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La fe desde el silencio

Todos los domingos a las 11 de la mañana fieles de la comunidad sorda acuden a la Iglesia de San Hipólito, donde utilizan como herramienta la lengua de señas mexicana `para recibir la santa misa'

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domingo, 31 de julio del 2011

  • Todos los domingos a las 11 de la mañana fieles de la comunidad sorda acuden a la Iglesia de San Hipólito, donde utilizan como herramienta la lengua de señas mexicana `para recibir la santa misa'. Foto: Vanguardia/Especial

MÉXICO, DF.- Este domingo Amairani quiere confesarse. Está frente a un sacerdote del Templo de San Hipólito, y lo hace en lengua de señas mexicana (LSM).

Ambos, el sacerdote y la joven, se comunican sin ninguna dificultad, y Amairani está contenta de que así sea; pues antes, en otras iglesias, tenía que contarle primero "sus pecados" a Isadora su madre, para que ella se los "tradujera" al sacerdote; y esto, por supuesto, le disgustaba.

Isadora fungía entonces como "intérprete" de su hija. Amairani es sorda. Nació hace 15 años con pérdida auditiva profunda.

Ahora, y desde que descubrió la doctrina para sordos que se imparte en este templo, esta joven de 15 años ha adquirido autonomía, puede confesarse a su modo, con privacidad, y en su propio lenguaje: el de señas mexicana; además de asistir a misa junto con sus familia, amigos y compañeros de la comunidad sorda. Para ella, lo espiritual es importante.

El sacerdote, y su confesor, también conoce la lengua de señas mexicana, pues los que ofician en la Iglesia de San Hipólito se han ocupado, desde 1905, de las necesidades espirituales y de educación para sordos.

Amairani, ciertamente no escucha los coros de la música, pero canta, porque frente a ella y desde el altar principal varios jóvenes voluntarios que conocen la lengua de señas mexicana e intérpretes simultáneos de LSM, apoyan la ceremonia religiosa. A su lado, hay un grupo de jóvenes sordos para los que fueron reservadas las bancas de la izquierda del templo.

Durante la oración del Padre Nuestro toda la comunidad sorda acerca su zapato al de su vecino como símbolo de unión. Sus manos están ocupadas; pero sus pies se tocan.

En la Iglesia de San Hipólito, más conocida como de San Judas Tadeo, santo de los casos difíciles y desesperados, todos los domingos a las 11 de la mañana las primeras 20 bancas están reservadas para la comunidad sorda.

Amairani y su familia han recorrido un trayecto de dos horas para llegar a misa esa mañana. Viven en Tepoztlán, y es justamente ella, la mayor de los hijos, quien pide a sus padres no faltar. Amairani ya se comunica en lengua de señas mexicana con sus dos hermanos menores. Ellos también la acompañan a misa desde hace cuatro años.

Después, ella se reunirá en el mismo templo con la comunidad conformada por cerca de 200 personas sordas, para recibir distintas doctrinas, cursos culturales y actividades sociales.

En este templo, los servicios hacia la comunidad sorda comprenden la confesión, los trámites prematrimoniales: bodas; primeras comuniones, 15 años, la misa dominical en lenguaje de señas y los ejercicios cuaresmales.

Es frecuente que las personas sordas se casen entre sí, pues la comunicación entre ellos suele ser más efectiva que entre un sordo y un oyente.

En México, esta herramienta de comunicación para sordos fue rescatada por sacerdotes católicos de la orden claretiana a principios del Siglo 20, para impartir servicios religiosos en la iglesia de San Judas Tadeo.

Adolfo Villaseñor Rangel, misionero claretiano que interpreta con LSM las ceremonias de los domingos, destaca la importancia de integrar a las personas sordas a la comunidad, "pues suelen vivir muy aisladas".

Quiere aclarar que es un error referirse a las personas sordas, como sordomudas, "puesto que ellas cuentan con la totalidad de su aparato fonatorio: (laringe, cavidad bucal, labios, lengua, paladar) en perfectas condiciones, y si no lo usan correctamente es sólo porque jamás escucharon un sonido y por lo tanto carecen de referencia para emitir los suyos".

UNA MISION TAMBIÉN EDUCATIVA

Fue en este templo, en 1955 cuando se fundó la Academia para Sordos en San Hipólito para la enseñanza básica con materias como: lengua de señas, aritmética, geometría, caligrafía, dibujo, mecanografía, gramática y ortografía. En aquellos años, la escuela estaba anexa al templo de San Hipólito, operando como la única en México.

Al tiempo, en 2000, la Academia para Sordos evolucionó en lo que hoy es el Centro Clotet, Educación al Servicio del Sordo, un colegio propio para sordos con maestros especializados para dar educación de Primaria y Secundaria abierta con certificación a través del INEA-SEP a una población actual de 180 alumnos.

Fue también en este templo donde María Serafín de Fleischmann inició las investigaciones para elaborar el Diccionario de Lenguaje Mexicano de Señas, que se presentó el 24 de julio de 2011.

La autora destaca que la sociedad mexicana desconoce la lengua de señas: "En México los maestros y profesionistas que trabajan con personas sordas desconocen su lenguaje y la atención es francamente inadecuada". Ella aprendió la lengua de señas primero en inglés en Minnesota.

Después laboró en una escuela para sordos donde los maestros son constantemente supervisados para que los alumnos alcancen sus metas escolares. "De no ser así, el maestro enfrenta un juicio y en ocasionas hasta la cárcel cuando no responde profesionalmente con su trabajo y el alumno no alcanza las metas planteadas", comenta.

Para Fleischmann, este diccionario deberá contribuir para que el día de mañana las personas sordas en México puedan estudiar cualquier carrera profesional, como ocurre en Washington, DC, en la Universidad Gallaudet.

Este diccionario es el resultado de la recopilación de señas más utilizadas por la comunidad de sordos, el cual contiene más de 2 mil 226 palabras divididas en 27 temas. "Vamos a encontrar todos los días de la semana, los meses del año, los colores, los números, las relaciones de familia", detalla la autora.

Cada palabra del Diccionario de Lenguaje Mexicano de Señas está explicada paso a paso, para saber cómo hacer la seña, y va acompañada de un dibujo para aclarar la información.

Iván Olvera Rodríguez, coordinador de logística y comunicación del Conadis, comenta en entrevista, que en México tres de cada mil personas tiene discapacidad auditiva o sordera.

Inclusión

Según la Federación Mundial de Sordos, el derecho a la lengua de señas se puede resumir en tres premisas:

Garantía de educación  para las personas sordas de todas las edades y para los miembros de sus familias.

Uso de esta lengua en la educación para estudiantes sordos, así como el uso del bilingüismo y multilingüismo (lengua de señas y lenguas nativas habladas en el país de origen) en aulas.

 Involucrar a adultos sordos en todos los aspectos de la planeación y programación de la educación.

¿Dónde sucedió?