Los números varían. VANGUARDIA reportó más de 10 mil asistentes y las fuentes oficiales presumen 17 mil. Pero el número exacto es poco importante: La Ruta Recreativa del pasado domingo fue un éxito rotundo. Los saltillenses se volcaron al bulevar Carranza para apropiarse de un espacio habitualmente reservado para automóviles. Durante una mañana completa —de 8:00 a 13:00 horas— el ciudadano y no las máquinas fueron prioridad en la agenda municipal, y la vía pública se convirtió en una zona para disfrutarse y no solo para transitar a alta velocidad.
En muchas ciudades estas “rutas recreativas” han jugado un profundo papel transformador. Si bien el objetivo inmediato es crear un espacio temporal de esparcimiento, estos eventos sirven para recordarle a la gente que la ciudad también puede vivirse a pie o en bicicleta y para demostrarle a los políticos que invertir en humanizar la ciudad genera votos.
No es casual que una ruta recreativa similar a la del domingo, pero celebrada en Bogotá hace 30 años, arrancara una profunda transformación que hoy incluye 344 kilómetros de ciclopistas y 84 kilómetros de BRT (Metrobús). Tampoco es fortuito que ciudades con planes ambiciosos y vanguardistas en materia de transporte sustentable, como Quito, Belo Horizonte, Portland y Guadalajara hayan incorporado eventos similares a sus estrategias de movilidad.
Quizá lo sucedido el domingo represente el impulso que falta para que autoridades y ciudadanos imaginemos un Saltillo con ciclopistas permanentes, con un programa de bicicletas públicas, con banquetas sin estorbos, o con una regulación más cuidadosa de los estacionamientos en las aceras. Quizá sí es posible reformar el sistema de transporte público, implementar un Metrobús en Saltillo, o adecuar nuestros reglamentos de construcción para promover un crecimiento urbano más sustentable.
Quizá el timón está girando en Saltillo, y por ello me sumo a las fanfarrias que dedicó Alejandro Dávila a nuestro Alcalde en estas páginas.
Sin embargo, hay razones para el escepticismo. Lamentablemente persisten señales opuestas, con duración permanente y no limitada a unas cuantas horas. Pareciera que hay distintas visiones luchando al interior del Ayuntamiento, o que el Alcalde aún no se compromete plenamente con el tema. Continúa, por ejemplo, la desproporcionada inversión en infraestructura para coches, la promoción con recursos públicos de “sátelites” en sitios con mala conectividad (como Derramadero). Y está también la reciente propuesta de reformar el Plan de Desarrollo Urbano, con medidas de “zonificación exclusiva” para el noreste del municipio.
Este último punto, del que se publicó una nota en VANGUARDIA el 6 de junio, tiene una importancia toral para el futuro de la ciudad. El alcalde manifestó que “se está trabajando para que no haya casas menores a los 300 metros cuadrados, (en) todo lo que es la carretera Los González hacia el oriente, hasta donde termina Saltillo”. Explicó que “es insuficiente la vialidad de la zona, si se meten lotes de 150 ó 180 metros cuadrados va a haber una saturación de viviendas e impedirá que haya un flujo ideal”.
Es imposible dejar de notar que el Alcalde asume que en el futuro todo mundo viajará en coche, que las familias que pueden pagar casas grandes tienen el mismo número de coches que las familias que compran casas chicas, y que la única manera de evitar embotellamientos es evitar la presencia de personas.
¿Por qué no permitir mayores densidades en corredores donde circula el transporte público? ¿Por qué encarecer las viviendas para todos en lugar de, por ejemplo, encarecer el estacionamiento para algunos?
Pero el problema no es que esta propuesta haga poco por contener el tráfico, sino que sabotea el sueño de un mejor Saltillo. La zonificación con lotes de tamaño mínimo es inequitativa, pues formaliza la división de la ciudad en zonas de ricos o de pobres. Es ineficiente, pues además de elevar el costo de la vivienda popular en toda la ciudad, fomenta un diseño urbano que por sus bajas densidades encarece los servicios y hace prácticamente imposible brindar alternativas de movilidad a precios accesibles.
Es importante que las autoridades clarifiquen cual es la visión que promueven para Saltillo, y que busquen congruencia en todas sus estrategias. De otra forma, quienes se convenzan del valor de contar con barrios accesibles, diversos y vibrantes de actividad, pronto descubrirán que sus opciones son mudarse a otro sitio, o esperar ansiosamente la próxima ruta recreativa.
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