Robinson Crusoe, en el mundo mágico de Walter Tournier

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    Este gran proyecto sobre la vida del escocés Alexander Selkirk, el personaje real que inspiró la novela de Daniel Defoe, es una co- producción entre Uruguay, Argentina y Chile.

    Montevideo, Uruguay.- En el número 2038 de la calle La Paz, en Montevideo, entre luces y sombras, detrás de cortinajes negros se trama una conspiración de imaginación y creatividad. En el estudio de cine de animación de Walter Tournier, desde hace seis meses un equipo de más de 20 personas trabaja en la creación del largometraje "Selkirk", la verdadera historia de Robinson Crusoe.

    Un largo pasillo desde la entrada de la casa hasta la parte de atrás exhibe en sus muros el storyboard -guión dibujado- del largometraje, con centenares de imágenes que representan las secuencias, algunas ya filmadas como atestiguan las fotos, y otras en proceso, todavía en dibujos en blanco y negro. Poco a poco el color invade el muro, señal de que los personajes cobran vida y la película avanza.

    Este gran proyecto sobre la vida del escocés Alexander Selkirk, el personaje real que inspiró la novela de Daniel Defoe, es una co- producción entre Uruguay, Argentina y Chile. El equipo de Tournier en Montevideo hace el trabajo principal de animación con el sistema stop-motion (con muñecos de silicona), mientras que en Santiago de Chile se crearán digitalmente los paisajes y efectos especiales, y en Buenos Aires se hará la etapa final de postproducción.

    La juventud del equipo formado por el veterano cineasta uruguayo es una de las apuestas principales del proyecto: "La idea es que ellos nos remplacen, que ellos sigan con el trabajo de animación", dice Walter Tournier, quien tiene más de cuatro décadas en el oficio y ha realizado cortos de animación como "Nuestro pequeño paraíso", que fue seleccionado en el Festival Internacional de Annecy, en Francia, como uno de los 84 mejores films animados del cine mundial.

    Muchos de esos jóvenes participaron en diferentes épocas en los talleres de capacitación impartidos por Tournier y hoy son el sustento creativo de la producción del largometraje. Trabajan con entusiasmo en tareas que tienen un gran componente lúdico además de creativo, guiados por Walter Tournier y Laura Severi, directora de arte.

    Andrea Borrazas se especializa por ejemplo en reproducir en pequeña escala las armas de los piratas, las espadas, los mosquetes, las pistolas, mientras Daniela Beracochea fabrica los marcos de las fotografías y los adornos que exhibirán los camarotes del barco pirata, Pablo da Silva y Javier Tournier construyen las maquetas y Andrea Peveroni cose los trajes de época.

    Lo que más impresiona en el estudio de animación de Walter Tournier es el detalle y la perfección con que se trabaja. El rostro de cada personaje es modelado varias veces en látex y silicona cuidando incluso detalles microscópicos, y descartando las piezas con impurezas. Debajo de la mesa de trabajo hay una "caja de cadáveres", donde van cayendo las caras que no salieron bien o que se rompieron al despegarlas de su molde.

    A medio día todo el equipo hace un alto y comparte la comida que en una gran olla ha cocinado Susana Buenaventura. Sentados alrededor de una larga sucesión de mesas de plástico conversan animadamente, se gastan bromas y celebran el cumpleaños de alguien: "Siempre hay algún cumpleaños, somos tantos" comenta Tournier. El ambiente es jovial, el de una gran familia en la que Tournier es un patriarca cercano, accesible, sencillo.

    Detrás de los pesados cortinajes negros, en habitaciones sucesivas de la casa adaptada como estudio de animación, se han construido cuatro sets dotados con cámaras y computadoras, con los principales escenarios en miniatura, donde los personajes cobran vida: el comedor de la tripulación, el camarote del capitán y la cubierta del barco pirata, la playa del archipiélago Juan Fernández en la que fue abandonado Selkirk durante cuatro años, o la taberna de los piratas.

    Aquí se hace la magia, se logran movimientos que parecen imposibles de realizar. Cuatro piratas en torno a una mesa brindan con sus jarros de cerveza: en la animación que realiza Juan Andrés Fontán -el "segundo de abordo" según Tournier- la cerveza salpica sobre la mesa cuando chocan los jarros. Ese efecto fue logrado con el uso de pequeños pedazos de celofán amarillo, y todo ello mientras había que mover los rostros, los brazos y los cuerpos de los cuatro piratas.

    En otra escena una moneda es lanzada al aire: el plano desde arriba muestra cómo la moneda al subir se agranda mientras gira sobre sí misma. ¿Cómo lograron este efecto? La moneda venía unida a un pedazo de alambre que la giraba y que luego fue borrado electrónicamente.

    Muchos detalles constituyen proezas del cine de animación: un cuchillo que atraviesa el aire, un loro que vuela, el reflejo de una playa en el lente de un minúsculo catalejo, la bandera pirata que flamea al viento, las chispas de las espadas que entrechocan, una lágrima que cae, o el barco pirata montado sobre encrespadas olas del mar. Todo aquí es movimiento, todo tiene profundidad y espesor.

    Estamos lejos del cine de animación del mínimo esfuerzo a que nos ha acostumbrado la televisión con sus imágenes planas, los fondos de escenografía fijos, los personajes con poco movimiento y sin profundidad, hechos de dibujos torpes y burdos como los de "South Park", cuyo éxito parece estar basado solamente en los textos con palabrotas, una suerte de masoquismo intelectual.

    En "Selkirk" el uso de los efectos generados digitalmente es mínimo se reduce a los efectos especiales y a los paisajes que se harán en Chile. Todo lo demás es obra de las manos artesanas que dan vida a personajes que no miden más de 20 centímetros de estatura.

    La perfección es tal, que las bocas de los personajes se abren y se cierran mientras hablan, en sincronía con las palabras grabadas por los actores que hicieron el doblaje. "La complejidad es mayor cuanto más personajes hay. Lo más difícil es un buen sincronismo labial", explica Tournier.

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