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Realizan investigación sobre el origen, desarrollo y consecuencias de la influenza
Esta nota es una investigación bibliográfica realizada por los doctores Luis Córdova Alveláis, Julio Cruz Robles, Ana Delia Realme Vázquez y Josefina Irene Salazar Valdés, alumnos de la Maestría en Investigación Multidisciplinaria en Ciencias de la Salud de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Coahuila.
El pasado 12 de junio la Organización Mundial de la Salud decidió elevar el grado de alerta de la influenza A H1N1 a fase 6. A menos de dos meses del surgimiento de los primeros casos en nuestro país, el padecimiento adquiere la forma de pandemia.
Sus orígenes
A mediados de febrero de 2009 en el condado de San Diego, California, un niño asmático de 10 años de edad se convierte en el primer caso de influenza H1N1 de origen porcino, documentado por el Centro de Control de Enfermedades (CDC) de Atlanta.
A finales de marzo y principios de abril se presentaron en México brotes de enfermedades respiratorias y el 12 de abril se identificó un brote de enfermedades pseudogripales en una pequeña comunidad del estado de Veracruz. El 17 de abril un caso de neumonía atípica en el estado de Oaxaca obligó a las autoridades a implementar mayores medidas de vigilancia epidemiológica.
El 23 de abril se comunicaron a la Organización Panamericana de la Salud (OPS) varios casos por infecciones del virus de la influenza A H1N1, confirmados por pruebas de laboratorio y el análisis de la secuencia genética reveló que se trataba del mismo virus del niño que había sido reportado en California.
Sin embargo, el origen de este “nuevo virus” se remonta a 1918, cuando surge la pandemia conocida como “Gripe Española” que ocasionó 50 millones de muertos.
Bautizando la epidemia
La identificación del virus demostró que éste era una mezcla del virus que produce gripe en los cerdos, por eso se llamó en un inicio “influenza porcina”. En algunos países, al dar a conocer México el surgimiento del brote epidémico y por ser nuestro país el que tenía más casos, los medios de comunicación lo bautizaron como “Influenza Mexicana”.
El análisis virológico demostró que de los dos grandes grupos de virus que producen influenza (A y B), el de la epidemia dada a conocer en abril de 2009 correspondía al A; que la enfermedad afectaba a los seres humanos y que el virus tiene dos glicoproteínas (proteínas unidas a azúcares), una de las cuales produce aglutinación de los glóbulos rojos (hemoaglutinación), y la otra interviene con una enzima, la neuraminidasa.
Con base en todo esto, el nombre correcto de la enfermedad es influenza humana A H1N1.
Los virus no son células, son exclusivamente material genético constituidos por ADN (Ácido Desoxirribonucleico) o ARN (Ácido Ribonucleico), no pueden vivir si no se introducen en una célula; al hacerlo intercambian su material genético con la célula a la cual infectaron.
El virus de la influenza A H1N1 contiene material genético de tres especies: la porcina, de aves y del ser humano. Esto nos indica que en algún momento el virus infectó a cerdos y también a las aves, para finalmente ser capaz de infectar células humanas.
La epidemia día a día
Los datos utilizados por los científicos para conocer el avance de la epidemia los proporciona la Organización Mundial de la Salud (OMS), la cual actualiza su página día a día y puede consultarla en la siguiente dirección de internet: http://www.who.int/csr/disease/ swineflu/en/index.html Al momento de escribir la presente nota (ayer), la epidemia se ha extendido a 76 países en los cinco continentes, se han confirmado 35 mil 928 casos y 163 defunciones han sido atribuidas al padecimiento. El país que mayor número de casos ha reportado es Estados Unidos, con 17 mil 855; seguido de México, con 6 mil 241; y en tercer lugar Canadá, con 2 mil 978.
Los países que mayor crecimiento de la epidemia han registrado a partir del último reporte del 12 de junio son Estados Unidos, Reino Unido, Australia y China. Para nuestra fortuna en México no se reportó ni un solo caso nuevo en ese periodo. Enseguida se despejan algunas de las principales interrogantes sobre el virus A H1N1.
¿Por qué no todos los casos responden a los antivirales?
Al inicio de la epidemia todos los casos respondían a dos nuevos antivirales: oseltamivir y zanamivir.
Recientemente se han reportado casos de resistencia a estos dos antivirales, debido a la gran capacidad de mutación que tienen estos virus al combinarse con material genético del huésped.
¿Por qué es menor la mortalidad en países como Canadá y Estados Unidos?
La respuesta es polémica, son varios los factores que pueden incidir en la mortalidad. La accesibilidad a los servicios médicos, la calidad de la atención que reciben los pacientes y la prontitud con la cual se inicia el tratamiento antiviral son algunos de los factores que explican la menor o mayor mortalidad.
En los países desarrollados la automedicación es un fenómeno inexistente, en nuestro país es una práctica común que en casos de influenza retarda el diagnóstico oportuno. Recordemos que los antivirales señalados resultan de utilidad en las primeras 48 horas de iniciados los síntomas.
Por otro lado, la rapidez en el reporte de los casos confirmados es muy diferente en países desarrollados y subdesarrollados. En nuestro país, los primeros casos de la epidemia tuvieron que ser enviados a Canadá y a Estados Unidos para su confirmación.
¿Tendremos disponible una vacuna en el corto plazo?
El virus responsable de la actual pandemia muta con mucha rapidez, este hecho explica el porqué no será factible contar con una vacuna eficaz a corto plazo. Los organismos internacionales ya trabajan para proporcionar a la industria farmacéutica el material biológico necesario para elaborar una vacuna; sin embargo, debido a que la eficacia de la vacuna varía de una persona a otra según la edad o el estado general de salud de cada una, cuando esté disponible se tendrá que valorar si servirá la vacunación masiva contra estas nuevas cepas de influenza A. Finalmente una mala noticia: la vacuna no se regalará a los países pobres, éstos tendrán que pagarla y eso sin duda influirá mucho en la propagación del mal.
¿Cómo se confirma la infección por este nuevo virus?
El CDC ha desarrollado un examen en tiempo real para la reacción de la cadena transcriptasa reversa polimerasa, que es el método más seguro para tipificar al virus.
Este método no está accesible en todos los países, en algunos se utilizan métodos poco exactos que generan errores en el diagnóstico.
¿Ya pasamos lo peor o está por venir?
Los expertos quisieran contestar esta interrogante. El 11 de junio, Margaret Chan, directora general de la OMS, decretó el pase del nivel 5 al 6, que es la fase máxima de alerta ante una epidemia, dando así paso a la primera pandemia del siglo. Hasta el momento el virus afecta fundamentalmente a personas jóvenes y su mortalidad es relativamente baja (2%); sin embargo, Chan advirtió que dadas las condiciones de pobreza de grandes regiones del mundo, debemos prepararnos para ver un crecimiento del mal.
Además dejó bien claro que los países que hemos detenido la epidemia debemos estar preparados para una segunda ola de la enfermedad cuya gravedad aún no es predecible. Es factible que esto suceda en octubre del presente año, cuando ya tendremos la vacuna, pero, ¿existirán los recursos médicos necesarios para afrontarla? Si las consecuencias económicas de esta primera fase fueron devastadoras, ¿qué ocurrirá en unos cuántos meses?
Algo sí es cierto, es la primera vez que los científicos han podido observar una epidemia en “tiempo real” y lo que aprenderemos de ella es incalculable.
sc