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Infieles: ¿Por qué?

¿Puede la infidelidad salvar nuestra pareja? ¿Es un concepto cultural? ¿Los motivos son distintos para hombres y mujeres? Conozca las respuestas

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domingo, 09 de septiembre del 2012

  • Foto: Vanguardia-Archivo
En las montañas alrededor del lago Lugu, al suroeste de China, viven desde hace dos mil años una etnia de 40 mil personas, Los Mosuo, que no practican el matrimonio. Las familias están dominadas por mujeres y sus hijos, que viven sin preocupación sobre quiénes son sus padres biológicos.

Las madres adoptan a otros niños y ocupan el espacio de los hombres. "La mujer puede tener los amantes que quiera, sin que sea estigmatizada, ya que todos los hijos pertenecen a la comunidad, y los que adoptan adquieren el nombre de la línea maternal", detalla la antropóloga social Judith Stacey.

Las mujeres Mosuo, visten quimonos de seda con sombreros de los que cuelgan collares y dejan perplejos a los occidentales, recoge Stacey en su libro Unhicthed (traducido como Desenganchado, New York University Press). El sexo y la familia están separados por una barrera estricta.

A los 13 años, las chicas reciben en una ceremonia de iniciación lo que en el dialecto Mosuo se llama "cámara de flor", un dormitorio donde pueden invitar, recibir o rechazar a los amantes. Los chicos tienen su ceremonial, aunque no reciben ninguna cama, sino la bendición para que puedan establecer sus relaciones, o practicar el tisese: elegir a cualquier mujer, tener amantes y visitar su cámara de las flores.

El sexo nocturno es un asunto privado. Durante el día, los hombres trabajarán, comerán y colaborarán con las familias que hayan ayudado a crear si así lo desean. La flexibilidad es absoluta. "También hay parejas monógamas, y los hombres pueden formar sus propias familias aparte. Es un ecosistema sexual igualitario", dice Stacey.

Esta investigadora supo de la existencia de Los Mosuo en 1995 y 12 años después estudió su sistema familiar. Los precedentes aireados en televisiones como ABC o programas como Lonely Planet hablaban de una sociedad promiscua donde los hombres eran sirvientes sexuales y donde se animaba a las mujeres a tener amantes.

En vez de ello, Stacey encontró familias donde sus miembros eran felices y convivían en armonía en una sociedad sin padres, papel ocupado por tíos y hermanos. Los Mosuo se enfadan cuando se les tacha de promiscuos por el Gobierno chino, que ha perseguido su modo de vida.

Su maltrecha fama ha atraído el turismo local a esta bellísima región cerca del Tíbet, entre las provincias de Yunnan y Sichuan, y lo que es mucho peor, al turismo sexual: las prostitutas, venidas desde otras regiones de China, se visten con los trajes locales para recibir a los clientes.

El daño traído por los prejuicios culturales puede ser tan destructivo como las armas. Como explica Stacey, los mosuo no conciben el matrimonio. Y eso no tiene por qué ser malo o terrible. "La fidelidad o la infidelidad no existen. Tampoco el divorcio, la soltería, ni quedarse viudo". Mientras que en el resto del mundo, la infidelidad se interpreta como traición.

Stephen Fife, profesor del departamento de Terapia familiar y Matrimoniode la Universidad de Nevada en Las Vegas, comenta inconsistencias en un informe extraído de diversas publicaciones científicas. La incidencia del sexo fuera del matrimonio varía entre un ridículo 1.5 hasta el 50%.

El sexólogo Alfred Kinsey concluyó en los años cuarenta que uno de cada dos hombres casados y una mujer de cada cuatro cometían adulterio alguna vez en su vida. Investigadores sugieren que la infidelidad creció durante las dos grandes guerras mundiales y a su finalización, mientras que otros no están de acuerdo.

Motivos distintos

¿Qué hay más allá de los altos porcentajes de infidelidad? Los motivos que empujan a la infidelidad suelen ser distintos en el hombre y la mujer. Judith asegura que "Por término medio, los hombres son más capaces que ellas a la hora de separar el sexo de las emociones, y en general, ellos tienen más compañeros sexuales. No están satisfechos con la monogamia". El hombre es más infiel, se obstina en decir las estadísticas. Pero no hay que olvidar que por cada hombre infiel, hay una mujer que se arriesga.

"Lo que ha cambiado en los últimos treinta años es que hay muchas más mujeres que participan en aventuras sexuales extramatrimoniales. La evidencia sugiere que ellas son más propensas a hacerlo cuando están descontentas con su matrimonio", indica Stacey.

Los hombres buscan aventuras sexuales incluso cuando están satisfechos con el sexo de su matrimonio. Lo hacen porque les excita. "Ellos son más capaces de tener sexo anónimo que las mujeres. A veces ni siquiera ven a su compañera", asegura.

Para muchas mujeres, estas afirmaciones suenan quizá como un estereotipo en el que no encajan. "Raquel75", apodo bajo el que se oculta la identidad de una mujer de 36 años, extrovertida y amable, cuyo perfil aparece en la agencia de contactos Ashley Madison, especializada en ofrecer a sus miembros, casados o comprometidos, la posibilidad de una aventura.

Ella estuvo casada 10 años, después de un noviazgo que describe como "clásico" con el primer chico del que se enamoró. Relata que tuvo un episodio breve de infidelidad sexual que ocultó antes de contraer matrimonio.

"No dije nada por temor a perder a mi pareja". Posteriormente, antes de la separación, ella estableció relaciones con hombres casados. "Oculté la infidelidad porque pensé que de nada serviría contarlo. Con ello haría que mi marido perdiese la confianza en mí y que la situación se volviera más insostenible". Dice que su percepción sobre las emociones y el sexo ha cambiado. "Antes pensaba que buscaba en un hombre el aspecto más sentimental, pero hoy por hoy, me interesa más el sexo". Y manifiesta que, en algunos casos, una infidelidad puede reforzar los lazos de una pareja. "Algunos hombres me han dicho que mi relación con ellos les ha servido para afianzar su matrimonio.

"A veces una infidelidad hace que te des cuenta de lo que tienes en tu casa y que no quieres perderlo", asegura. También afirma que "hay personas que quieren a su pareja, pero son infieles porque necesitan otra cosa. La aventura no les cambia ni para bien ni para mal", manifiesta.

Castigan infidelidad

Infidelidad y adulterio viene a ser casi lo mismo. De acuerdo con Stephen Fife, las mayores religiones del mundo, el catolicismo, el islam, el protestantismo, tienen reglas sobre la fidelidad matrimonial, y señalan implacablemente a la mujer como la principal culpable.

La ley islámica castiga la infidelidad: se necesitan cuatro testigos hombres para establecer una condena. Escribe el investigador: "Las mujeres islámicas que han sido infieles debido a un embarazo son castigadas por lapidación y flagelación, pero los hombres son dejados libres por falta de pruebas. Irán, Pakistán, Arabia Saudí y Yemen castigan el adulterio con la muerte".

El adulterio abona terreno legal para el divorcio en países como EU, Rusia, Canadá, Israel y Polonia. Una aventura sexual es la mayor amenaza para la psique de un político norteamericano, por el miedo a la reacción de los votantes. Incluso aunque sea virtual.

Inclinación genética

El prestigioso antropólogo Owen Lovejoy, de la Universidad estatal de Kent en Ohio (EU), admite que nuestro comportamiento "matrimonial" es un producto de la cultura, pero advierte que en nosotros anida una inclinación genética a establecer parejas. ¿Por qué?

Los seres humanos y los primates nos hemos hecho más longevos, y en la evolución, el tiempo entre el nacimiento de una cría y la siguiente se ha espaciado cada vez más. Cada cría supuso una inversión valiosísima. Y los pequeños maduran lentamente. En esta situación, "dos padres, incluso aunque uno esté menos implicado, son mucho mejor que uno", relata Lovejoy.

"Con los primeros humanos, la contribución del macho fue liberar a la hembra de sus tareas para que se centrase en los hijos, buscando alimentos para ella". Lo que no implica que, en el pasado remoto, los primeros humanos estuvieran a salvo de infidelidades y engaños. ¡Ni mucho menos! "Para ella, el emparejamiento perfecto sería copular con el macho que tuviera el mayor éxito reproductivo de todo el grupo, aunque no fuera su pareja. De esta forma, su descendencia heredaría los atributos biológicos causantes del éxito del padre auténtico, a pesar de que sus hijos los cuidara otro macho, su compañero actual".

La infidelidad no implica la destrucción de la pareja. Paradójicamente, puede consolidarla. "Mi conclusión es que habría que redefinirla", afirma Stacey, volviendo sobre lo que significa ser fiel en muchas parejas que ha investigado. La integridad de una pareja consiste en dar fe de reglas que no necesariamente tienen que ser únicas y universales para las demás.

"Creo que el principio general es que la gente es diferente en en sus deseos sexuales, en la tolerancia o no, en ser exclusivos o no exclusivos. Tienes que negociar con tu pareja. He conocido hombres para los que se rompería todo por culpa de una aventura sexual. Otra pareja fue monógama cinco años, la llama se extinguió, y se concedieron permiso para buscar relaciones sexuales fuera con la regla de que tienes que decírmelo, tengo que saberlo.

Otra pareja tenía la regla de compartir y traerse los amantes a casa, y otra, la política de no preguntes, no me lo digas, la de puedes hacerlo pero si no quieres romper la relación no quiero saber nada". La monogamia, concluye Stacey, puede ser tan válida como otras opciones, siempre que el acuerdo sea mutuo.

Es fuente de ingresos

La agencia Madison Ashley comenzó su camino en Canadá hace una década. Según la empresa, cuenta con más de diez millones de miembros en todo el mundo y factura alrededor de 38 millones de euros por año, ha logrado 350 mil miembros, el 64% hombres y el 36% mujeres, que permitirán ingresos estimados de cuatro millones de euros).

"Mi previsión", indica su fundador, el canadiense Noel Biderman, "es que podremos alcanzar los veinte o veinticinco millones de miembros". Primera matización importante: cualquiera dispuesto a pagar puede ingresar. No hay requisitos, por lo que sería erróneo catalogar de infieles a todos sus miembros. En cualquier caso, a Biderman se le acusa de fomentar la infidelidad. Se defiende argumentando que siempre ha estado ahí: no se convence a una persona a que sea infiel mediante una publicidad, aunque su empresa haya llegado a anunciarse con fotos del presidente Clinton, el príncipe Carlos de Inglaterra, y el rey Juan Carlos, con el lema de que lo que tenían en común era que "deberían haber usado sus servicios".

"Uno no va a poner en riesgo su relación, su matrimonio o sus hijos por un anuncio. Tomas la decisión (de tener una aventura) porque tu vida no funciona". Biderman cree que la oportunidad y la infidelidad se rozan. Hace cuarenta años, una mujer norteamericana corría muchos riesgos si quería tener una aventura en su pueblo, donde todo el mundo se conocía. Ahora, basta con pulsar unas teclas para facilitar la aventura mediante una plataforma de Internet, sin poner en riesgo el matrimonio o el puesto de trabajo. "Nadie es inmune para comportarse potencialmente de una manera infiel". Admite que la red puede estar detrás del aumento de la infidelidad, pero señala que, paralelamente, en la cultura de los países occidentales, los divorcios crecen en número. El matrimonio está en crisis. Los engaños se multiplican.

Biderman lo llama la tormenta perfecta para la infidelidad. "No voy a decir que el matrimonio se ha colapsado, pero tenemos menos fe en él. Si hace cuarenta años la tentación se hubiera cruzado en nuestro camino, pensabas: estoy casado, no puedo hacerlo.

Ahora, si se vuelve a cruzar, crees que hay bastantes probabilidades de que tu matrimonio no vaya a funcionar, así que es mejor disfrutar ahora y pensar en las repercusiones más tarde. Es un cambio que se ha producido en la mayoría de nosotros", manifiesta.

No respeta parejas

La infidelidad aparece en las parejas no casadas, sexualmente activas entre los 16 y los 45 años.

Los norteamericanos serían los más infieles (el porcentaje de los que admiten haber tenido sexo fuera de su pareja es de un 50%).

Le siguen los británicos (42%), alemanes y mexicanos (40%), franceses (36%). Y finalmente, los españoles (22%).

Los adolescentes también se suman al engaño sexual: tailandeses, norteamericanos, griegos, checos y británicos.

Los hombres son más capaces que ellas a la hora de separar el sexo de las emociones, y en general, ellos tienen más compañeros sexuales. No les satisface la monogamia".
Judith Stacey, antropóloga.

A veces una infidelidad hace que te des cuenta de lo que tienes en tu casa y que no quieres perderlo"
"Raquel75", mujer infiel.