Fotos: Especial
Ricardo Mendoza
La trágica vida del mayor del mundo con 48.2 cm. Quiere el Récord Guinness, ser pornstar y demandar al sistema penitenciario de EU. Afirma encontrar la fórmula mágica para hacer crecer el miembro
El Centauro

Saltillo, Coahuila, México,  Mítica criatura rompe con el desértico paisaje en este páramo del noreste mexicano. Es 6 de febrero del año 2015. Camina entre la multitud, pero parece que nadie lo viera, ni siquiera porque desde hace cuatro años ha tocado las puertas de los medios de comunicación de la ciudad para solicitar ayuda. Por lo menos ser exhibido ante todo el mundo.

Roberto Esquivel Cabrera, este centauro, implora por dejar de ser invisible. Cintura abajo, la parte equina de su ser está a la vista; imposible no percatarse.

"Pos desde hace como cuatro años pido ayuda a todos los corresponsales de aquí --se refiere a los periodistas de prensa escrita, radio, televisión e internet--, pero ni siquiera voltean a verme; me dicen que venga luego. Vengo luego y tampoco me checan para comprobar que digo la verdad, nomás me vuelven a decir: Vente luego."

"Les digo que estoy dispuesto a que me tomen fotos, me graben de televisión y todo eso, pero nadie me hace caso, se hacen como que no ven lo que ven, lo que tienen enfrente".

Es saltillense, vive en la pobreza y sueña con ser pornstar, pero a diferencia de cualquier persona que comparte sus aspiraciones, El Centauro afirma poseer la llave mágica para lograr su sueño: la herramienta más grande del mundo para triunfar en el cine para adultos.

Fálica fijación en casi cualquier cultura, en todos los tiempos, la grandeza de la entrepierna suele ser uno de los más codiciados dones a los que se aspira. Siendo así que tener el más grande de la historia, nunca en 54 años haber consumado plenamente la intimidad con otra persona y vivir aislado del mundo, debe ser perturbador para la mente, para las emociones.

Él ha tenido que cargar con esa cruz toda su vida y lo seguirá haciendo, pues piensa que lo puede llevar a ser una estrella del cine y ganar millones de dólares.

Presume y muestra lo que podría ser el más grande del mundo, con sus 48.2 centímetros, muy lejos de los 34 del estadounidense Jonah Falcon que es el más largo que se conoce. El sueño de muchos hombres de tener el más grande a él lo ha condenado a la discapacidad, la soledad, el abandono y la miseria.

Y quien piense que una vida cargando esa grandeza entre las rodillas automáticamente lo llevaría a un mundo de felicidad permanente, de mujeres y hombres, multitudes, haciendo fila para gozar de una alucinante experiencia, está totalmente equivocado, al menos con Roberto, o es lo que él dice.

"Nunca he tenido novia, ni pareja ni nada de eso chingao, ni un besito me han dado. Me gustan las mujeres, pero nunca tuve una, ni de chavillo, menos ahora con esto", asegura mientras sus manos se afanan a la carga de gran envergadura, la mayor en la historia si es que los exámenes clínicos lo confirman, porque hasta el 16 de agosto del 2015, luego de tres revisiones médicas a las que lo hemos acompañado, aún no hay diagnóstico que confirme al 100 por ciento que se trata de su cuerpo y que esté en completo funcionamiento fisiológico y sexual.

Roberto asegura que en ambos aspectos es funcional, aunque en el segundo siempre es en solitario pues no hay persona que aguante, y reta a algún voluntaria o voluntario a comprobarlo, todo ante las cámaras.

Él mismo impide que se practique la valoración clínica determinante, pese a que suplica ayuda porque quiere ser declarado discapacitado; apoyo legal para demandar al sistema penitenciario de Estados Unidos por abuso sexual, y convertirse en una estrella mundial de cine.

"Quiero hacer una película. No que me paguen un contrato, más bien comprar yo todo el equipo, hacerla yo mismo en varios idiomas y distribuirla en muchos países ¡Imagínate, nomás en China hay más de mil millones de personas!"

"Ya con ese dinero pos hasta novia consigo, pero si no, pos con inseminación artificial puedo tener un hijo. Alguien que sí me quiera."

Implora por ayuda, pero al mismo tiempo su conducta deja sospechas que pueda ser un estafador, un vividor, como dijo un psiquiatra que lo atendió. Esta es su historia.

Tiempos de El Centauro

+ Nace el 7 de junio de 1961

+ Termina la primaria en junio de 1974

+ Abandona la secundaria en junio de 1976. Dice que para entonces le medía ya 20 cm

+ Va a Estados Unidos en junio de 1981. A partir de entonces comienza el crecimiento extraordinario

+ Para 1987 alcanza las dimensiones que ahora tiene de 48.2 cm

+ En Seattle, Estados Unidos, en 1990 tiene su primera y única intimidad completa con otra persona

+ En 1991 es encarcelado por delito sexual, en Seattle. Es liberado ese mismo año

+ En 2003 cae por asalto a una lavandería, además se le imputan delitos sexuales pendientes y es condenado a 11 años de prisión

+ En 2011 es preliberado y deportado a México. Regresa a Saltillo

2015

+ 6 de febrero.- Llega por primera vez a VANGUARDIA. Se realiza la medición y se le practica la primera evaluación médica

+ 13 de febrero.- Segunda evaluación médica en clínica

+ 16 de junio.- Consulta en el CESAME

+ 23 de junio.- Entrevista con su familia

+ 17 de agosto.- Resultados de la tomografía en tercera dimensión



Esta es la radiografía de Roberto Ezquivel

POBREZA ENTRE LAS PIERNAS

El Centauro se aferra a la nada mítica condición que lo mantiene en el abandono, la pobreza y el rechazo. ¡Y pensar que no necesita un toque mágico, sólo aceptar lo que la ciencia le ofrece! O en otro caso, dejar de lado lo que podría ser un gran montaje.

Su genital anatomía de 48.2 cm lo llevaría a ser el hombre más grande del mundo.

Pide ayuda, pero los últimos cinco meses se ha negado a exámenes médicos concluyentes que acabarían con todas las dudas que hay sobre él, lo que genera más sospechas.

Queda claro que aunque sea auténtico o un truco lo que vemos, las penurias en su vida por las que suplica ser rescatado son por su elección, literalmente por mano propia.

"Sí pos la gente me ve y muchos se ríen, a muchos como que les da vergüenza o pena o qué sé yo. Algunos niños o niñas pos hasta como un monstruo me ven. No puedo ir a ningún lugar público ni siquiera a casa de mi familia, bueno sólo con mi mamá de vez en cuando".

"Nadie me da trabajo; he ido a muchas clínicas, centros de salud y hospitales y hasta como que les da pena a las doctoras, doctores y enfermeras. Algunos me han atendido una vez, pero pos ven y luego ya no me vuelven a atender, nomás me dan medicamento y eso; igual con los apoyos de gobierno, me los dan y ya, sin revisarme ni nada".

Dos médicos, uno en Carolina del Sur, Estados Unidos, y otro de Saltillo, le han recomendado cirugías para aspirar a una vida más cercana a la normalidad. De eso ni hablar, dice tajante.

Criatura solitaria.- "Aquí en La Landín (una populosa y antigua colonia al surponiente de Saltillo) vivimos muchos años mis hermanos, mis sobrinos, toda mi familia, pero pos nunca los veo. No tengo amigos, nunca he tenido".

"Cuando estoy con mi familia, aunque desde siempre me conocen, no puedo convivir porque los niños, las niñas, las hijas de mis hermanos les preguntan: ¿Y qué trae allí? se quedan viendo y pos mejor no estoy".

Hablar con El Centauro, quien nació el 7 de junio de 1961 a las 14:00 horas en Saltillo --como lo muestra su acta de nacimiento-- implica un choque emocional, de perspectivas, único: te atrapa el morbo, el sentido del humor que esconde cierta envidia inicial mezclada con pena y algún tipo de vergüenza.

Da detalles de su vida que nadie además de él puede corroborar, ni siquiera dos de sus seres más cercanos: su madre y su hermano.

Dice haber cursado la primaria en la escuela Melchor Ocampo, donde terminó sus estudios en 1974. Reprobó el quinto grado. Para entonces le medía casi 20 cm y por mucho superaba los 13 cm que promedia el hombre adulto.

"Nunca me llevaron al hospital ni nada de eso que me acuerde. De niño casi nunca me enfermé, aunque siempre fui solo. Ya de más grande, como a los 13 años, las chavillas me buscaban para se los enseñara. Jajaja, nomás lo veían y gritaban, reían y corrían".

Siguió la secundaria en la escuela Nazario Ortiz, también en el mismo sector, donde llegó sólo hasta el segundo grado y abandonó estudios en 1976.

"Los chavos y las chavas no eran tan curiosos, vaya, sí se me veía por encima de la ropa, pero no me preguntaban mucho; bueno, nomás el conserje de la escuela, jajaja, él fue el único que me pidió que se la enseñara, que qué tan grande estaba".

En la plática del 6 de febrero del 2015, como la mayoría de las personas especialistas en divagar durante una conversación comprometedora, El Centauro da saltos –-algunos sospechosamente incoherentes-- y se traslada al tiempo en que dice haber vivido en Estados Unidos, cuando ya joven fue a trabajar.

Dice que al salir de la secundaria le medía más de 20 cm, cuando a los 15 años dejó los estudios y se puso a trabajar en distintas empresas, en las automotrices, donde pese a los múltiples exámenes clínicos a que fue sometido, su entrepierna nunca fue objeto de conversación ni impedimento para laborar. Fueron cinco años así hasta que a los 20 años decidió ir a Estados Unidos, allá por 1981.

Fue precisamente en esa siguiente década (los 80s) que repentinamente le empezó a crecer de manera desproporcionada y en cuestión de unos seis años, recuerda, ya le medía lo que actualmente calza.

En Seattle, en 1990 habría tenido lo que fue su primera y hasta ahora única relación íntima con otra persona. Tomaba solitario en un bar cuando una mujer de ésas que trabajan ahí por dinero se sentó a su mesa llevada por una conocida de él. Tomaron un par de cervezas y luego ella le dijo que si quería compañía. Se fueron a la habitación con la amiga como testigo vouyerista.

"Nos fuimos al cuarto y pos ya. Ella ni veía ni nada, estaba tirada muy borracha, entonces pos yo aproveché y pos la mitad nomás. Es la única vez que terminé en una chava o con alguien. Ella era una india".

"Luego me metieron a la cárcel en Estados Unidos porque dos chavillas gringas me pidieron que les enseñara; estaban tercas, eran menores de edad, ¿pero yo cómo iba a saber?, si estaban bien cuerpuditas. Lo enseñé y comenzaron a gritar y la Policía me detuvo, me acusaron de intento de violación y me metieron al bote varios meses".

Tras quedar libre ese mismo 1991 se fue a vivir a Tampa, Florida, donde trabajó en varias empresas en el área de limpieza y 12 años después volvió a ser arrestado: en el 2003 cae acusado de asalto a una lavandería.

"Era un delito menor, pero luego me salieron con que había cosas pendientes de aquellas muchachillas que me acusaban de agresión sexual agravada en 1991. Total me dieron una condena de 11 años".

En web hay antecedentes penales suyos en Estados Unidos, pero nadie puede confirmar si lo que nos está contando es verdad sobre sus 30 años de vida en suelo estadounidense.

El Centauro no puede sujetarse a una conversación vertical, zigzaguea confusamente en tiempos y lugares y evade los intentos por trazar una línea de tiempo directa.

Sólo cumplió ocho años en esa prisión, pues demandó al sistema penitenciario estadounidense, dice orgulloso.

"En la pinta (penitenciaría) siempre me pedían que lo mostrara. Hacían apuestas y competencias; llegaban negros a mi celda y nos medían. Por eso es que quiero que se publique mi caso, porque quiero que un abogado me ayude para demandar a las autoridades de ese penal de Estados Unidos porque me exhibieron como un monstruo, como un animal todos esos años. Iban y me tomaban fotos".

"Nunca hubo alguien que me ganara, nunca hubo alguien que lo tuviera más grande. Entonces los demandé y los quiero volver a demandar por acoso sexual y discriminación, porque aquella vez nomás me dejaron libre, pero no me indemnizaron ni nada".

Tras cumplir esos ocho años de condena, ya en el 2011 regresó a Saltillo.

Sobrevive de trabajos ocasionales, de recolección de materiales de deshecho y de escasa ayuda gubernamental.

Verlo caminar es lastimoso: su cuerpo de 1.66 mts de estatura es un péndulo, una implacable barrera a la vida común. En momentos hasta pareciera que este bamboleo es artificial o por lo menos exagerado.

"Quiero que me declaren discapacitado porque no puedo trabajar casi en nada porque nadie me contrata".

Hablar con El Centauro remueve prejuicios, expone una explicable y sórdida incomodidad y parece ofender al pudor. Eso, afirma él mismo, le ha impedido acceder a los apoyos sociales básicos y a la más elemental valoración clínica.

Dice que desde hace cuatro años ha desfilado por todo tipo de oficinas de asistencia social y de salud pública. Es poco el personal médico que accede a hacerle una inspección ocular y ni hablar de una auscultación, recrimina.

Comenta que ha tenido que amenazar a las autoridades para recibir los apoyos, las becas. Les dice que acudirá ante los medios de comunicación y finalmente recibe los apoyos sin que le hagan estudio de validación de por medio, mucho menos una valoración clínica, pese a que constantemente acude a los centros de salud para recibir medicamento para laceraciones y otro tipo de heridas superficiales.

Habla mientras –sentado-- eso, como él lo nombra, sobresale de las rodillas llegando a medio tobillo, por lo que trae ropa adaptada por sí mismo: pantalones de broche o botones, todos bastante amplios.

Desde hace 30 años no va a la iglesia.

"Ni eso puedo, no puedo arrodillarme, entonces mejor no voy ¿Al cine? No pos desde hace como 30 años que no voy al cine, pero me gustan mucho las películas y las veo en la tele. No voy a lugares públicos".

Intriga, desconcierta y perturba: su desprotegida personalidad desaparece de golpe cuando en el segundo examen médico al que es sometido se niega a una prueba que sería concluyente, y tras minutos de insistencia termina la conversación con una voz inflexible que hace suponer que es otra persona, alguien picudo y dueño total de la situación: "Ni modo brother, aquí ya nada se hace, entonces mejor vámonos".

Dice que es feliz, que lo que piense todo el mundo de él, es problema de todo el mundo.

Con cada plática se acentúa esa personalidad dual. Aunque por breves segundos, pero deja la impresión de ser alguien que calcula cada palabra; que sus comentarios a la deriva son una estrategia para apartar las conversiones de dónde no le conviene; que ese ropaje de desprotección es más bien el uniforme para continuar con un estilo de vida ceñido a apoyos, regalos y recursos que su gigante anatomía le puede proporcionar y que hasta ahora sólo le alcanzan para sobrevivir en la pobreza y la soledad.

Por mano propia.- La tarde del 6 de febrero, cuando lo conocimos, El Centauro se descubre a medias, pues la mayor parte queda envuelta en unas vendas y telas elásticas adaptadas como una especie de soporte. Tanto el inicio como la punta están al descubierto y se lleva a cabo la toma de medidas que documentamos con fotos y video.

Descomunal resultado: Longitud de 45.7 cm; circunferencia del glande, 25 cm. Nada parecido a lo conocido hasta ahora, al menos en los registros. Una tomografía en tercera dimensión posterior daría mayor longitud.

No corresponde al común de los hombres, con las variaciones entendidas de raza y características personales. La entrepierna de Roberto es más bien a un centauro, su parte animal, y no hablamos sólo del tamaño, sino de la apariencia.

Y ese hedor, a veces apenas perceptible, a veces penetrante, pero permanente.

Bueno, ahora quítate el soporte (que cubre el 90 por ciento), por favor --se le pide--.

"No, nada de eso", contesta sin dar oportunidad a negociación alguna.

Nada lo hará cambiar de opinión, ni aún la insistente advertencia de que no publicaremos así, pues impide confirmar que lo que vemos es auténtico y no producto de un truco, como extensiones.

"Estas vendas son un sostén que lo mantienen firme todo el tiempo, si no, se vuelve aguado (flácido) y delgado, y luego batallo mucho para que vuelva a estar así, firme".

A cambio de no quitarse el soporte, que podrían ocultar cualquier cosa imaginable, ofrece que se le aplique todo tipo de examen como radiografías, ultrasonidos, auscultaciones, cualquiera.

Horas más tarde, un médico realiza la exploración a medias, pues es en la casa de El Centauro: No puedo hacer una revisión aquí, en un domicilio; para que sea algo serio tiene que ser en un consultorio y que el señor se quite las vendas, vaya, no puedo decirte qué es lo que veo. Aparenta ser, pero cubierto al 90 por ciento por gasas, vendas y otro tipo de telas quedan libres a la vista la base y la punta, que no tiene un aspecto similar al promedio de los hombres; hay aspectos que no corresponden a uno agigantado por condiciones específicas bastante documentadas en la medicina, explica.

Segunda opinión.- Un reconocido urólogo se ofrece a ayudarnos en la valoración una semana después en una clínica al sur de Saltillo. El hombre que dice tener el más grande de la historia llega puntual a la cita y dispuesto a cualquier examen, siempre que las vendas sigan cubriendo el 90 por ciento. El resultado es el mismo.

A principios de marzo, El Centauro vuelve a ir a la Redacción y hace una oferta: A cambio de no quitarse las vendas propone que una persona que no pese más de 65 kilos se cuelgue totalmente de él frente a las cámaras. Lo pensaremos.

El 15 de junio volvemos a buscar a Roberto, sobre todo luego de ver que en su cuenta de Facebook tiene una invitación abierta a la mujer que desee colaborar para hacer una sesión fotográfica en la que la chica quedará suspendida en el aire.

La cuenta en la red social fue abierta por un conocido suyo, quien la activó para ayudarlo a conseguir clientes, pues resulta que a partir del 2014, El Centauro decidió sacar provecho y empezó a ofrecer una experiencia íntima fantástica.

Así, destapa un Saltillo no muy conocido. Afirma que aunque pocos responden a la publicidad, ha tenido algunos clientes.

"La mayoría han sido gays que vienen o me llevan a algún lugar; muchos van dispuestos a todo, pero ya cuando lo ven pos a unos les da risa, a otros miedo, otros pos hasta se asustan, pero el caso es que ninguno se anima al servicio completo y mejor sólo miran, algunos tocan, pero muy leve; son pocos. A ellos les cobro 100 pesos".

He estado con parejas, gente que sí las puede (económicamente), pero ya cuando las señoras me ven, se rajan. Jajaja, pos ya nomás miran.

GRAN PROBLEMA

La mañana 16 de junio lo acompañamos a una consulta en el Centro de Salud Mental del Estado de Coahuila (CESAME). Explica confusamente que acudió ahí porque le negaron la entrada a clases de computación que ofrece una empresa telefónica en un centro de ayuda comunitaria al sur de Saltillo, pues le exigieron un certificado de salud.

"Vine hace como un mes y me atendió un doctor que me dio pastillas que para la mente es que yo le dije que trabajando la mente, con dedicación, constancia y mucho trabajo uno puede lograr poderes, milagros, como anticipar cosas del futuro y una súper fuerza".

Por vez primera desde que hemos hablado sus incoherencias rozan las fronteras de la cordura de manera tan evidente.

"Yo creo que ese doctor pensó: Éste está loco, jajaja, entonces me dio esas pastillas para la mente y pos yo ni las surtí; no me las iba a tomar aunque me las regalara, yo no tengo nada en el cabeza, sólo quiero aprender computación para meterme a mi cuenta de Facebook, poner más fotos y otro teléfono. Es que el amigo que me ayudó se quedó con las claves y como estoy bronqueado con él ya no puedo hacer nada".

El psiquiatra David Salazar, especialista del CESAME, lo recibe en su consultorio como procedimiento rutinario, nada especial. Empieza el interrogatorio, primero aclarando que la cita anterior, hace un mes, fue atendido por un médico residente.

Tras escuchar que el asunto se trata de una solicitud para un certificado de salud, el doctor Salazar se detiene al revisar el informe del residente: "Oiga Roberto, es que aquí me dicen que le recetaron unas pastillas ¿Se las tomó?"

"Sí", contesta El Centauro con un tono que lo delata aún ante quien no lo conoce.

Luego de 15 minutos de entrevista clínica, llega al gran asunto: "Mire doctor, lo que pasa es que yo no me siento bien con la gente, no puedo estar con nadie, ni con mi misma familia; me rechazan por mi problema.

-"¿A qué se refiere con eso? ¿Cuál es ese problema?", pregunta el psiquiatra.

Pues a que lo tengo fuera de lo común, es demasiado grande, dice mientras mira hacia su cintura.

¿Cómo? O sea ¿qué tan grande puede ser su problema que no puede convivir ni con su familia?. Hasta este momento, el doctor Salazar estaba de su lado del escritorio y no había forma que visualizara a Roberto de la cintura para abajo.

Doctor, mejor cierre la puerta para que se dé cuenta del tamaño del problema -–intervengo por primera vez, ya que hasta el momento me mantenía callado en un rincón del consultorio--.

El Centauro se descubre y a partir de ese momento comienza lo que él mismo cataloga como la mejor consulta médica de su vida. El doctor Salazar integra de inmediato un equipo de especialistas.

El equipo de CESAME inicia un extenso interrogatorio acompañado de una auscultación. El médico general Adrián Ayala concluye: "Obviamente sin que el señor se quite las vendas no puede haber un diagnóstico serio concluyente para abrir expediente, pero en este momento sí puedo decir que hay un 95 por ciento de certeza de que lo que vemos es real y su cuerpo. Tiene la misma temperatura corporal y la irrigación sanguínea corresponde; yo descartaría que fuera una extensión o prótesis".

De entrada, hay un cruce de ideas entre el equipo clínico, algunas que concuerdan con lo que la Redacción de VANGUARDIA concluyó en base al sentido común, no pocas veces acertado: de acuerdo con lo que el mismo paciente refiere, le deberá medir unos 25 centímetros; el resto corresponderían a un exceso de piel anormal (podría ser algún tipo de tumoración). Usa las vendas para mantener firme ese exceso, alterando la circulación normal de la sangre y provocando un alarmante riesgo a la salud, lo que preocupa al equipo médico ¡Y ese hedor!

Estas hipótesis --sin mayor argumento que los dichos por el paciente, lo que al ojo se aprecia y las aportaciones que hicieron en febrero los dos médicos (uno general y un urólogo) y las de este grupo del CESAME-- implicarían que Roberto, consciente de esto o no, ha transformado su cuerpo a partir del agrandamiento anormal, usando las vendas, gasas elásticas y otro tipo de cubiertas para darle forma al exceso de piel que lo aleja de la humanidad.

El equipo del doctor Salazar, conformado además de Ayala por los psiquiatras residentes Ana Bayona Mendoza e Israel Aguirre, está ocupado desde el principio en evaluar tanto su salud física como la mental. El Centauro presenta un cuadro que amerita una serie de exámenes que empezarán a partir del día de mañana 17 de junio.

"Pero si alguien le ofrece la oportunidad de con una cirugía tener una vida más normal; de tener novia, de tener pareja, de tener intimidad ¿Eso no le motiva a atenderse?, pregunta Ana, la joven psiquiatra".

"No, no, no. Mire, ya les dije que los urólogos luego luego le quieren meter cuchillo. Dicen: Pos firme aquí y si sale bien o sale mal, pos ni modo. ¿Y qué tal si salgo mal? No, mire, yo estoy bien así. A mí nomás déme el certificado de salud pa ir a aprender computación para meterme a mi Facebook y ya ¿Cómo ve?", responde Roberto.

El doctor David dispara: "¿Y no se ha puesto a pensar, Roberto, que es usted un vividor?, ¿que sólo quiere sacar provecho de esa discapacidad que dice usted aún a costa de su salud?, ¿por qué no quiere quitarse las vendas?"

"¿Qué?, ¿cómo?, ¿yo vividor? No, mire, yo lo que quiero es el certificado para aprender computación. De que se me vaya a caer el pedazo pos no, ya llevo más de 20 años con las vendas y el soporte y no me pasa nada".

"Pero miren, yo lo único que les pido es respeto, yo no me quiero quitar el sostén, las vendas. Es como usted, doctora, ustedes como mujeres pues traen su brassiere para sus pechos, entonces pos es lo mismo", contraataca El Centauro tratando de bajar la guardia a Ana, a quien se aproxima para tratar de amedrentarla invadiendo su espacio y hacer que retroceda.

Luego los reta a un juego de lógica conceptual y es bastante insistente en su intento de hacer caer a cada uno de los especialistas y no perder el control de la charla, sobre todo con el doctor Israel.

Para este punto en que se faja con todos los especialistas y trata de salir de las cuerdas donde lo tenían, ya el equipo traza el camino a seguir y da por concluida esta primera cita para ir a un punto más provechoso luego de más de dos horas de consulta.

Discapacitado física y mentalmente; ignorante y pobre; sobreviviente gracias a la ayuda gubernamental; despreciado y agredido sexualmente; indeseable social; abandonado. Por otra parte: Vividor, estafador, calculador, bilingüe, tramposo, asaltante, agresor y servidor sexual, además de suficientemente hábil para debatir con un grupo de psiquiatras ¿Quién en realidad es El Centauro?

Deberán pasar muchos exámenes y sesiones con especialistas para responder a las preguntas básicas, pero hay algo en lo que todos coincidimos en el consultorio del CESAME y en la Redacción de VANGUARDIA: sea un truco o real su parte animal, Roberto eligió la condición en que se encuentra, al menos desde que lo conocemos el 6 de febrero del 2015, pues no tenemos más referencias, no hay alguien que lo compruebe.

Sabemos que si fuera un truco, sería por decisión propia mantenerlo a costa de su salud. Sabemos que si fuera alguna anormalidad, él ha decidido no sólo mantenerla, sino transformar su cuerpo con los soportes y vendajes.

El Centauro no requiere un milagro divino, fantástico. La ciencia, la medicina podría ofrecerle eso, o en el otro caso la decisión de dejar una representación que por ahora sólo desprecio, abandono, soledad y miseria le ha traído.

Pero bueno, él cambia todo eso por otro sueño: ser el único Centauro pornstar.



NO ESTÁ SOLO

Es una vivienda de la clase trabajadora en el sur de Saltillo el mediodía del 23 de junio del 2015. Un hermano mayor y la madre de Roberto me reciben cuando se enteran que pidió ayuda para publicar su caso.

Luego de algunos minutos, ambos son contundentes: todo lo que nos relató el falaz personaje es cierto hasta sus 20 años; dónde nació; dónde estudió; que fue un niño de talla normal, que abandonó la secundaria y hasta ahí.

El hermano agrega un dato que Roberto omitió: estuvo en el Ejército Mexicano, anduvo de soldado unos seis meses. Luego tuvo varios empleos aquí en Saltillo, pues no aguantaba mucho ya que nunca le gusto trabajar, asegura el hermano. Como a los 20 años es cuando se va para Estados Unidos.

¿Alguien de ustedes lo visitó en Estados Unidos? ¿Pueden asegurar que estuvo allá y que estuvo preso? ¿Cuando se fue ustedes sabían cuánto le medía? ¿Ahora que regresó lo han visto sin las vendas? ¿Alguien puede confirmar lo que fue de su vida esos 30 años?

"No la verdad es que no. Sabemos lo que él nos dice, pero nadie nunca lo visitó allá ni tampoco en la cárcel; nos mandaba cartas y postales y eso una o dos veces al año, pero de asegurar por nosotros mismos que fuimos y vimos y que lo que dice es cierto, pues no", responde el hermano.

"Yo la verdad nunca lo he visto sin la venda. Creo que si le pregunta usted a mis sobrinos, sólo ellos. Alguna vez juntaron dinero y se lo dieron para que él los dejara ver, pero no sé si lo vieron completo sin las gasas".

Explica que supieron del tamaño de Roberto cuando mandó algunas fotografías en las que el bulto se le notaba bajo el pantalón.

La imagen que reveló a la familia el secreto de El Centauro está fechada: "Roberto Esquivel Cabrera deteniendo el tiempo a la edad de 49 años desde el estado de California, año 2009. Estados Unidos".

Fue cuando sus hermanos notaron el problema y él mismo les dio vagas explicaciones, pues se supone que ya estaba en prisión. Sin embargo, la foto no lo muestra con ropa típica de reo y está en lo que pareciera ser un estudio fotográfico con una gran imagen de un paraje de San Francisco en la pared.

Sobre la mesa están más fotos en distintos momentos de su vida. En una, en la que se aprecia a sus veintitantos años, está recostado sobre el pasto y nada en su entrepierna parece anormal como es hoy.

"El que está acostado no está triste, más lo está acompañando la tranquilidad y la calma, digno y orgulloso de ser el mismo. Soy yo, madre, su hijo, pues para mí usted es la causa y la razón, por eso ando acá, para ser y tener lo que nunca hemos tenido".

"Roberto Esquivel Cabrera, escribió al reverso".



De familia.- El hermano de El Centauro sigue muy cauteloso con sus afirmaciones: "Qué le diré pues mire, nunca antes supimos que tuviera ese problema, pero sí le puedo decir que un hermano mayor de nosotros, quien ya murió, cuando se casó en 1974 lastimó mucho a su esposa en la noche de bodas. Nadie sabía de su problema hasta esa noche, cuando tuvo que llevarla a ella a que le hicieran curaciones, pero luego siempre tuvo una vida normal".

"Yo creo que medía unos 25 centímetros por lo que nos decía, porque la verdad nadie de nosotros (hermanos) se lo vimos, pero creo que era algo dentro de lo normal, muy raro, pero normal. No como Roberto".

Explica que junto con sus hermanas y hermanos ayudan en la manutención de El Centauro: en el 2011 le enviaron dinero a Carolina cuando fue deportado y así pudo regresar a Saltillo; una hermana le dio asilo en su primer año de regreso y luego pidió que lo dejaran vivir en la casa que ahora habita, propiedad de otra de sus hermanas.

Entre todos los hermanos acondicionaron la vivienda, muy pobre, pero con baño, tinaco, regadera y servicios. Desde entonces él los visita cada dos semanas.

"Mi mamá vive conmigo desde hace muchos años y entonces aquí viene él (Roberto) a visitarla. Platica mucho con ella y pues es cuando lo vemos; procuramos ayudarlo en lo que podemos, pero pues él trae su plan de vida".

"Pero como dice usted, primero tiene que quitarse esas vendas si no nadie le creerá, porque yo de asegurarle que lo que él dice es cierto, pues no puedo, no sería responsable".



Pecado mortal.- Calladita, sólo observa con atención a su hijo cuando habla de Roberto, entonces, la mamá, de 91 años de edad, responde sobre lo que desea para El Centauro y lo hace de una manera contundente, fulminante.

"Fue un niño normal --en fálica talla-- como todos mis hijos (hasta que se fue a Estados Unidos). Últimamente me platicó que quería recoger a una persona que quería vivir con él, que ella trabajaba y lo mantenía, nomás lo que quería era vivir allí en su casa. Le digo yo: ¡Y a qué te atienes! No te creas, porque hay personas malas que se sienten bien y al hora de la hora cualquier problema que tengas te avienta a la calle y ella se queda con todo lo que tú tienes allí, que todos tus hermanos te han arrimado, te han ayudado".

"Ahora ¿Tú qué le ofreces, con qué le vas a cumplir? Es lo que busca una mujer: Un hombre, eh, verdad ¿Y para qué la quieres? No, que porque ella iba a trabajar y lo iba a mantener. No, le digo: son interesadas y a la hora de la hora por cualquier motivo a ti te avienta a la calle y ella se queda allí con lo tuyo. ¿Y tú qué ganas?"

¿Qué desea para su hijo?

"¡Yo qué quisiera! pero él se lo ha buscado y ahora no quiero tampoco que la familia se degrade y piensen mal, nos pongan en ridículo a toda la familia por culpa de él".

"Yo le platico a mis hijos que está en un gran pecado mortal completamente porque no estuvo conforme con su cuerpo; él lo deformó por ambición; el creía que con eso iba a ganar mucho dinero, iba a meterse al radio, a la televisión y a todo eso e iba a ganar mucho dinero y ya no tenía que trabajar, y ahora allí está imposibilitado que ni una cosa ni otra puede hacer".

¿Piensa que se inyectó algo, que se hizo algo? ¿Lo hizo por ambición?

"Pos él fue que se lo hizo. Sí, quería ganar mucho dinero de esa forma sin trabajar. No le digo que (cuando aún vivía con ella en Saltillo) quería que yo lo mantuviera con la pensión que yo tengo, que me dejó su padre, y por eso él se fue de nuestro lado".

Si pudiera operarse para ser más normal ¿Le pediría que lo hiciera?

"Pues mire, ya no hallo ni qué pensar. Mire ¿Qué gana con operarse? ¿Ser normal? Si él no sabe hacer nada, no sabe trabajar, por eso lo hizo, para ganar dinero sin trabajar ¿En qué trabaja si no estudió nada?"

Nunca hasta este día Roberto y ella han hablado sobre el tema, sobre su gigantesco tamaño. Hoy, sus días juntos son cada dos semanas, en que El Centauro regresa para almorzar con su hermano y platicar largamente con ella.

"No, no le comento nada. Platico con mis hijos, pero a él no le digo nada. Todos los hermanos tienen sus obligaciones, tienen sus esposas, sus hijos, no lo pueden estar manteniendo a él. Un centavito se lo doy de vez en cuando, pero no para estarlo manteniendo".

Entonces le hablo de las dos caras que muestra Roberto, de desvalido y la contraria.

"Tiene mucha palabra y duerme a uno", dice lapidariamente esta madre de 15, abuela de 35, bisabuela de 75 y tatarabuela de 8: la familia de El Centauro.

Pese a eso, él prefiere vivir en la soledad y la pobreza, vivir de las dádivas de asistencia social, esperando a cumplir el futuro que, con sus propias manos, ha ido moldeando desde hace 30 años. Bueno, su familia acusa que lo ha hecho desde mucho antes.

PUES SÍ, ES REAL

Es 17 de agosto de este 2015 y cuando el panorama era bastante desfavorable para Roberto, exámenes practicados durante su tratamiento en el CESAME dan un matiz a la historia: una tomografía en tercera dimensión confirma que no hay truco de extensiones ni algo artificial; todo lo que muestra es orgánico y parte de su cuerpo, que aunque está en funcionamiento fisiológico y sexual, presenta un crecimiento anormal y representa graves riesgos para la salud. El estudio corrige las medidas tomadas con cinta métrica en VANGUARDIA y da la más exacta de 48.21 centímetros de longitud.

Hace unas semanas, una báscula simple, sin calibración certificada, marca 920 gramos.

Tendrá que ser un urólogo quien determine si se puede considerar como tal para ser registrado en el Récord Guinness. No se sabe aún cuál tejido es el que creció extraordinariamente ni el origen del crecimiento. Las especulaciones siguen siendo o prepucio y glande, pues no corresponde a las otras partes que componen el todo. La incertidumbre sigue porque El Centauro no se quita los vendajes.

Además, cada vez es más clara la sospecha que ante el crecimiento de piel (falta determinar si por causas ajenas o por acción directa de Roberto), él mismo fue dándole forma con los vendajes. El cuerpo principal sería de 16 centímetros --lo registra la tomografía--, y a partir de ahí todo sería el exceso extraordinario.

Cuando le pregunto sobre los exámenes y test que le han aplicado en los últimos días, El Centauro vuelve al afán de los médicos de encontrarle algo malo en la cabeza y habla de las imágenes de la tomografía.



Su propia religión.- "Es como te digo: la gente, con mucho trabajo, meditación y mucha dedicación, puede hacer cosas fuera de lo común. Yo por ejemplo me pongo a pensar mucho en cómo ayudar a la gente, y pos creo que ya con el dinero que gane hago mi propia iglesia, mi religión. El Elixir de la Vida se puede llamar mi religión".

"Así podría ayudar a mucha gente, muchos que pueden meterse conmigo a mi iglesia. Los ayudaría a que hagan cosas sobrenaturales o que la gente cree que no, pero en realidad sí se puede".

Entre estas cosas sobrenaturales, aclara, está el adquirir superfuerza para realizar actos heroicos y extraordinarios, como levantar automóviles, etcétera. También predecir situaciones del futuro.

Y cuando más parece adentrarse en temas que se alejan de la cordura, de pronto regresa a argumentos con cierta lógica.

"Bueno, pos es que eso de levantar carros y todo eso toda la vida han sacado notas los corresponsales de gente que cuando está en peligro hace cosas fantásticas. ¿O no? Y sobre lo de adivinar algunas cosas que pasarán ¿A poco no hay gente por todo el mundo que hace meditaciones y todo eso? ¿Hay gente que dice que cura con los ángeles y todo y mucha gente va con ellos toda la vida? Los que hacen eso de la yoga y cosas así hasta dicen que levitan, que flotan ¿Pos no hasta hay algunos sacerdotes chinos que hacen eso?"

Patentará método de crecimiento.- Dice que el método de crecimiento que ha descubierto (que implicaría la modificación por mano propia) podría aplicarse no sólo para los hombres, pues también las mujeres podrían hacer crecer sus atributos ¡Y sin cirugías!

"Le digo a las doctoras que quiero vender el mecanismo (se refiere al método que usó) para hacerlo crecer, y que hasta se puede usar para que ellas crezcan sus pechos. Pos nadie se debe asustar ¡Desde hace muchos años sabemos que hay tribus en África en que las mujeres hacen crecer sus cuellos!"

"Le ofrecí dárselos a ellas (a la psiquiatra Ana y a una psicóloga que lo atiende) para que crezcan sus pechos, pero no han querido. Eso también podría ser muy bueno para mí, porque sería mucho dinero".

Pocos podrían negarle que es efectivo el método que descubrió, el que aplicó en su propio cuerpo, si es que el tamaño es lo único que importa. Además resolvería uno de los secretos más deseados por los hombres que sueñan con una mayor longitud.

Y mientras El Centauro sigue contando los millones de dólares del Récord Guinness; que ganará con la demanda contra el sistema penitenciario estadounidense; al convertirse en estrella del cine mundial; crear su propia iglesia y con la patente de su método de crecimiento, el mundo lo sigue evadiendo con la mirada, las dádivas y caridades lo alimentarán sin ver a quién y seguirá en su solitario refugio, invisible incluso para el espejo.



Sentado, a Roberto le llega casi hasta el tobillo. No puede arrodillarse en la iglesia.

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