¿Quiénes son mejores, ellas o ellos?
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La lucha entre los sexos continúa en todos los ámbitos, pero para que la sociedad avance es necesario unir esfuerzos
Ciudad de México.- Antiguamente se consideraba que la mujer no pensaba, que estaba de adorno y únicamente "servía" para ser madre y ama de casa, pero a inicios del siglo pasado, cuando surge el feminismo, empiezan a quitarse las ataduras del pensamiento machista.
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Al respecto, Hortensia Moreno, del Instituto de Investigaciones Sociales del Programa Universitario de Estudios de Género, de la Universidad Nacional Autónoma de México, afirma que la reflexión del feminismo que reivindica, conlleva al pensamiento de que las mujeres son simplemente seres humanos igual que los hombres.
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"Ellas no son sub-humanas, tampoco sobre-humanas, sino personas que tienen sus virtudes y sus yerros de la misma manera que los varones. Sin embargo, un gran número de mexicanos ven a las mujeres con dos figuras estereotípicas: la santa y la prostituta. La primera tendría todas las virtudes (son la madre y hermanas de algún macho) y la segunda viviría con todos los defectos (las demás mujeres ajenas al macho)", lamenta Moreno.
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Incluso, "tanto la santa como la prostituta son figuras coexistentes, porque para que surja una, debe existir la otra. Todo ello es una lógica en el imaginario social que necesita una especie de equilibrio entre las dos posibilidades, pero ninguna de ellas, por supuesto, le otorga a la mujer lo que realmente es", puntualiza Moreno.
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Así, al buscar el lugar que ocupa la mujer en la sociedad mexicana y al tiempo de dejar en claro que no es inferior al varón, surge un pensamiento competitivo respecto a cuál de los sexos es el mejor, señala Manuel Galván Izquierdo, catedrático de la Universidad Nacional Autónoma de México.
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Y es que biológicamente hombres y mujeres son un tanto diferentes, pero en cuanto a su coeficiente intelectual no hay distinción, lo único que los diferencia es el fomento de habilidades. Es decir, si alguien, independientemente de su sexo, ejercita su cerebro obtendrá mejores resultados frente a quien no lo ha hecho, pero esto no significa que uno sea más inteligente que el otro, sino que su intelecto fue estimulado.
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En este sentido, el tipo de trabajo que un individuo es capaz de realizar es estereotipado ya sea para un género u otro, y al paso de tiempo la sociedad lo toma como si fuera algo verdadero, aunque no lo sea, estima Galván Izquierdo, catedrático de la Universidad Iberoamericana.
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Actualmente, estudios de género se refieren por igual a hombres y mujeres utilizando el término "humano", como una forma de equidad, pero también consideran las diferencias biológicas de ambos e indican que entre ellos existen más similitudes y sólo algunas divergencias en cuanto a sensibilidad y maneras de aproximarse entre individuos.
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"Las personas somos diferentes unas de otras y tendemos a asumir estereotipos, pero una vez que profundizas y tratas a una persona, te das cuenta de que la viabilidad y la enorme plasticidad de lo humano se presenta prácticamente en esa enorme gama de relaciones", afirma la doctora en ciencias sociales Hortensia Moreno.
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Del mismo modo en que hay diferentes formas del cuerpo: chaparros, flacos, morenos, güeros, gordos y un largo etcétera, también todas esas variantes se presentan, en su forma moral e intelectual. Entonces, te puedes encontrar mujeres que, en efecto, son como la madre Teresa de Calcuta, pero otras que son como Juana Barraza, "La Mataviejitas", concluye Moreno.
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El machismo inicia en casa
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La sociedad mexicana está atrasada frente a aquellas europeas, esto se debe a la educación en el hogar.
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Así, quien forma a los machos son los padres. Incluso, es la madre quien para su hijo varón quiere muchas mujeres y, por otra parte, enseña a su hija a ser servil, advierte Manuel Galván Izquierdo, director de Semiótica Cultural de Yecolti, A. C.
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Sin embargo, actualmente en el país hay una transformación, las féminas concluyen exitosamente sus estudios, no sólo "piensan" en la casa y en el matrimonio. También trabajan, cada vez ocupan más puestos a nivel gerencial y directivo, a pesar de que ésta es aún una posición muy masculina.
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Trabajar juntos
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El medir fuerzas y tratar al género masculino o femenino como a un adversario favorece la agresividad y discriminación. Por ello, es necesario reconocer que entre ambos hay diferencias que deben ser toleradas y convivir con ellas, para así construir juntos una mejor sociedad.
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La manera indicada para lograr un entorno sano y positivo es comenzar con la educación en el hogar, evitar hacer distinciones como "tú eres niña, sí lloras" o "tú eres niño, no lloras".
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Asimismo, es posible implantar una democracia de familia en la que sus integrantes tengan derechos y obligaciones, y realicen todo tipo de actividades de la casa, ya sea lavar los platos, colgar ropa y conseguir dinero, entre otras, sólo tomando en cuenta las necesidades del núcleo familiar y no el estereotipo de género.
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En cuanto al lenguaje hay que cuidar la manera de referirse a una cosa femenina o masculina sin hacerla superior o inferior, ya que el idioma español es misógino.