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Se ahorca un albañil deprimido
Atormentado por los problemas familiares, un albañil le puso fin a su vida y se ahorcó en la recámara de su casa ubicada en la colonia Ricardo Flores Magón, al sur de Saltillo, y no dejó recado póstumo
Fuente:
lunes, 09 de julio del 2012
Luto. Los familiares de Roberto Alvarado vivieron una amarga pesadilla. Foto: Vanguardia- Juan Francisco Valdés.
Saltillo, Coahuila.- Los hechos sucedieron aproximadamente a las 06:30 horas de ayer, en la vivienda marcada con el 631, sobre la calle Partido Liberal Mexicano, a unos 100 metros de la calzada Antonio Narro, hasta donde acudió personal de la Procuraduría General de Justicia (PGR) a dar fe.
Informes recabados por detectives del cuarto grupo de homicidios, revelaron que Roberto Alvarado Vélez laboraba como albañil en Monterrey, en una constructora, y el sábado 7 de julio aprovechó para descansar.
Arribó a esta capital con la única ilusión de ver a sus dos hijos, de 6 y 7 años de edad, porque lleva un mes de separado de su esposa Juana María.
Se sintió deprimido por que no le permitieron ver a sus niños. Se fue a la casa de su papá, Benjamín Alvarado Bautista, para contarle sus penas, acompañado de unas cervezas, pero todo terminó en una desgracia.
Por la noche Roberto Alvarado se encerró en su recámara con la esperanza de tranquilizarse, pero de nada le sirvió hacerlo porque sólo planeó su muerte.
Por la mañana Don Benjamín despertó para ir a comprar menudo y fue a buscar a su hijo, pero al abrir la puerta lo descubrió con horror ahorcado a la reja de la ventana, atado con una sábana.
Pese a los intentos de los paramédicos, nada pudieron hacer.
Informes recabados por detectives del cuarto grupo de homicidios, revelaron que Roberto Alvarado Vélez laboraba como albañil en Monterrey, en una constructora, y el sábado 7 de julio aprovechó para descansar.
Arribó a esta capital con la única ilusión de ver a sus dos hijos, de 6 y 7 años de edad, porque lleva un mes de separado de su esposa Juana María.
Se sintió deprimido por que no le permitieron ver a sus niños. Se fue a la casa de su papá, Benjamín Alvarado Bautista, para contarle sus penas, acompañado de unas cervezas, pero todo terminó en una desgracia.
Por la noche Roberto Alvarado se encerró en su recámara con la esperanza de tranquilizarse, pero de nada le sirvió hacerlo porque sólo planeó su muerte.
Por la mañana Don Benjamín despertó para ir a comprar menudo y fue a buscar a su hijo, pero al abrir la puerta lo descubrió con horror ahorcado a la reja de la ventana, atado con una sábana.
Pese a los intentos de los paramédicos, nada pudieron hacer.
