Las Batallas de Papel
Los Niños de Comitán
Si yo creyera en la generosa entrega de algunos colegas y no supiera de la manera como pueden instrumentarse “campañas negras” desde el poder económico, tendría alguna duda respecto a lo que me propongo escribir en este espacio. Como no es así, y bien que conozco las raíces, estimo necesario, una vez más, llamar la atención sobre el extraño comportamiento de algunos medios de comunicación sobre el controvertido caso del ex gobernador de Chiapas, Pablo Salazar Mendiguchía, y la réplica de éste, a través de diversos medios de comunicación, contra el mandatario que ordenó se le investigara hasta reunir los elementos suficientes para aprehenderlo, Juan Sabines Guerrero.
No deja de sorprenderme, aunque hace tiempo perdí mi capacidad de asombro, el hecho de que personajes como Salazar y su testaferro, Mariano Herrán Salvatti, quienes se cansaron las manos de tanto ordenar golpear y perseguir a los periodistas incómodos para ellos, tratando de descalificarlos además con la argucia de que vendían publicidad y gacetillas a las administraciones estatales, sean ahora motivo de una pretendida vindicación pública porque, sencillamente, con ellos se rompió la costumbre de la impunidad, precisamente el 7 de junio pasado, día dedicado a la libertad de expresión, cuando el ex mandatario fue llevado a la prisión “El Amate”, la misma en donde estuvieron recluidos más de 4 mil opositores a su gobierno y especialmente, Conrado de la Cruz Morales, hijo del director general de “Cuarto Poder” de Tuxtla Gutiérrez, a quien se escarnecía, sin posibilidad de defensa alguna, cada que aparecía un señalamiento molesto para Salazar en el periódico. Conradito, como le conocíamos, sólo pudo tener unas semanas de libertad: cuando fue liberado, al terminar el oscuro periodo salazarcista, intentó conseguir visa para ver a su padre, quien había tenido que autoexiliarse para evadir el acoso de los jenízaros de Salazar, sufrió un infarto fulminante que le llevó a la tumba.
Propongo, ya que tanto se empeña en trascender a su periodo, que se construya un nuevo cementerio en la capital chiapaneca, con el nombre de Salazar para inmortalizarlo, en donde reposen los restos de los dos Conrados –el padre murió en el exilio antes de reunirse con su hijo-, y los cuerpecitos de los veintiséis niños de Comitán, muertos en el abandonado Hospital K porque Salazar no quiso apoyar una obra de su antecesor y dejó sin posibilidad operativa alguna al mismo, aun cuando contaba con mil 298 millones de pesos, además de diez más que le entregó la Beneficencia, exclusivamente para la terminación y renovación del centro mencionado, de los cuales sólo llegaron a éste cuatro millones 713 mil pesos. Medrar con los dineros de la asistencia pública debiera ser tipificado, además cuando las consecuencias son mortales y decenas las víctimas, como un genocidio.
Desde luego, Salazar no ha perdido su capacidad de acción dentro del penal ni ha sido aislado como sí le sucedió a decenas de sus víctimas, entre éstas al ya mencionado hijo del periódico líder en Chiapas, y cuenta con amplios recursos pecuniarios –cuya procedencia se ignora porque jamás ha rendido declaración de bienes-, para costearse una multimillonaria campaña de prensa, contratando a diaristas e informadores venales –y engañando a otros que se han creído la historia de una venganza desde el poder-, tratando de ocultar sus delitos asumiendo que su sucesor es peor que él. Tal es la mecánica tortuosa de un pensamiento enfermo profundamente. Y cree, por tanto, que cuando cese el mandato de Sabines –quien habrá de defenderse en su momento, supongo, lo que debe tener bien asumido-, saldrá libre de toda culpa y listo para jercer, a su vez, la culminación de una vendetta ya anunciada contra el mandatario que, acusado por él desde su rencor, se atrevió a romper con la impunidad.
¿Ésta es la justicia a la que aspiramos todos?¿Y la democracia? No encuentro sentido entre el origen y el pretendido final de la tragicomedia de Salazar. Mucho menos cuando fui testigo directo, presencial, de algunos de los horrores y desplantes de Salazar en contra de los periodistas independientes. Recuerdo que, al lado d directores de diarios de Jalisco, Oaxaca, campeche y del interior de Chiapas, me planté frente al Palacio de Gobierno, encarando al sátrapa para exigir la liberación de Conrado de la Cruz y el fin de la represión contra el diario Cuarto Poder.
Por lo demás, ¿cómo se atreven quienes le pasan facturas a Salazar a cuestionar la moral de un periódico que aceptaba publicidad oficial, como la aceptan casi todos los diarios del país, incluso por mandato legal? Este es el justificante más perverso, más abominable, de cuantos se alzan para defender al sátrapa que pretendía ser Senador al amparo de Convergencia y de López Obrador –quien bien lo conoce, me consta, porque yo mismo le puse al tanto de sus descocados abusos contra los periodistas locales y de sus amenazas constantes-, y perdió ya, al momento de dictársele auto de formal prisión, todos sus derechos políticos. Como fui testigo, y no hablo a toro pasado como muchos de los ahora involucrados, sé, a ciencia cierta, de la culpabilidad de Salazar. Y dudo, como ya lo he expresado, en la maltrecha justicia mexicana, más la del centro en donde los sueldos millonarios no justifican las vergonzosas, venales sentencias que nos han escandalizado en los últimos tiempos.
Debate
Cree Pablo Salazar Mendiguchía que por haber “comprado” un Amparo ya es merecedor de vindicación pública con derecho a la vendetta contra su sucesor a quien, desde el principio, pretendió sobajar para convertirse en cacique regional. Por eso había dejado la herencia de un “fiscal general”, Mariano Herrán, con periodo extendido para cubrirle las espaldas al ex mandatario, a quien tardó casi dos años en sacudirse el actual gobernador Sabines, sobrino de uno de nuestros poetas con mayor sensibilidad, Jaime Sabines –“Me Gusta Dios”-.
Y es profundamente lamentable que sobren quienes le hagan el juego en esta hora en la que la verdad tiene signos de pesos entre los mercenarios de la comunicación. Nada más vergonzoso. Pero cada uno de los colegas que insisten en la persecución, y no en un acto de justicia por las arbitrariedades palpables de Pablo, debieran siquiera detenerse un instante, hacer un acto de contrición y cuestionarse si vale la pena pasar facturas a costa de las vidas de los inocentes muertos por la negligencia del soberbio ex gobernador. Peor todavía: ¿cómo podrá defenderse la democracia si se sigue exaltando la impunidad como cobijo de quienes acumulan fortunas, robándoselas descaradamente a los más necesitados -recuérdese las inmorales desviaciones de los recursos destinados a rescatar a los indemnizados de la tormenta Stan-, para poder costearse, después, millonarias campañas de prensa a su favor. A mí, sencillamente me repugna.
La Anécdota
Los espíritus de los pobres niños de Comitán deben aparecérseles, todos los días, a Salazar, así como los de los bebés muertos en la Guardería ABC de Hermosillo que recientemente visité. Encoge el alma estar frente a este nivel de perversidad y de injusticia. Y más que eso: duele ser mexicano cuando no hemos sido capaces de poner en su lugar a los grandes predadores, como Salazar o el sonorense Eduardo Bours o el execrable Juan Molinar Horcasitas, ex director del IMSS y ex secretario de Comunicaciones, refugiado ahora en funciones ejecutivas en el PAN de Calderón.
Les queda el tormento interior, pero sin que la justicia haya actuado. Y no puede aspirarse a la libertad ni a la democracia sin justicia. No se ha inventado ninguna otra fórmula.
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