El Universal
El proyecto "Theseus" busca utilizar tecnologías innovadoras de mitigación y adaptación de las zonas costeras ante el cambio climático y a medida que el nivel del mar aumente
En octubre del año 2005, el huracán Wilma, de categoría 5, causó daños severos en hoteles y casas-habitación de Cancún, Quintana Roo, e hizo desaparecer casi 13 kilómetros de las playas de ese destino turístico al arrojar la arena al mar.

En relación con la recuperación de playas, hay un esquema que consiste en regresar al sitio original la arena que algún fenómeno climatológico transportó a otra parte; y en cuanto a la creación de playas artificiales, hay otro que empezó a explotarse de manera muy intensa en la década de los años 70 del siglo pasado, sobre todo en Europa, y que consiste en construir en el mar estructuras que minimicen la acción del oleaje y luego llevar arena a la costa.

"Este segundo esquema fue muy utilizado en algunos países europeos que no contaban con muchas playas naturales y que tenían interés en levantar desarrollos turísticos cerca de zonas portuarias o acantilados", dice el doctor Rodolfo Silva Casarín, investigador del Instituto de Ingeniería de la UNAM, quien trabaja en un proyecto financiado por la Unión Europea, llamado "Theseus", cuyo propósito es ofrecer costas de bajo riesgo a sus habitantes y visitantes y, al mismo tiempo, asegurar la salud del hábitat costero.

Aunque ha habido desarrollos de este tipo mal planeados por la falta de conocimiento de los procesos naturales y por los intereses involucrados, existen excepciones que se pueden estudiar, como el puerto de Gijón, en España, donde ya se tenía una zona de explotación con una marina o puerto deportivo, un puerto de altura y grandes almacenes para granos.

"Allí había mucha infraestructura y, detrás del puerto, una ciudad con necesidades de ocio. Dentro del puerto había una zona desaprovechada, de modo que se decidió llenarla de arena para crear una especie de playa caribeña. Hasta ahora, este caso ha resultado exitoso. Pero es excepcional porque no compite con procesos naturales".

 

El caso Cancún

Meses después del paso del huracán Wilma por Cancún se intentó recuperar, mediante la reinyección de 2 millones 735 mil metros cúbicos de arena, 11.6 kilómetros de playas entre Punta Cancún y Punta Nizuc.

"En este caso se llevó arena de otros lados para rellenar la zona devastada, por lo cual no podemos decir que se trató de la recuperación de una gran franja de playas, sino de su relleno artificial", señala Silva Casarín.

En la zona dañada habita alrededor de 75% de la población de Quintana Roo y se ubica 98% de la infraestructura hotelera de uno de los destinos turísticos más visitados del país..

Cada año, Cancún recibe unos 10 millones de turistas que dejan divisas por unos 4 mil millones de dólares, casi un tercio de las divisas que ingresan en el país por turismo.

"Recordemos que el turista busca sol y arena. Sin arena no hay negocio. Para que la sociedad cancunense sobreviva es impostergable diseñar un plan de protección de las playas que aún existen", añade el investigador.

 

Veracruz

Silva Casarín cree que es necesario tomar la decisión de ampliar el puerto de Veracruz, lo cual abriría la oportunidad de lograr una mejor protección y recuperación de la zona y un mejor desarrollo ambiental, social y económico.

"Se podrían aprovechar los trabajos de ampliación del puerto de Veracruz con la finalidad de sanear todas las descargas incontroladas que van a parar al mar y para dejar de utilizar la zona de arrecifes que está frente a él como fondeadero; es decir, para corregir todo lo que actualmente está mal allí", comenta el investigador de la UNAM.

En su opinión, lo que no se puede hacer es que los desarrollos turísticos deseados compitan con los procesos naturales. "No es nada recomendable crear una playa artificial en un sistema lagunar sano, ni tener una playa natural en las inmediaciones de un sistema coralino, ni promover la pesca en una explotación costera turística de playa. Creo que lo primero es ordenar la casa. Hay mucho trabajo pero también bastante conocimiento para saber qué se puede y qué no se puede hacer en una zona determinada", apunta.

 

Cuatro años de duración

El mencionado proyecto "Theseus", que tendrá una duración de cuatro años, se inició en diciembre de 2009 y busca utilizar tecnologías innovadoras de mitigación y adaptación de las zonas costeras ante el cambio climático y a medida que el nivel del mar aumente.

En él participan 31 institutos de investigación de Italia, Inglaterra, Francia, España, los Países Bajos, Rusia, Bulgaria, Ucrania, Dinamarca, Alemania, Letonia, Grecia, Bélgica, Estados Unidos y China.

México lo hace mediante el Instituto de Ingeniería de la UNAM, en colaboración con el Laboratorio de Procesos Costeros del CINVESTAV, del Instituto Politécnico Nacional, Unidad Mérida, y con el Centro de Ecología, Pesquería y Oceanografía del Golfo de México (EPOMEX), de la Universidad Autónoma de Campeche.

"Con los resultados obtenidos se elaborarán las normas para la adaptación o protección de las zonas costeras europeas que estarán vigentes durante los próximos setenta años. Esta experiencia se podrá aprovechar también en la decisiones que se tengan que tomar en México", concluye Silva Casarín.

Para más información sobre este tema, escribir al siguiente correo electrónico: rsilvac@iingen.unam.mx o llamar al teléfono: 56-23-36-68. (Leonardo Huerta Mendoza)