Si Humberto Moreira sigue dominando las pantallas de televisión, se volverá altamente peligroso, y no sólo para sus adversarios
Los presidentes del PAN, Gustavo Madero; PRI, Humberto Moreira, y PRD, Jesús Ortega, debatieron en el espacio de Carlos Loret de Mola en Televisa.
Allí se proyectaron los estilos, alcances y limitaciones de los dirigentes de las tres fuerzas políticas del país.
Este debate es una excelente herramienta para hacer grupos de enfoque que arrojen datos cualitativos sobre las fortalezas y debilidades de estos personajes.
Nos indica por qué los ciudadanos se alejan de la política y por qué los partidos políticos aparecen en el sótano de la credibilidad de los mexicanos.
En televisión, el público no presta mucha atención al discurso, se fija más en la actitud y el lenguaje corporal. No olvidemos el debate entre Richard Nixon y John F. Kennedy: quienes lo escucharon por radio dijeron que había ganado Nixon, mientras que el público televidente dio el triunfo a Kennedy.
Una actitud relajada, simpática y hasta antisolemne genera empatía. Y si se acompaña de un mensaje simple, habrá buena respuesta.
El mensaje
Los tres dirigentes hablaron para ellos mismos. Sus discursos estaban dirigidos al círculo rojo, no a los ciudadanos, por eso recurrieron a términos como ingreso-gasto, PIB, términos reales, punto dos por ciento, etcétera.
La terminología y los argumentos pueden ser válidos, pero no necesariamente para impactar a la audiencia ciudadana que no domina los tecnicismos.
Quien simplificó su mensaje fue Humberto Moreira. El priísta habló del precio tan elevado que han alcanzado el pan y la tortilla, lo cual pega directamente en el bolsillo de los mexicanos. Y cuando decía: “los mexicanos saben a qué me refiero”, “las amas de casa que nos ven”, pretendía incluir a los televidentes.
Madero se vio muy coloquial cuando habló de “los batos” del PRI, expresión típica de algunas ciudades del norte del país. Y también cuando comparó al PRI con un carro porque frena las reformas.
El más retórico fue Jesús Ortega. Su mensaje fue más elaborado y, por lo tanto, menos recordable. Habló de nacionalismo revolucionario y liberalismo en lugar de tocar los temas que afectan a la población del Estado de México, que era el tema del debate.
En la guerra electoral, en la confrontación y el debate, gana quien lleva la agenda al terreno que le es favorable. Y eso fue lo que hizo Humberto Moreira. En cambio, sus contrincantes no lograron tocar los temas locales del Estado de México.
Gustavo Madero y Jesús Ortega perdieron la oportunidad de hablar del hartazgo de la gente frente a los temas locales del día a día: inseguridad, robo de autos, pobreza extrema, asesinatos de mujeres, ineficiencia policial.
Prefirieron debatir los asuntos nacionales recurriendo a una interminable guerra de cifras. Y Moreira respondía con tarjetas muy gráficas.
Lo peor fue cuando Madero entró al terreno de las cifras y admitió: “(…) sí, ésa es la percepción, lo que tenemos que darle a la gente es la información...”.
La imagen
El mejor momento fue cuando Humberto Moreira mostró las fotografías de Andrés Manuel López Obrador y Felipe Calderón para preguntar a sus contrincantes cuál de los dos era su presidente.
El recurso de Moreira de llevar tarjetas para reforzar su mensaje es muy bueno para televisión, pero tiene que dominar su manejo. Si no, se puede repetir la experiencia de Roberto Madrazo en 2006, cuando tiró las tarjetas de apoyo en pleno debate presidencial.
En cuanto a lenguaje corporal, hubo momentos en que Jesús Ortega parecía estar molesto. Gustavo Madero mantuvo una actitud amable, pero agachaba demasiado la cabeza. En contraste, Moreira se portó como el típico maloso de la clase que termina por hacerse simpático.
El formato del debate nos permitió conocer las habilidades de estos personajes para enfrentarse entre ellos y con los ciudadanos. Y a través de sus palabras, pudimos darnos cuenta de su cercanía o lejanía de la gente.
Después de un encuentro de este tipo, la audiencia no recuerda las cifras ni las palabras, sino las actitudes, el detalle simpático o sorprendente.
Por lo pronto, está claro que los dirigentes partidistas no son sensibles a los problemas del ciudadano común, pero si Humberto Moreira sigue dominando las pantallas de televisión, se volverá altamente peligroso, y no sólo para sus adversarios, sino también para quien hoy ocupa el palacio de gobierno del Estado de México.
‘Bordado fino’
El líder nacional del PRI, Humberto Moreira, comenzará “el bordado fino” de la estrategia del partido rumbo al 2012 basada en la unidad y cohesión de su militancia.
En los próximos días, el dirigente priista se reunirá con los presidentes de todos los comités estatales del tricolor para entablar una nueva estrategia de comunicación interna que siente las bases de un ejercicio permanente de diálogo.
Luis Hevia Jiménez, presidente del PRI en Yucatán, afirmó que su partido ha aprendido de las derrotas, ya que “pecarían de ingenuos al pensar que será fácil” el proceso electoral del 2012.
Por ello afirmó que la dirigencia nacional del PRI junto con sus dirigentes estatales comenzarán a “bordar fino, con sensibilidad política” para evitar sorpresas rumbo a la elección presidencial.
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