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Madres a la obra

Rosario Castellanos escribía "para que las mujeres viéramos reflejadas nuestras posibilidades de vida, para que estuviéramos conscientes de que podíamos intentar otros caminos que no fueran la soltería ominosa, ni un matrimonio apresurado, ni una soledad mortal".

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sábado, 10 de mayo del 2008

Para la autora de "Mujer que Sabe Latín", y para numerosas creadoras, desempeñar los roles de escritora y madre en forma simultánea jamás podría ser descrito como tarea sencilla.

Aunque la chiapaneca tuvo un hijo, Gabriel Guerra Castellanos, siempre se identificó con la causa feminista y sostuvo que "la mujer mexicana no se considera a sí misma como una mujer real a menos que se pruebe a sí misma que puede ser fértil y el halo de maternidad brille entonces sobre ella".
De la misma opinión era Simone de Beauvoir.

La autora de "El Segundo Sexo" decía que la idea de la maternidad era una invención cultural reciente: "Desde la infancia a la mujer se le dice repetidamente que ella está hecha para el cuidado de los niños, y que los esplendores de la maternidad siempre están pendientes sobre ella".

En el otro extremo, la poetisa Gabriela Mistral expresó alguna vez que las "profesiones naturales" de la mujer tenían que ver con la crianza de los niños, como "maestra, médico, enfermera, directora de beneficios, defensora de menores, creadora en la literatura de fábula infantil, artesana de juguetes".

También habló en contra de aquellas mujeres que rehuyen tener hijos por considerarlos una carga económica. La maternidad era para ella un aspecto decisivo de su identidad femenina, tal vez porque nunca pudo ejercerla.

Tema recurrente

Todas las expresiones literarias y artísticas han encontrado en la maternidad una veta prolífica y es que madres hay muchas: abnegadas, sufridas, autoritarias, tiernas, fuertes, ausentes.

En las artes plásticas renombrados pintores abordaron la figura materna en su obra, como Pablo Picasso, Edgar Degas, Gustav Klimt, Joan Miró, Marc Chagall, Henri Toulouse-Lautrec y Diego Rivera. Tampoco faltan, aunque en menor número, pintoras como Elisabeth-Louise, Mary Cassat e incluso Frida Kahlo.

El tema materno también aparece constantemente en la literatura y las escritoras no dudan en mostrar sus lados oscuros, es el caso las premios Nobel de literatura Elfriede Jelinek y Doris Lessing.

En México existen varias escritoras que le dedicaron tiempo y tinta a este rol femenino: Elena Garro, Inés Arredondo, Rosario Castellanos, Silvia Molina, Mónica Lavín, entre otras.

Es muy amplio el abanico de mujeres que toman la palabra y cuentan su versión de este rol femenino, porque a fin de cuentas no hay escritora que no esté vinculada con la maternidad, sea como madre o hija.

Madres y libros

La escritora Ethel Krauze, quien participó en el libro "Atrapadas en la Madre" -editado por Alfaguara en 2007- sostiene que la palabra madre tiene múltiples significados.

"Es un concepto al que rellenamos de la más intensa emotividad y que, por eso mismo, mantenemos a resguardo entre las sombras. La palabra es muy fácil de usar, lo mismo que un trapeador, sirve para cualquier superficie. Pero el concepto es el que resulta desafiante".

Y no sólo es un reto descifrar el significado de la palabra madre, también compaginar este rol con el trabajo profesional. Pero hay mujeres que además añaden una carga extra a estas tareas: escribir.

Claudia Luna es madre de Andrea, trabaja en el Museo del Desierto y, además, es escritora
Ser madre y escritora para mí ha sido más fácil que para mi hija.

Ella me da más de lo que yo le doy, debo decirlo. Me acompaña, me entiende, me educa; sobre todo me educa. Ella es otra visión, sutil y alegre. Sus experiencias me permiten estar abierta, ver el mundo de otro modo.

"La vida de Andrea por sí sola me alimenta como madre y como escritora. No se me olvida cuando estaba pequeñita y me preguntó: `Mamá ¿cómo nacen las piedras?'. ¡Me quedé girando!".

Para la escritora su obra y la maternidad no están para nada reñidas.

"Se dice que un hijo limita el desarrollo profesional, pero no concibo una diferencia entre maternidad y escritura. Yo no lo veo así; claro que es muy duro, mucho; porque un hijo no es un compromiso que puedas postergar.

Sin embargo, aún con las batallas cotidianas o la escasez, no cambiaría mi vida por una vida sin Andrea. Me gusta discutir con ella, mirarla cuando se aleja caminando.

Ella es mi tatuaje. Me obliga sin saberlo, a ser congruente, o al menos honesta con lo que escribo. Como yo lo veo es: mi mejor poema, el único, es Andrea".