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Ante la ola de secuestros que vive México, psicóloga da tips y consejos de qué hacer en caso de que la desgracia recaiga sobre nosotros al ser secuestrados
Cada día se registran al menos dos secuestros en el país y desde hace tiempo ya no son privativos de magnates; todas las esferas sociales están expuestas a este delito. Ante ello, es prioritario que secuestrado y familia sepan qué hacer durante y después del plagio.
Poco a poco, el secuestro en México ha dejado de ser privativo de los sectores adinerados y se extiende hasta la clase media. Hoy, ni comerciantes ni empleados están a salvo.
Tan terrible resulta ser secuestrado, como las secuelas que deja una vez que la víctima es liberada. Sobre esto la doctora Estela Durán, directora del Centro de Terapia Breve e Hipnosis, que se dedica a dar asistencia profesional a familiares y víctimas de plagio, explica las dos fases fundamentales de este delito: la negociación y el periodo de recuperación de ambos.
La doctora nos introduce al tema: “Antes que nada hay que estar conscientes de que el secuestro ya no es exclusivo de magnates; ya alcanzó a todas las esferas sociales”.
Así de grave es la situación de inseguridad en México y sobre todo en el DF. Las estadísticas oficiales precisan que todos los días se registran al menos dos secuestros en el país. Sobre el fenómeno, Estela Durán precisa que en todos los casos, las presiones son exactamente las mismas, por lo que el daño emocional y psicológico es igual para todos.
Por ello, es importante hacer conciencia en la sociedad respecto a qué hacer en caso de ser plagiado, y el primer paso, sin duda, “es que todas las familias hablen entre sí sobre qué pasaría si les tocara”.
CONSEJOS de vida
Las primeras recomendaciones en caso de secuestro son que la víctima debe hacer todo lo posible por permanecer sereno, callado y por ningún motivo perder su dignidad. No debe envalentonarse, pero tampoco acobardarse. Debe hacer conciencia de que en ese momento es el perdedor y que está a merced de delincuentes que no dudarán en asesinarlo.
“El secuestrado, por ningún motivo debe intentar identificar a sus plagiarios. Eso le puede costar la vida. No debe intentar escapar. Si está vendado de los ojos, no debe tratar de descubrirlos, ni de salirse del espacio en el que lo tengan. Estos son tips de vida. Es importante tratar de establecer, mediante conversación, una relación humana con los victimarios, para evitar agresiones excesivas y así salir lo mejor librado posible.”
En cuanto a las familias, lo inmediato es que denuncien el secuestro a la Agencia Federal de Investigación (AFI), que es la agrupación más avanzada y capacitada para dar asistencia profesional en estos casos.
En esto hace énfasis la doctora Estela Durán, ya que la AFI está certificada con la NOM 9000. Y un dato relevante en la confiabilidad de esta corporación es que sus integrantes viajan a otros países para impartir conferencias sobre el combate y tratamiento del secuestro.
Algo importante que debe hacer la familia, es mantener la discreción sobre el suceso. Esto sólo se debe comunicar al seno familiar más cercano. La razón es que en ese momento no se sabe quién “puso” al familiar en manos de los secuestradores y se han dado casos en que alguno de los miembros de la familia fue quien lo hizo.
Un dato interesante, explica Estela Durán, es que en la actualidad los secuestradores ya no investigan minuciosamente a las familias de las víctimas. Ahora se guían más por la forma de vestir, el auto, los lugares a los que asisten, las joyas que usan, en fin, por apariencia.
Sobre lo que es y representa un secuestro, Estela Durán menciona que “tanto la víctima como la familia se enfrentan de lleno con la maldad humana y una persona común no está acostumbrada a lidiar con ella. Por eso es importante la asistencia de especialistas que sepan cómo tratar con esa maldad. Así de cruel es esto: es un proceso de negociación”.
La especialista precisa que en los secuestros es común que los plagiarios hablen de “su dinero” cuando fijan cantidades, como si ya lo tuvieran en las manos. Explotan el temor y el amor hacia los familiares secuestrados. Se comercia con el terror, la angustia, la incertidumbre.
Con base en su experiencia en la rehabilitación de víctimas de secuestro, la entrevistada puntualiza datos relevantes: “Se han dado casos en los que después de la liberación de un secuestrado, se desintegra la familia. Esto se deriva de la diferencia de opiniones en la negociación. De ahí la importancia de contar con la asistencia de especialistas y dejar en un solo miembro de la familia el mando en el proceso”.
Entre las principales presiones que ejercen los secuestradores sobre las víctimas, se encuentran: decirles que sus familiares no los quieren, que no les interesa pagar el rescate, que los van a dejar morir, aunque esto no es cierto. Las familias siempre hacen lo imposible por rescatar al secuestrado.
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