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El embrujo de Los Tuxtlas

Vive un viaje por los manglares, pozas naturales y sinfonías de la selva veracruzana

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jueves, 19 de agosto del 2010

  • Vive un viaje por los manglares, pozas naturales y sinfonías de la selva veracruzana

CATEMACO.- No ha parado de llover y la oscuridad ya nos atrapó. El sonido de las aves se convierte en una orquesta sinfónica que incluye el ulular de un búho, allá, escondido entre las ramas.

Con ayuda de la luz de unas linternas, tentamos el terreno: piedras sueltas, baches, ramas húmedas y lodo. Hay resbalones y tropezones mientras subimos un cerro hasta llegar al lugar donde los guías montarán las tiendas de campaña.

Esta noche dormiremos en la selva del Marinero, en la Reserva de la Biosfera de los Tuxtlas, en el estado de Veracruz.

El escenario luce un verde lujurioso todo el año: árboles que miden más de 40 metros de altura, enredaderas larguísimas que muy bien podrían aguantar nuestro peso para balancearnos como Tarzán, helechos y platanares frondosos, y hojas de cientos de formas y matices, algunas de tamaño gigante.

La reserva sigue con vida a pesar de que sólo conserva 10 por ciento de su vegetación total.

En el municipio de Catemaco existen dos comunidades de campesinos, Adolfo López Mateos y Miguel Hidalgo, ambas representadas por la Red de Ecoturismo de Los Tuxtlas, que desde hace 12 años ofrecen al viajero la experiencia de acercarse al corazón de la selva.

Cuentan con servicio de hospedaje en cabañas rústicas para grupos y familias, en su mayoría, aunque también hay espacios privados para parejas.

Lo mejor es la convivencia con la gente local y los paseos en los que se descubren paisajes escondidos, el poder de las plantas medicinales, la belleza de las raíces de un árbol milenario, se agudiza el oído y se aprender a identificar el sonido de cada animal, su comportamiento y a respetar los insectos por más feos que le parezcan a uno.

Regresas a casa un poco más sabio y enamorado de la naturaleza.

La contratación de estos servicios contribuye a mejorar la economía y calidad de vida de estas dos poblaciones y a seguir preservando, en la medida de lo posible, la región de Los Tuxtlas.

El verdadero sentir de la aventura toma fuerza al atardecer y alcanza su clímax en la noche. No hay palabras para describir el rugir de la jungla: las copas espesas de los árboles esconden cientos de aves, monos araña traviesos que se espulgan la espalda. Para muchos seres la vida empieza cuando el sol se va. Salen de su guarida pumas, ocelotes y jaguares buscando comida fresca. De vez en cuando los guías organizan caminatas nocturnas por senderos ya marcados para tratar de observarlos.

Todos quieren ver a un jaguar, al menos una vez en su vida. Pero, siendo honestos, casi es imposible.

Una advertencia, hay que seguir las instrucciones del guía en todo momento: no tocar plantas ni bichos extraños y, sobre todo, no salirse de los caminos ya marcados. No queremos que se lleven un susto. Entre las piedras o debajo de una ramita podrían encontrarse una nauyaca, una víbora cuyo veneno es mortal.

Catemaco, un paréntesis

El viaje a la selva comienza en el famoso poblado de los brujos y curanderos que se localiza a dos horas de las comunidades campesinas.

Los lugareños explican que más allá de los brujos y del templo que se empezó a construir en 1719, el verdadero atractivo y misticismo del pueblo de Catemaco consiste en abordar una lancha y navegar la laguna; en el centro de ella hay que cerrar los ojos y sentir la fuerza de este ojo volcánico.

El recorrido incluye la visita a la cueva El Tegal, lugar donde dicen se apareció una Virgen; a varias playas, a las ya muy vistas islas de las Garzas y de los Changos; a un jardín de flor acuática, y a la Reserva Ecológica de Nanciyaga.

En el lago El Apompal

El ejido de Miguel Hidalgo es también conocido como Lago El Apompal, por la gran cantidad de árboles de esa especie.

Después de nuestra llegada y almuerzo (probamos unos deliciosos sopes tradicionales), los comuneros nos llevan a dar un paseo a la cascada Cola de Caballo, una delgada caída de agua con una altura de sesenta metros.

Las pozas que forma tienen un diámetro de 12 y 20 metros. Contrario a lo que se pudiera pensar, el agua es más bien tibia en estas albercas naturales.

Más en la tarde se organiza otro recorrido, esta vez a través del sendero Lago El Apompal, un lugar ideal para acampar, observar las estrellas, encender una fogata, o, en su caso, disfrutar del escenario a la luz de la luna con tu pareja.

Aprendiz de botánico

En esta comunidad se han programado dos recorridos a través de los senderos La Cascada y Cueva de los Murciélagos. El primero consiste en una caminata de 380 metros en subida.

El guía muestra algunas plantas y árboles típicos de Los Tuxtlas y explica su función medicinal. Se hacen 17 paradas en total antes de llegar a una hermosa cascada de 47 metros de altura que, bajo la sombra de árboles, de casi cuarenta metros, forma un gran estanque de agua cristalina en el que también está permitido nadar y dar varias brazadas para cansarse. Este recorrido tiene una duración de dos horas, aproximadamente.

En el sendero Cueva de los Murciélagos se observan plantas y animales en el borde del río Coxcoapan, hasta llegar a una cavidad donde habita una colonia de diferentes especies de murciélagos. Los vemos dormidos, pegados en las rocas durante el día. Aquí se formó otra alberca natural, pero de grandes dimensiones, un pretexto más para refrescarse.

Campamento Selva del Marinero

La selva del Marinero, en la comunidad Adolfo López Mateos, debe su nombre a una planta llamada marín, nociva para el hombre, según cuenta el guía.

Sólo con rozarla uno siente que la piel le quema. De esta misma se alimentaba el extinto jabalí de labios blancos.
El Marinero se localiza a cuatro horas de camino de la comunidad. La gente descubre el esplendor de la selva después de una muy inclinada cam.

No hay animales salvajes a nuestro paso y durante el ascenso parece que no hay tiempo para tomar un respiro.
Por instantes se apagan las linternas y en la inmensidad de esa oscuridad que nos rodea se aprecian pequeñas luces verde fluorescente entre la maleza.

Al abrigo de la noche, se monta el campamento en un sitio donde se instalaron baños ecológicos. La fogata ya está encendida. Entre todo lo que cocinaron los guías nos dan a probar la malanga, un tubérculo que se rebana y fríe como papa y se come con azúcar, acompañado de un exquisito café. Nos sorprende que no haga frío en la madrugada.

Los guías narran orgullosos la historia de sus comunidades, cuentan historias de aparecidos y la leyenda de la Virgen del Carmen de Catemaco que se apareció sobre una roca frente a la cueva El Tegal.

Los habitantes de San Andrés se la llevaron para rendirle culto en su templo, pero desapareció en dos ocasiones, mismas en las que fue encontrada frente a la cueva. Al final entendieron que la virgen quería quedarse en el lugar donde había aparecido y la dejaron ahí por la paz.

¿Dónde sucedió?