"Ningún Muro puede frenar el ansia de libertad": Obama
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El discurso ante la Puerta de Brandeburgo fue el punto cúlmine la primera visita oficial de Obama a Berlín como presidente.
Berlín, Alemania.- La caída del Muro de Berlín simboliza un ansia de libertad que está por encima de cualquier poder, destacó el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, en un esperado discurso ante la emblemática Puerta de Brandeburgo de Berlín.
"Ningún Muro puede contener el ansia de paz, libertad y justicia", señaló Obama ante la canciller alemana, Angela Merkel, y 4,000 invitados reunidos ante el principal símbolo del Muro que dividió Alemania y el mundo durante 28 años.
La caída del Muro de Berlín es un símbolo de que "por encima del poder y de los Ejércitos, son los ciudadanos quienes eligen si son separados por un Muro o si lo tiran abajo", dijo Obama, frecuentemente interrumpido por aplausos.
"Nuestros valores ganaron. La apertura, la tolerancia, la libertad ganaron, aquí, en Berlín", añadió el mandatario. "Hoy la gente viene aquí para recordar la historia, no para hacerla".
Sin embargo, añadió, "la complacencia no es el carácter de las grandes naciones. Esa lucha sigue adelante".
El discurso ante la Puerta de Brandeburgo fue el punto cúlmine la primera visita oficial de Obama a Berlín como presidente.
"Me siento tan bien que voy a quitarme la chaqueta (el saco), y todos los presentes que lo deseen pueden hacerlo", comenzó Obama su discurso con un sonrisa ante el día inusualmente cálido en Berlín. "Podemos ser un poco informales entre amigos".
Cuando Kennedy cautivó a los alemanes: "Soy un berlinés"
El discurso que el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, pronunció hoy ante la Puerta de Brandeburgo en Berlín coincide con los 50 años de otro de los más emblemáticos en la historia de la ciudad, el de John F. Kennedy en 1963 ante un Berlín aún perplejo por el Muro levantado sólo dos años antes.
El mundo se encontraba en plena Guerra Fría. Los berlineses sentían una enorme gratitud hacia los norteamericanos, que los habían salvado a través de un puente aéreo del bloqueo total impuesto por la Unión Soviética entre 1948 y 1949.
La férrea confianza en la potencia de ultramar se vio afectada, sin embargo, por la tibia reacción de Washington a la construcción del Muro de Berlín en 1961. El gobierno alemán del canciller Konrad Adenauer temía que para Washington el equilibro entre los dos bloques llegara a ser más importante que la seguridad de Alemania.
Los temores se disiparon con la visita de Kennedy al país del 23 al 26 de junio de 1963 y su punto culminante, el discurso pronunciado en la plaza del ayuntamiento de Berlín occidental. Más de 1,5 millones de personas vitorearon al joven mandatario en las calles de la ciudad y unos 400.000 se agolparon para escucharlo el 26 de junio.
Según señala el semanario "Der Spiegel" en base a un libro del historiador Andreas Daum, el frenético júbilo de los berlineses llevó a Kennedy cambiar su discurso a último momento.
En lugar de asegurarles apoyo y al mismo tiempo abogar por una política más distendida con los soviéticos, el presidente apeló a la retórica de la Guerra Fría y les lanzó un mensaje claro, el que querían oír: "Hay gente que dice que el futuro es del comunismo. Dejen que vengan a Berlín", repitió tres veces.
Pero la frase que quedó grabada en la memoria colectiva fue pronunciada al comienzo de la alocución: "Hace 2.000 años, la frase que alguien podía pronunciar con mayor orgullo era la de: '¡Soy ciudadano de Roma!' Hoy, la frase más orgullosa que puede decir alguien en el mundo libre es: '¡Soy un berlinés!'"
"Ich bin ein Berliner", dijo en alemán ante un público extasiado. Antes le había pedido a un intérprete que le anotase la transcripción fonética ("Ish bin ein ein Bearleener").
Pasaron 19 años para que otro presidente estadounidense, Ronald Reagan, apelara al amor a la libertad de los berlineses pidiendo al entonces presidente soviético Mijail Gorbachov que derribase el Muro: "Mr. Gorbachev, tear down this wall!".