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Margarita Zavala con vida propia

Si hay alguien con popularidad en las filas del PAN, esa es Margarita Zavala Gómez del Campo de Calderón.

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sábado, 23 de enero del 2010

  • Si hay alguien con popularidad en las filas del PAN, esa es Margarita Zavala Gómez del Campo de Calderón.

La primera dama de México es el personaje albiazul más respetado por su trayectoria y su congruencia en el pensar y el hacer.

Descendiente de una familia de cepa panista, la hoy primera dama de México nació el 25 de julio de 1967.

De llegar a ser la candidata albiazul a la Presidencia, además de ser la primera mujer que postulara el PAN rumbo a Los Pinos, sería la aspirante más joven. En 2012 tendría 44 años.

Hija de Diego Zavala, magistrado del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal, y de la abogada Mercedes Gómez del Campo, Margarita es hija de la cultura del esfuerzo.

Abogada por la Escuela Libre de Derecho, se tituló con una disertación sobre la Comisión Nacional de Derechos Humanos. Su trabajo mereció el reconocimiento de Tesis Laureda.

Desde muy joven se despertaron sus inquietudes políticas, siempre orientadas hacia las preocupaciones sociales y a su lucha por la igualdad de género.

Su ideología política se forjó de la mano de las tesis sustentadas por Manuel Gómez Morín, Adolfo Christlieb Ibarrola, Efraín González Morfín y Luis Calderón Vega, padre de quien más tarde sería su esposo y compañero político.

En el PAN colaboró  en la Secretaría Nacional Juvenil, en el Comité Directivo Regional del Distrito Federal y fue una joven muy activa en la campaña de Manuel "El Maquío" Clouthier.

De hecho, fue "El Maquío" quien por azares del destino terminó por reunir a una Margarita Zavala de 17 años con el joven Felipe Calderón de 22.

Ella era una citadina de la Ciudad de México. Él, un provinciano venido de Michoacán, siempre nostálgico y añorante de su natal Morelia.

Su momento de encuentro se dio el 19 de noviembre de 1984, cuando Margarita acudía a los cursos de adoctrinamiento que se impartían en el Centro de Capacitación del PAN.

Y en medio del bosque, con un grupo de jóvenes entre los que se encontraba Felipe Calderón, ella escuchaba con atención la arenga que el aguerrido Manuel "El Maquío" Clouthier les compartía a aquellos herederos de los sueños de Manuel Gómez Morín.

Forjada

Y para entender el crisol en el que se forjó la hoy primera dama, basta recordar que eran los días en que "El Maquío" se había lanzado como predicador político a lo largo y ancho de México.

Sus discursos contagiaban la urgencia de cambiar el sistema político y de convencer a los panistas de que debían dejar de ser un partido "nacido para perder".

Para entonces habían pasado apenas dos años de la nacionalización de la banca. Eran los días en que Margarita veía cómo México se convulsionaba en medio de la crisis heredada por José López Portillo. 

Una crisis que Miguel de la Madrid confrontaba para evitar que el país se le deshiciera en las manos en una lucha contra una severa espiral inflacionaria y una recurrente devaluación.

Eran los días en que México se estremecería con aquel temblor del 19 de septiembre de 1985. Un sismo que sacudiría también al sistema político mexicano, del que emergerían nuevos liderazgos de izquierda. Lo mismo de Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo, que de René Bejarano y Dolores Padierna.

El día de su coincidencia con Margarita, Felipe Calderón asistía a ese encuentro de jóvenes en El Ajusco en plan de conferencista. Su misión era compartir con otros más jóvenes que él la historia del PAN y los estatutos del partido.

Ahí aprendería Margarita el "antiguo testamento" del PAN. De la mano del joven Calderón, que buscaba que no se dieran desviaciones a los principios originales.

Eran los días de las disputas internas en las que los panistas doctrinarios luchaban contra la embestida de los pragmáticos, que con Pablo Emilio Madero al frente se habían apoderado de la Presidencia nacional del PAN.

El Instituto de Capacitación Política del PAN se había convertido en un refugio para un puñado de jóvenes "doctrinarios" que habían logrado sobrevivir al partido. En sus filas estaban Margarita Zavala y Felipe Calderón. Su mentor: Carlos Castillo Peraza.  Y si el joven Felipe Calderón traía el blindaje doctrinario heredado de su padre Luis Calderón, Margarita Zavala también traía su propia historia panista.

Su madre, Mercedes Gómez del Campo, había sido precursora en su juventud de las incipientes luchas panistas. Activista católica, era una mujer de armas tomar.

Un ejemplo de esa templanza se dio cuando la madre de Margarita estudiaba en San Luis Potosí  en la época del general Gonzalo N. Santos, "El Alazán Tostado".

En ese entonces, la joven Mercedes tuvo el arrojo y el valor civil de ir a la redacción de un periódico potosino para exigir la publicación de una nota: "La señorita Mercedes Gómez del Campo, presente en la redacción de este diario, exigió que se aclarara que ella es universitaria y que no apoya ni aplaude al gobernador Gonzalo N. Santos".

El hecho causó la ira del gobernador, y la joven Mercedes debió abandonar San Luis Potosí. Se fue exiliada al Distrito Federal, donde estudió en la Escuela Libre de Derecho, el alma máter en el que más tarde estudiarían su hija Margarita y su yerno Felipe Calderón.

La madre de Margarita fue consejera nacional del PAN en los tiempos de Adolfo Christlieb Ibarrola. Ahí conoció a don Luis Calderón Vega, padre de Felipe y cofundador del PAN con Manuel Gómez Morín.

Doña Mercedes Gómez del Campo se casó con un abogado como ella. Era un apasionado de la fiesta taurina de nombre Diego Heriberto Zavala Pérez que llegaría a ser magistrado del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal.

Coincidentemente, también terminaría como compañero de bancada de Felipe Calderón cuando el ahora presidente fue diputado federal por primera vez en 1991.

El matrimonio Gómez del Campo procreó siete hijos, educados todos bajo la batutade quien era considerada "el pilar" de la familia: doña Mercedes.

Esa fue la educación que recibió Margarita. Entre libros de derecho y el activismo político contestatario de sus padres.

Un activismo que se traduciría para Margarita y Felipe en travesuras políticas, como la de entrar a Los Pinos en los tiempos de Miguel de la Madrid escondidos en la cajuela de un auto.