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Parir con dolor, una elección
Mientras que el mundo de la medicina lucha por inventar métodos que disminuyan el dolor, cada vez son más las mujeres mexicanas que deciden parir con dolor.
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sábado, 02 de junio del 2012
México, D.F..- “Grité muchísimo, mi esposo llegó a decirme que fuéramos al hospital, pero yo no lo pensé en ningún momento; con la información que tenía y al ver a la partera tan segura, tenía la certeza de que todo iba a salir bien”. Mónica Barba, ingeniera agrónoma de 33 años, fue madre de un bebé en su casa, con su marido tomándole la mano y con la ayuda de una partera. Fue una decisión estudiada y meditada que tomó ella misma tras hacer un curso de parto humanizado.
“Los testimonios hacen que tengas confianza en ti misma, que tengas la convicción de que como mujer eres capaz de dar a luz a un bebé”. Su hijo Santiago ya tiene un año y medio y está embarazada del segundo. Sin duda, repetirá la experiencia.
Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), de los 2.6 millones de nacimientos que hubo en 2010 en México, 248,208 fueron a manos de enfermeras o parteras y 238.864 se produjeron en el domicilio. Si bien muchas de estas mujeres tuvieron a sus bebés en casa por sus circunstancias personales, generalmente económicas, muchas otras, como Mónica, los tuvieron por voluntad propia.
La experiencia de Nadine Goodman al frente de Casa, ONG que tiene la única escuela oficial de partería en México ubicada en San Miguel de Allende (Estado de Guanajuato), revela que cada vez son más las mujeres que deciden tener a sus hijos en sus hogares. “Su actitud es la de no querer ir al hospital porque no tienen que aliviarse, no están enfermas, sino que es un proceso fisiológico. Sienten que son mujeres informadas y que ven a la casa particular como un lugar seguro para dar a luz”.
Según esta maestra en salud pública y trabajo social, en México todavía existe un gran desconocimiento de la partería profesional. “La gente tiene la idea de que calidad es tener un ginecólogo atendiéndote en un hospital. Tan equivocados estamos que hay quien cree que una cesárea es mejor”, explica la estadounidense, que llegó a México hace 30 años para aprender español y se quedó al ver las dificultades de la gente.
“La mayoría de nosotras hemos perdido nuestros instintos y nos hemos portado suficientemente tontas por años. Una hace más investigación cuando se va a comprar un coche que de quién te va a atender en tu embarazo y parto. Tenemos tanto miedo que estamos pensando que el médico nos va a salvar de morir. Desconocemos el proceso fisiológico, las diferentes opciones, las maneras de manejar el dolor, la conceptualización de todo como un acto natural... Pero poco a poco hay más gente que está educándose y tomando decisiones conscientes”, apunta.
Mónica describe su parto como un encuentro entre la vida y la muerte, entre el dolor y la satisfacción. “Es como estar en un momento de dolor profundo, pero no un dolor que duele en el sentido de lastimar, sino que sabes y sientes que eres capaz de llevar y que va a dar un fruto, que te va a llevar al nacimiento de tu hijo”.
Liliana Romero, actriz y bailarina de 26 años, estáconvencida de que el tema del dolor se exagera. “Es mucho lo que nos han dicho, honestamente. En mi caso, después de que parí a mi hija soy capaz de decir que no duele tanto como mi cabeza se había creído”. Para ella, el yoga fue su mejor anestesia.
Hace tres años y medio que tuvo a María, pero al recordar el alumbramiento todavía se emociona. “Cuando nació la tomé conmigo, le hablé muchísimo, le dije que era la mujer más valiente que conocía porque, como no estaba drogada con anestesias, pude sentir todo lo que ella hizo por nacer”. La tuvo al lado de su marido, con su música, sus mantas, su olor a hogar.
Así, en la bañera de su casa, llegó también al mundo Aroa hace un año y medio, directa a los brazos de su madre, Karla Ortega. “Te dejan todo el tiempo a tu bebé, desde que nace. No lo llevan a pesar, medir... ya habrá otro momento para eso”, cuenta esta abogada de 33 años. Para ella el parto no fue un momento con dolor, sino muy intenso, lleno de amor. “Esa parte se nos olvida en el hospital, no hay esa parte de amor, sentimientos, cercanía... Con las parteras, todo era amor, era como una ceremonia de celebración al amor”.
A los cinco meses de embarazo, Karla decidió dejar de ir al ginecólogo y llevar su embarazo con una partera. “Fue la mejor decisión que pude haber tomado porque el bebé venía enredado con el cordón y en una posición complicada y tuve que hacer ejercicios para que se colocara. Con el ginecólogo me habría metido mucho miedo y hubiera acabado en cesárea”.
LA ESCUELA ANTICESÁREAS
El nivel de cesáreas practicadas en México está muy por encima de lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que la establece en un máximo del 10-15 % de los nacimientos. La tasa de este país en los hospitales es del 38 %, mientras que en el hospital de la ONG Casa, en donde han nacido más de 7.000 bebés desde que abrió en 1995, la tasa se reduce al 10-13 %. “La cruda realidad es que hay muchas veces que en el sistema no se toman decisiones bajo criterio médico, sino por conveniencia, bien porque tienen miedo de las demandas o porque no tienen la paciencia ni el deseo de acompañar a una mujer 20 horas en el trabajo de parto”, cuenta Goodman.
Desde hace un año, la escuela de partería de Casa está acreditada por la Secretaría de Educación y las estudiantes se licencian con un título de “Partera profesional nivel técnico”.
Con él pueden trabajar en consultas privadas -como las parteras que atendieron a las mujeres anteriormente entrevistadas-, en hospitales como el de Casa y también en nosocomios públicos, gracias a un programa del Gobierno para incorporarlas al sistema de salud. En tres años de estudios y uno de servicio social las estudiantes adquieren todas las capacidades para seguir un embarazo e intervenir en un parto.
A Lili Susana López, guatemalteca de 21 años, le quedan un par de meses para graduarse y, a diferencia de cuando entró en la escuela, ya no tiene miedo y es consciente de todas las habilidades que ha adquirido. “Al principio me daba mucho miedo, pensaba 'qué voy a hacer cuando salga el bebé, cómo va a salir, cómo lo voy a atender...' Pero hoy ya he adquirido la confianza suficiente para hacer las cosas. El miedo se va quitando poco a poco”, comparte. Antes de enfrentarse al servicio social, las estudiantes tienen varias metas que cumplir, como ayudar en 80 partos, diez de ellos a domicilio.
Fátima Ramírez, partera de 34 años licenciada en Casa, ha ayudado ya a traer al mundo a más de medio millar de bebés y, pese a que nunca ha tenido hijos, es una férrea defensora de la partería. “Como partera ves el embarazo de bajo riesgo de lo más normal, con sus cambios físicos y fisiológicos, natural”, cuenta. “Si tienes un embarazo bien, con todas sus prevenciones, pero siempre te centras más en el aspecto más humanizado a la mujer, sensibilizándola a un parto normal, a que todos los cambios son naturales y es el proceso del embarazo, pero sin tantos medicamentos y haciéndole muchos estudios”.
El Instituto Nacional de Salud Pública y el Instituto Nacional de las Mujeres elaboraron tres proyectos de investigación para evaluar el papel del personal no médico, es decir, parteras profesionales técnicas y enfermeras obstetras, en la atención médica durante el embarazo. Concluyeron que los miembros de este colectivo “son proveedores de servicios obstétricos de igual o mejor calidad que los médicos generales”.
Fátima cuenta que, además de toda la técnica, ser partera tiene mucho de psicología y de empatía. Su trabajo no es solo ver que el bebé se desarrolle bien y llegue sano a este mundo, sino que va más allá. “A veces no son cosas enfermizas, son cosas emocionales, entonces tú tienes que tener muy bien ese contacto con la embarazada para ver de dónde viene el problema. Tienes que indagar”.
Intimar hasta el punto de reír y llorar con ellas, pues a veces una charla es mejor que cualquier medicina.
DESTACADOS:
* Desde hace un año, la escuela de partería de Casa, en Guanajuato, está acreditada por la Secretaría de Educación y las estudiantes se licencian con un título de “Partera profesional nivel técnico”.
* Mónica describe su parto como un encuentro entre la vida y la muerte, entre el dolor y la satisfacción. “Es como estar en un momento de dolor profundo, pero no un dolor que duele en el sentido de lastimar, sino que sabes y sientes que eres capaz de llevar y que va a dar un fruto, que te va a llevar al nacimiento de tu hijo”.
* El nivel de cesáreas practicadas en México está muy por encima de lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que la establece en un máximo del 10-15 % de los nacimientos.
