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Los 'anti Nobel' 2013, las peores investigaciones científicas

Este año, por primera vez, los ganadores se han llevado cierta suma de dinero: billones de dólares de Zimbabwe, que equivalen aproximadamente a 4 dólares norteamericanos.

Por:   Agencias

domingo, 15 de septiembre del 2013

  • Foto: Internet
Un experimento que demuestra que las personas ebrias se consideran más atractivas y otro que muestra que los escarabajos peloteros extraviados pueden usar la Vía Láctea para encontrar el camino de vuelta a casa son algunos de los trabajos premiados en los premios Ig Nobel 2013, el galardón que la revista Annals of Improbable Research entrega desde hace 23 años a los descubrimientos científicos más extraños y capaces de despertar una carcajada. Según Marc Abrahams, organizador de la ceremonia, el objetivo de este premio no es otro que hacer que la gente se ría y piense.

Este año, por primera vez, los ganadores se han llevado cierta suma de dinero: billones de dólares de Zimbabwe, que equivalen aproximadamente a 4 dólares norteamericanos.

Entre los ganadores se encuentran también Masanori Niimi y sus colegas de la Universidad de Teikyo en Tokyo (Japón), premiados por analizar el efecto que surtía en ratones trasplantados del corazón escuchar óperas de Verdi y Mozart.

En el terreno de la Física, el premio fue para un estudio del italiano Alberto Minetti, de la Universidad de Milán , sobre cómo de débil debería ser la gravedad de un planeta para que alguien pudiera atravesar un lago corriendo sobre su superficie sin hundirse.

El estadounidense Brian Crandall se llevó a casa el premio de Arqueología por un estudio para averiguar si los huesos de pequeños mamíferos encontrados en sitios arqueológicos habían sido comidos por personas o por otros mamíferos, de forma que desarrollaron un experimento en el que los voluntarios debían tragarse musarañas casi enteras y entregar sus excrementos a los investigadores durante varios días para el análisis.

Por su parte, el japonés Shinsuke Imai se hizo con el premio de Química por descubrir cómo crear, a través de modificaciones genéticas, una cebolla que no haga llorar pero que conserve el mismo sabor.


Por Elena Sanz para Muy Interesante