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'La mona': La vida en una inhalada

La pobreza impulsa el crecimiento del consumo de solventes baratos como droga de inicio, sobre todo en niños y adolescentes

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domingo, 27 de febrero del 2011

  • La pobreza impulsa el crecimiento del consumo de solventes baratos como droga de inicio, sobre todo en niños y adolescentes

MÉXICO, D.F.- El director de un bachillerato del poniente de la Ciudad de México está preocupado porque alrededor de la mitad de los 800 estudiantes de su colegio consumen inhalantes.

La primera estopa impregnada con PVC que vio fue hace cuatro años. Y desde entonces la cantidad de adictos ha ido creciendo rápidamente. Inhalan en los pasillos y en las calles cercanas a la escuela. La amenaza de ser expulsados si se atreven a sacar "La Mona" durante las clases no ha amedrentado a todos. Los consumidores tienen entre 15 y 18 años y no hay distinción de género. Lo hacen niñas y niños.

"El Diademas", un adolescente de 16 años al que le apodan así porque tiene una cicatriz en la cabeza que lo recorre de oreja a oreja, fue uno de los primeros "dealers" (vendedores de droga) que sacó de las tlapalerías el PVC, un pegamento que se utiliza para plásticos, para venderlo en este bachillerato. Él comenzó a ofrecer bolitas de estopa con el solvente mezclado con chicle o fresas molidas, para darles color y sabor.

Este muchacho encontró en el bachillerato público del poniente de la ciudad una tierra fértil. La pobreza de los muchachos fue el caldo de cultivo para que floreciera el negocio del "El Diademas". De a tres pesos, sin sabor, y de a cinco, con sabor y color rosado. Este último producto está de moda entre las chicas. Desde hace cuatro años "La Mona" se instaló en los pulmones y en los cerebros de los estudiantes.

Regular la venta en tlapalerías

El procurador de Justicia del Distrito Federal, Miguel Angel Mancera, dijo que en breve se contará con una lista donde se señalen los puntos de comercialización de inhalantes como el PVC. El propósito es que no se le vendan estos productos a menores de edad. "Será un trabajo conjunto con el Instituto de Verificación Administrativa del Distrito Federal (Invea-DF), porque si un establecimiento mercantil está vendiendo algo que está prohibido o sustancias ilegales se clausurará el establecimiento".

Dijo que en las reuniones generales que ha tenido con los jefes delegacionales del DF se ha llegado a un acuerdo para hacer un señalamiento específico de los sitios donde se comercializa este pegamento que los menores de edad recientemente han adoptado como droga recreativa.

"Estamos trabajando con la policía preventiva y la policía de investigación para reforzar todos los programas que sean necesarios y evitar la corrupción en estos puntos de venta", afirmó el funcionario.

La semana pasada, el delegado de Alvaro Obregón, Eduardo Santillán Pérez, aseguró que la demarcación arrancará en los próximos días un programa denominado "Cero Venta de Activo en Tlapalerías", para inhibir la comercialización de las latas de PVC a niños y adolescentes.

"Se pretende que en las 200 tlapalerías, los dueños regulen la venta de la sustancia, y así se evite la facilidad con la que se obtiene esta droga. Una lata de activo cuesta entre 20 y 30 pesos, y pueden producirse hasta 40 monas".

Por hambre y por recreación

Bruno Díaz, subdirector de Investigación de los Centros de Integración Juvenil (CIJ), dice que desde hace seis años ha habido un repunte en el consumo de inhalantes entre los estudiantes de secundaria y preparatoria, y estima que de seguir esta situación, para 2015, los solventes como el PVC superarán al consumo de mariguana como droga de inicio entre los chavos.

El problema también se ha agravado en otros estados como Hidalgo, México, Morelos, Querétaro y Guanajuato, donde el solvente que utilizan los adolescentes es "agua celeste", parecido al thiner, pero que se aplica en la industria del calzado y de la piel.

En el Distrito Federal el solvente que reina es el PVC, aunque los adolescentes pocas veces saben qué es lo que están consumiendo porque suelen adquirirlo a través de "dealers".

Bruno Díaz cuenta que a los CIJ cada vez llegan más chavos que consumen inhalantes. Lo utilizan los niños en situación de calle por su bajo costo y porque quita el hambre y el frío.

Pero también hay consumidores que no lo inhalan por hambre ni por frío. Los usan como droga recreativa.

"Se me va la onda"

Iracema es cliente de "El Diademas". Ella es una de las decenas de chicas que han sido sorprendidas con "la mona" en mano dentro de la escuela. "Cuando mandaron llamar a mi mamá porque me cacharon, ella me dijo que ni para drogarme servía, que había caído en lo más bajo, que me drogaba como niña de la calle", cuenta.

Los chavos de su barrio, cuenta Iracema, lo consumen en la escuela, en la calle y en las fiestas "Yo lo hago de puro coto", dice. Se refiere a que le gusta inhalar por seguir a los demás. Aunque también se da cuenta que desde que consume PVC su cerebro trabaja más lento. "A veces se me va la onda, no respondo cuando me hablan o me quedo en mi viaje hasta que mi mamá aplaude fuerte y me dice: `Iracema, sigue en la pin... luna, eh'".

Lo que Iracema resume como "se me va la onda" tiene muchas implicaciones médicas. Raúl Fernández Joffre, director del Centro Toxicológico del Distrito Federal, explica que "el cerebro se les deshidrata por dentro. Los inhalables actúan como un depresor que en una primera etapa les permite ser más sociables pero, como se trata de hidrocarburos, tienen un efecto grave en la corteza del cerebro. Éste se atrofia, hay pérdida de la vista, de las funciones motoras, dejan de tener contacto con el mundo real. Pueden tener fallas en las vías respiratorias que los puede llevar a una muerte súbita porque se produce un problema de neumotórax. Es decir, al inhalar se puede romper el pulmón".

El efecto es corto. Dura una o dos horas. Se presenta euforia, hiperactividad, hilaridad, alucinaciones auditivas y visuales. Las primeras sensaciones podrían asemejarse a la embriaguez etílica. Cuando la dosis inhalada se incrementa, aparece una depresión del sistema nervioso central con confusión, torpeza mental, cefalea. Además, la presencia de vapores químicos con el aire inspirado disminuye la presión parcial de oxígeno.

Pero lo que para estos niños es un juego, para el doctor Joffre significa un asunto de vida o muerte. En el Centro Toxicológico que él dirige también hay señales alarmantes de esta adicción. "50% de los casos que llegan al Centro para desintoxicarse pertenecen al grupo de inhalantes. Ninguno de ellos está consciente de que la vida se les puede ir a la primera inhalada", dice.

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