El presidente de UNICEF, Anthony Lake, conversa con alumnos durante una visita a un centro comunitario de Iztapalapa, en la Ciudad de México. Foto EFE
Asela Viar/EFE-Reportajes
Miles de niños y jóvenes indígenas son excluidos del sistema educativo mexicano por falta de recursos o por discriminación.
México, D.F..- "Tuve que dejar de estudiar en tercero de secundaria para ayudar a mi mamá, pero claro que me gustaría volver, sería maestra", cuenta Cecilia Avila, de 18 años y la mayor de tres hermanos, mientras sostiene una libreta a las puertas del centro Hia Nga, (flor de nube, en lengua triqui) en Iztapalapa, al este del Distrito Federal.

Aunque ella nació en la Ciudad de México, sus padres, de etnia mixteca y originarios de Oaxaca (sur del país), se trasladaron a la capital buscando, como muchas otras familias, un futuro esperanzador para sus hijos, alejados de los sueldos de subsistencia del campo.

Esta joven, que asegura con orgullo que sus hermanos pequeños sí estudian, trabaja de noche en una empresa maquiladora donde arma periódicos y durante el día se encarga de las tareas del hogar mientras su madre está fuera.

Sin embargo, su rutina cambia todos los martes y jueves por la tarde, cuando acude a este centro de aprendizaje en el que recibe clases en la lengua de sus padres, el mixteco.

Junto a Cecilia, otra joven de 18 años, Ana Gabriela, explica que ella también tuvo que abandonar los estudios, en su caso por quedarse embarazada. Ahora mantiene a su hija con la ayuda de su familia y con lo que recibe en las casas donde limpia.

De etnia masateca, padres oaxaqueños y nacida en el DF, indica que si pudiera volver a estudiar desearía matricularse en "computación", pero rápidamente recuerda, como si se lo dijera a sí misma, que "si no hay dinero, hay que trabajar".

Sin embargo, sin desanimarse y con una gran sonrisa, precisa que ir al centro le permite convivir con chicos de su edad y aprender no solo matemáticas o historia, sino también otras lenguas originarias de México.

En total, existen 160 centros comunitarios de aprendizaje en la Ciudad de México, coordinados por la red de comunidades indígenas y apoyados por la Secretaría de Educación del gobierno capitalino, que pretenden ofrecer una segunda oportunidad para quienes tuvieron que abandonar la escuela.

REFORZAR LAS RAICES

En esta delegación de Iztapalapa, una de las más pobladas y desfavorecidas del Distrito Federal, hay 20 centros en los que se atiende a 3,422 niños y adolescentes indígenas, la mayoría de etnia triqui, tarasca, mixteca, otomí y nahua, según datos de una encuesta realizada por Unicef y la Secretaría de Educación del Distrito Federal.

La mayoría proceden de familias emigrantes que acuden a la capital del país desde las zonas rurales de México en busca de mejores oportunidades, según explica Fernando Trinidad, coordinador general indígena de los centros educativos de la delegación.

"En el campo no hay empleo y la siembra solo alcanza para el autoconsumo, así que vienen para desarrollarse y superarse, pero llegan aquí y están peor porque sin cualificación no es fácil encontrar un trabajo", indica.

La realidad de estas familias pasa por condiciones precarias de vida y de trabajo y por problemas de discriminación, que repercuten directamente en el desarrollo de los más jóvenes.

"Sienten que los rechazan, que violan sus derechos, les discriminan, manipulan y explotan. La realidad es que están viviendo una situación sumamente difícil", denuncia Trinidad.

Por ello defiende el papel de los centros comunitarios para ofrecer una alternativa educativa que permita "sacar adelante" a la juventud indígena dándoles una oportunidad de afrontar lo que considera una "carencia" de los programas de apoyo o becas destinados a este colectivo.

Además de reforzar su educación, los centros comunitarios pretenden fomentar las costumbres y tradiciones de los pueblos indígenas para que no pierdan sus raíces.

"Es importante que nosotros les formemos y les hagamos sensibles a la discriminación, que se sientan orgullosos de su cultura, la valoren, la reconozcan, la difundan y sepan la importancia que tiene", apostilla Ana Laura Cruz, profesora del centro Hia Nga.

Esta joven, a cargo de las clases de la tarde, explica que los más pequeños llegan a menudo sin apenas saber español por lo que primero se les alfabetiza en su lengua materna para que el aprendizaje sea progresivo.

"Cuando los niños recién llegados entran a la escuela muchos no comprenden las clases porque no hablan español y los maestros no quieren hacer frente a eso, así que les dicen que se busquen otro colegio", critica.

En las aulas de estos centros comunitarios de aprendizaje también se practica la medicina ancestral y se utiliza la forma tradicional de organizarse, pues las clases se inician a partir de una asamblea informal en la que todos participan y deciden el tema de la lección.

Cruz pone el acento en las dificultades que estos niños padecen a pesar de vivir en una gran metrópoli como México: "Parece increíble que esta situación se dé en plena ciudad, donde se supone que debería de haber más oportunidades para todos", afirma.

"DISCRIMINACION HISTORICA"

Para el director de la Comisión Nacional contra la discriminación (Conapred) de México, Ricardo Bucio, la solución a esta situación pasa por cambiar la percepción de superioridad e inferioridad que hay en la población mexicana cuando se piensa en población indígena.

"Está muy normalizada y asumida en los distintos grupos sociales y tiene una expresión real en la práctica social", apunta.

Esta situación, según la última encuesta nacional sobre discriminación, se materializa en casos de humillaciones, malos tratos, desigualdad de oportunidades o burlas, así como en pobreza y dificultad de acceso a una vida adecuada, insuficientes apoyos del gobierno, marginación de las lenguas indígenas y desempleo.

En este sentido, apostilla que se presentan numerosos retos de carácter institucional, legal, de acceso a la justicia, de política pública, de presupuestos destinados a solucionar esta problemática.

En materia de educación, recuerda que en el año 2011 laConapred emitió una resolución en la que advertía a la secretaría de Educación Pública (órgano federal) de la existencia de discriminación en las escuelas y se le instaba a realizar una serie de tareas para modificar esta situación.

Entre ellas destaca la capacitación de los profesores, el acceso a libros de texto en lenguas indígenas o la regulación de los recursos destinados al sector indígena y no indígena, que ofrezca verdaderas oportunidades a los más jóvenes.

"La discriminación a la población indígena es sistemática, histórica y no tiene que ver solo con un aspecto, es una desventaja que se encuentra presente en prácticamente todos los aspecto de la vida", reconoce.

DESTACADOS:

* Estos 160 centros comunitarios de aprendizaje de la Ciudad de México están coordinados por la red de comunidades indígenas y apoyados por la Secretaría de Educación del gobierno capitalino, que pretenden ofrecer una segunda oportunidad para quienes tuvieron que abandonar la escuela.

* La mayoría de alumnos de estos centros proceden de familias emigrantes que acuden a la capital del país desde las zonas rurales de México en busca de mejores oportunidades, según explica Fernando Trinidad, coordinador general indígena de los centros educativos de la delegación.

* La realidad de estas familias pasa por condiciones precarias de vida y de trabajo y por problemas de discriminación, que repercuten directamente en el desarrollo de los más jóvenes.