladrar de los perros callejeros, que últimamente encontraron refugio en esta zona de tolerancia, que en jueves por la noche se ve abandonada y casi a oscuras. Las puertas de los que hace años fueron sus bares y congales más reputados y que llegaron a tener en una noche de fin de semana más de 200 mujeres, ahora están remachadas con candados.

"A veces los trabajadores no venden ni el sueldo, las mujeres van a tejer, a coser, a hacer manualidades, porque gente no se para aquí", reveló otro día María Luisa Martínez, la dueña del "Tampico".

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"Ya no tiene caso estar aquí oiga. Hemos estado sobreviviendo con lo poquito que nos caía el jueves, viernes y sábado, pero ahora mira, ya no hay nada. Un cementerio se ve bonito en comparación con esto", dice "Chepe", mientras andamos por los caminos llenos de barro de "La Sonaja", como le decían en sus mejores tiempos.

Nos detenemos delante de una "cuartería", o una de esas hileras de cuartos de renta que las mujeres usan ya solo para dormir cuando regresan por la madrugada de trabajar en los bares y table dance que han proliferado por todo Saltillo.

"Ya sólo a dormir vienen aquí, ellas tampoco tienen futuro.", explica "Chepe".

 

En eso me viene a la cabeza el relato que Érika, una sexo servidora a quien la diabetes ya le cobró varias piezas dentales, contó una mañana que vine para conocer su cuarto adornado con globos y peluches, que le regalan sus amigos, y un altar dedicado a la Santa Muerte.

El relato trata sobre otra prostituta que fue asesinada a golpes por un cliente y encontrada dentro de uno de estos cuartos, días después, con el cuerpo putrefacto.

Don Reynaldo Grimaldo González, es el propietario de una de estas cuarterías, "antes no cabía aquí la gente, cuando cerraban a las 7:00 de la mañana iba el borbollón de gente pa abajo y ahorita.

La zona está acabada, mi amigo", dijo otro sábado en la mañana sentado a las afueras del "Tecate", su negocio de cuartos, esperando que cayera algún cliente.

Doña María Antonia, una ex prostituta de 87 años que ahora se dedica a vender cigarros y chicles afuera del table dance "Escenarios" de la zona roja, tenía razón cuando una noche que platicó con SEMANARIO pronunció esta sentencia: "todo se acaba".

Ya no recuerda la fecha en que llegó a trabajar al salón "Caballero" de la zona de tolerancia, sólo que las cosas no estaban como ahora. "Aquí había dinero, había muchos salones y muchas mujeres bonitas y feas y de todo y ahora no, ya se acabó".

 

En aquella época Antonia era una de las mujeres más famosas y asediadas por los hombres, buena pal baile y la tomada, "nomás porque no traigo un retrato, yo no era fea." presume, pero "todo se acaba" y después de retirarse de la prostitución, por insistencia de su abuela, regresó a la zona con una canasta de chicles y cigarros para vender a los escasos clientes del "Escenarios".

"Ya se fueron todas, a mí me dicen que vaya a vender allá abajo, `vámonos pa allá, que está haciendo aquí, allá vende más', me dicen, pero no, yo no voy".

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"Este hace como dos meses que se cerró, es el `Orlando's Bar'. Aquel que se mira allá era un salón de baile, ya está cerrado, se llamaba "El Monterrey".

Y aquí tenemos la `Cueva de la Pantera Rosa' que ahí está, dando sus últimos gritos de auxilio. Al fondo tenemos "La Araña de Oro", ilustra "Chepe".

Más arriba, sobre la calle principal del sector sanitario, se ve el "Trébol 2", el primer salón que introdujo las variedades a la zona roja. Aquellos shows de la vedette que bailaba desnuda y se metía un plátano por la vagina para luego irse al cuarto con el valiente que tuviera los tamaños de comérselo.

"Estaba todo sanito, no había negocios allá abajo más que la pura zona de tolerancia. Había parejas que venían a trabajar, venía un homosexual y una mujer, hacían su show en la pista. La variedad era que se desnudaran las mujeres que se presentaban", contó Juan Manuel Gallegos "Johny", otra noche en que nos invitó a entrar en su negocio donde hace tiempo las variedades se acabaron y la radiola dejó de sonar porque ya no hay nadie que venga y le aviente un veinte.

"¿Que qué estoy haciendo ahorita?, vengo a velar nomás, no hay nada de gente, no hay clientes, porque no hay ni una mujer, todas las mujeres están abajo.", explicó.

 

Mientras pasamos frente a "La Araña de Oro" recuerdo una anécdota que días atrás narró don Patricio Díaz, el dueño de este bar, que en sus años de gloria vio pasar por sus mesas nada menos que al actor de cine Ignacio López Tarso, otros artistas y al conjunto norteño de "El Palomo y el Gorrión".

"Muy bueno para beber tequila, aquí estuvo con Flores Tapia y otros políticos que no conviene mencionar. Yo humildemente les llevé dos botellas de tequila", confesó don Patricio.

Caminamos con "Chepe" por las calles en penumbra de la ciudad sanitaria y sólo se escucha el chasquido de nuestros pies sobre el lodo y los charcos que ha formado la lluvia.

Sobre las fachadas se aprecian los nombres borrosos de los antiguos cabarets, que en el pasado fueron célebres y que ahora lucen ensombrecidos.

"Chepe", dice que esta situación ha puesto en riesgo de perder su trabajo a muchos meseros, cantineros y sexo servidoras de la zona de tolerancia que todavía mantienen hijos estudiando.

"Como ven aquí ya todo feneció, ya no hay esperanzas de nada".

Celeste es una de las 12 bailarinas, de las 25 que hace dos meses trabajaban en "El Huarachazo", allá, cuando a las 8:00 de la noche el salón con pista y tubo estaba que no cabía de hombres. Entonces Celeste llegó a tener 20 clientes por jornada laboral, hoy si bien le va, atiende 3 y se gana unos 500 pesos, cuando antes se llevaba casi 3 mil.

Madre soltera, hace un año que Celeste escapó de las balaceras en antros y tables de Torreón, hoy tiene que anunciarse en los periódicos para ofrecer sus servicios por fuera y completar el gasto que le permita sostener a sus dos hijos.

"Todas las que trabajamos aquí somos madres solteras, pagamos renta, escuela, dejas encargados a tus hijos, para venir a trabajar", narró afuera de los camerinos de "El Huarachazo".

Lo mismo me contó una mañana de sábado a la puerta de su cuarto Teresita de Jesús, otra torreonense, viuda y con dos hijos, que en los últimos 12 años ha visto cómo día con día la zona roja de Saltillo se ha convertido en un pueblo fantasma y ella se ha visto forzada a bajar de la colonia Guerrero a los bares el centro como "El Coliseo" y "El Casinito", para sacar más dinero, solo bailando.

"Sí bajo al centro a bailar un rato y ya llego y un ratito aquí, buscándole", confesó.

El viento trae hasta nosotros los ecos de la música que sale de una radiola. Son las notas de "Escándalo", la cumbia de La Dinamita que sonó por todos los rincones de "La Sonaja" en sus años de gloria.

En una esquina se ven las sombras de unos hombres tumbados en la banqueta y que al pasar cerca de ellos nos saludan. La oscuridad no deja ver sus rostros, pero se adivina que sonríen.

"Mira, aquí hay unos muchachos desempleados que ya nadie quiere porque ¿dónde van a trabajar?", comenta "Chepe".

Y prosigue:

"Ahí están `Las Vegas', ya cerró también, mira las grandes construcciones que hay ahí vacías ¿Qué más le puedo decir? Este es el bar `El Vaivén'". Por aquí fue donde hace más de una década se juntaba una pandilla de homosexuales que asaltaban y golpeaban a los clientes cuando salían de los cabarets en la madrugada camino de su casa.

"Habían dos negocios de jotos, allá arriba, esos acabaron de rematar a la zona, porque los homosexuales veían que había gente, estaban parados en la puerta, veían que venía el hombre pasando y se le iban encima, los bolseaban y los golpeaban, estaban en combinación con la policía, interventores y todo.

"Los policías siempre han robado. Llegabas y con el cuento de que `voltéate pa allá, porque te voy a trasculcar', allá va la cartera y se la pasaba uno al otro, `a ver qué traes, a ver qué escondes'.

Y los jotos a lo descarado te robaban en medio de la calle y si te quejabas te llevaban al bote. Era un desastre, hasta que los quitaron de ahí", contó María Luisa Martínez un mediodía en su casa de la Provivienda.

"¿Siempre ha habido homosexuales en la zona?", le pregunto.

"Había, pero no andaban haciendo tanto desastre, había trabajadores, pero no de cantineros, de cocineros, nada de que haciendo desmadre allá", respondió María Luisa.

 

Echamos a andar con "Chepe" devorados por la oscuridad. Al fondo de la callejuela se escuchan las risas frenéticas de algunas mujeres seguramente ex ficheras, que no distinguen en la espesura de la noche, pero parece que ya no son muy jóvenes. "¿Mujeres? Ya no hay, sólo quedan algunas, esas que están ahí, pero son viciosas", recuerdo que dijo una de esas noches el dueño de un popular cabaret de "La Sonaja".

La cumbia de "Escándalo" no ha parado de sonar y parece que viene de la radiola del "Escenarios", el table de "Chepe", donde la radiola toca para nadie frente la pista vacía de vedettes y los barman aburriéndose parados en la puerta, esperando a los clientes, que esta noche, al parecer, tampoco llegaron.

"Aquí está otro salón cerrado, el `Súper Star', este es el `Clave Azul', ese es `El Palacio'. ¿Los más famosos?, eran `El Cueros', `Cariñosas', que está cerrado también, `Muñequitas'. El único que ha sobrevivido es el `Escenarios', pero si lo va a ver ahorita está vacío".

El viento sigue rugiendo a nuestra espalda: "Y tenemos el Bar Tampico que ha sobrevivido también. Este antes era `El Huarachazo', ahora es `La Pachanga', pero mire, e stá cerrado. Eso quiere decir que esto nos está dejando muy poco. Ahí está `El Clímax', que ya está cerrado también", explica "Chepe".

Allá más soledad, vecindades enteras de cuartos solos y salones de entradas tapiadas con block.

"Y de mujeres no hay nada, pero váyase al centro, allá está el mero fuerte", critica Chepe al terminar el recorrido en la puerta de la zona, rumbo a la demarcación de policía y el consultorio médico que, lo mismo que la mayoría de los cabarets, está cerrado.

Afuera se ve el estacionamiento, pelón de automóviles y gente.

"Por allá ya pasaron y vieron la soledad que hay aquí", dice "Chepe" y luego lo vemos perderse en las tinieblas de la zona roja.

V

Es una tarde de sábado como a las 5:30 en el "Tampico".

Algunos de los propietarios de los bares y salones que aún quedan abiertos en la zona de tolerancia, unos ocho de los más de 40 que existían, se han reunido para discutir el asunto de la decadencia de ciudad sanitaria, luego de la proliferación de giros negros en el área urbana de Saltillo, donde se ejerce la prostitución clandestina, y el decreto del nuevo horario que obliga a los antros y bares a cerrar sus puertas a las 2:00 de la madrugada, acción que, según los dueños de estos negocios, vino a dar el tiro de gracia a la zona roja.

 

Apenas y se puede creer que hace años un sábado como este, a las 5:30 de la tarde "El Tampico", estuvo abarrotado de hombres de todas las clases que venían a tomar cerveza, comer botana, bailar y pasar el rato con las mujeres que fichaban aquí.

Ahora no quedan más que más que sillas y mesas vacías y al fondo una radiola que ya no toca.

"Ahorita lo que nos interesa es eso, subir a las mujeres para arriba (sic), y si logramos sacar lo del horario, que bueno", advierte uno de los asistentes, "sí porque la zona de tolerancia es pura pantalla nomás, ahorita todo Saltillo es zona y si la zona de tolerancia es una pantalla, que la quiten", lo secunda otra mujer.

Se han acomodado todos en medio círculo frente a la barra del "Tampico", donde hace mucho que no se para un solo parroquiano, ya no hay ficheras ni hay cantineros.

Los dueños de cabarets insisten en el tema del horario de cierre de los bares:

"Si tan exigente fuera (el alcalde Jericó Abramo Masso), todos los congales, todos los negocios de allá abajo que están cerca de las iglesias, de las escuelas. ya los hubiera quitado, porque no nomás es en el centro, sino alrededor de todas las colonias, donde quiera hay negocios con mujeres prostituyéndose", recrimina una cantinera, "este es un mal necesario, que él (Jericó), no sea `congalero' o no sea borracho, no quiere decir que los demás no lo sean", continúa otra dama.

Luego sacan a colación la falta de control sanitario que, aseguran, impera en los ladys bar y los table que funcionan en los diferentes corredores de la ciudad.

"Si entra una enfermedad o una epidemia, ¿qué van a decir?, ¿de dónde salió?, de la zona de tolerancia, los horarios no los van a cambiar nomás porque nosotros digamos, una minoría de gente aquí. Lo que nosotros debemos de pelear son las mujeres. En qué se basan los demás negocios para fomentar la prostitución", arremete otro de los asistentes a la junta.

Pero hace más de tres meses que los dueños y arrendatarios de estos negocios pidieron una audiencia con Abramo Masso, que hasta el momento no los ha recibido y eso los tiene enojados.

"No nos vamos a esperar toda la vida, a ver cuándo, ya les mandamos escritos. ¿Cuándo nos va a resolver?, ¿para la otra vida?, de que nos maten de hambre poco a poco, pos que nos mate de una vez.

Ya con el horario a la zona le dio el tiro de gracia, nomás que suban a las mujeres. El punto principal es que la prostitución esté, donde debe de estar", alega la propietaria de uno de los cabarets más populares en la zona roja, "ellos lo saben nomás que se hacen güeyes", la sigue un cantinero.

Casi al final de cónclave sale a relucir lo de los robos a los parroquianos por parte de los policías que cuidan la zona, los interventores, que por cierto hace tiempo que no van, y las prostitutas.

"A los clientes también hay que cuidarlos, porque si permitimos que los roben.", propone una de las mujeres, "eso fue también lo que nos acabó.", la apoya otra.

Oscureciendo concluye la reunión, los dueños de los bares y restoranes del sector sanitario han acordado que si las autoridades no responden a sus peticiones se harán presentes en el Ayuntamiento local para protestar en montón "con mujeres y todo".

VI

Otra noche lluviosa de un viernes SEMANARIO está de vuelta en la zona. Está vez el barrio, enclavado en los límites de la colonia Guerrero, se ve más desolado y algunos de los bares que habíamos recorrido con "Chepe", lucen ya oscuros y con candados en sus puertas.

"Un cementerio se ve bonito en comparación de esto", parece que oigo la voz de "Chepe".

 

Cronología del placer

En principio la zona roja estuvo ubicada en el centro de Saltillo, sobre la calle de Terán, hoy Dionisio García Fuentes

En 1965 cambió su sede a un lugar conocido como "El Triste", que entonces era huerta y en el que años más tarde se asentó la colonia González

Hacia 1976 los propietarios de los cabarets recibieron la orden gubernamental de trasladarse a unos terrenos ubicados en los límites de la entonces naciente colonia Vicente Guerrero, al suroriente de la ciudad, donde actualmente opera.

Se acabó la fiesta.. ¿qué? ¿qué?

De acuerdo con el último corte efectuado el 18 de octubre de 2011 por la Dirección de Salud Pública Municipal, se sabe que estaban trabajando en los diferentes bares y cabarets: 110 mujeres, 15 homosexuales.

En picada

Según la misma dependencia hasta hace 12 días en la zona de tolerancia funcionaban: 25 bares