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Groelandia tira a verde
El deshielo alcanza un 97% de la capa superficial de la isla en tan solo cuatro días, científicos ven en el inusual fenómeno indicios de que el calentamiento se acelera
Fuente:
domingo, 29 de julio del 2012
Desaparece. Imágenes de la NASA muestran que el hielo en Groenlandia el 8 de julio de 2012 (izq.) y cerca de un 40 por ciento de ese hielo desaparecido el 12 de julio de 2012 (der). Fotos: Vanguardia-EFE-El País
MADRID, ESPAÑA.- Groenlandia va camino de hacer honor a su nombre (tierra verde, en danés). Un “acontecimiento sin precedentes”, como lo describen científicos de la NASA, hizo que en cuatro días el 97% de la parte más superficial del hielo que cubre la isla del Ártico se derritiera, cuando lo habitual cada verano es que solo se vea afectada como mucho la mitad de la cubierta.
El fenómeno es tan inusual y desde que iniciaron las observaciones espaciales hace 30 años, que al principio los investigadores pensaron que era un error. Pero no. Tres satélites mostraron el 8 de julio que el deshielo solo había afectado al 40% de la cubierta. Cuatro días después, casi toda la cubierta había experimentado algún grado de fusión.
Los investigadores no se ponen de acuerdo sobre la causa. Quizá la más prudente sea una científica de la NASA, Dorothy Hall: “Es demasiado pronto para decir si lo sucedido se debe al calentamiento global. Si seguimos viendo estas fusiones, la evidencia indicará que hay un aceleramiento del calentamiento”, opina. José Manuel Moreno, catedrático de la Universidad de Castilla-La Mancha y miembro del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), añade: “Habrá que esperar a septiembre, cuando se analice el hielo que quedó, para saber qué parte de lo derretido ha acabado en el océano y qué cantidad se ha vuelto a congelar”.
Tajantes
Otros expertos son más tajantes. Para el meteorólogo Ángel Rivera, dice “estamos ante un ladrillo más en el calentamiento de los polos, es un indicador más en el sentido de que el cambio climático avanza”, coincide el exdirector de la Agencia Europea de Medio Ambiente, Domingo Beltrán.
Lo que sí está clara es la causa directa: una cresta de calor inusualmente fuerte, que se movió sobre la isla el 8 de julio, se estacionó unos tres días y hacia el 16 de julio había comenzado a disiparse, explica Rivera.
La cresta provocó el deshielo de un área en el centro de Groenlandia, que tiene una extensión que cuadriplica la española, que no se había derretido desde 1889, según los análisis de los núcleos de hielo, indica la NASA. “Estos muestran que los eventos de este tipo ocurren una vez cada 150 años. Esta vez ha sido a los 130. Habrá que ver si se rompe el ciclo o si se mantiene. Porque lo grave es cuando se pierde la linealidad “(la frecuencia)”, afirma Beltrán.
“Si este calentamiento y el deshielo se mantienen, el nivel del mar subirá, y eso nos afectará a todos”, señala Hall. Las predicciones más pesimistas concluyen que un aumento de dos grados Celsius en la temperatura media del planeta, que es el tope máximo acordado en las últimas cumbres internacionales sobre cambio climático, provocaría la fusión total de la capa de hielo de Groenlandia, lo que elevaría el nivel de los océanos en siete metros de aquí a mil años.
Beltrán señala otro proceso que da un ejemplo de lo que ya está ocurriendo: “Como el hielo pesa mucho, al derretirse, la superficie de Groenlandia, que estaba hundida por su culpa, está subiendo. Ya lo ha hecho hasta dos centímetros”, dice.
No es la primera vez que saltan las alarmas en Groenlandia, que almacena el 10% del hielo del planeta. La semana pasada, un iceberg gigante que duplicaba en tamaño a la isla de Manhattan se desprendió del glaciar Petermann y quedó a la deriva en el mar. Un hecho que los investigadores no consideraron preocupante por sí solo, pero que, unido al excepcional deshielo, puede ser síntoma de un proceso de cambio. Además, en la última década se ha observado que el derretimiento de los bordes del casquete de la isla se ha acelerado, y en 2007 se registró una pérdida récord de hielo. Según un reciente trabajo coordinado por científicos del CSIC liderado por Carlos M. Duarte, la velocidad del calentamiento supera ya a la de adaptación natural de los ecosistemas árticos.
En cualquier caso, sea este deshielo un hecho puntual o no, científicos y ecologistas advierten de que no pueden ignorarse hitos como el que acaba de suceder en Groenlandia.
Por eso, voces destacadas en la lucha contra el calentamiento como el científico de la NASA James Hansen insisten en rebajar a 1.5 grados el límite máximo de seguridad. Desde 1880, la temperatura media de la Tierra ha aumentado cerca de 0.8 grados Celsius.
En todo caso, los Gobiernos ni siquiera están poniendo los medios para no sobrepasar el límite de dos grados, según muchos evaluadores. Para conseguir ese objetivo, la última evaluación del IPCC estima que para 2050 las emisiones de gases de efecto invernadero deberían haberse reducido entre un 50% y 80%, un objetivo que no se va a cumplir si se continúa con las políticas actuales. “Más allá de la evidencia de que la crisis ha reducido la tensión internacional ante el problema del cambio climático, hay una falta clara de voluntad política para reducir las emisiones que no puede achacarse solo a la coyuntura económica, sino a las presiones de empresas a las que no interesa que se reduzcan las emisiones”, denuncia Pablo Cotarelo, de Ecologistas en Acción. “Aparte de que los datos son espectaculares, lo que más me sorprende es que a nadie parece importarle’, apunta Beltrán. © EL PAIS, SL. Todos los derechos reservados.
Hecho excepcional
Una cresta de calor inusual provocó el deshielo extremo en Groenlandia.
Entró el 8 de julio, tres días más tarde se estacionó sobre la capa de hielo, hacia el 16 de julio había comenzado a disiparse.
El 8 de julio, el deshielo solo había afectado al 40% de la cubierta superficial de la isla.
Cuatro días después, el 97% de la cubierta, desde las zonas más finas en las costas hasta los dos kilómetros de profundidad en el interior, había experimentado algún grado de fusión en su superficie.
Deshielos como este ocurren una vez cada 150 años, según los expertos. Los satélites empezaron a medirlos en 1972, por lo que no hay registros de ninguno anterior; pero el análisis de los núcleos de hielo muestra que en 1889 se produjo uno similar.
La semana pasada, un iceberg gigante que duplicaba en tamaño a la isla de Manhattan se desprendió del glaciar Petermann y quedó a la deriva en el mar. Un hecho que los investigadores no consideraron preocupante por sí solo, pero que, unido al excepcional deshielo, puede ser síntoma de un proceso de cambio.
El fenómeno es tan inusual y desde que iniciaron las observaciones espaciales hace 30 años, que al principio los investigadores pensaron que era un error. Pero no. Tres satélites mostraron el 8 de julio que el deshielo solo había afectado al 40% de la cubierta. Cuatro días después, casi toda la cubierta había experimentado algún grado de fusión.
Los investigadores no se ponen de acuerdo sobre la causa. Quizá la más prudente sea una científica de la NASA, Dorothy Hall: “Es demasiado pronto para decir si lo sucedido se debe al calentamiento global. Si seguimos viendo estas fusiones, la evidencia indicará que hay un aceleramiento del calentamiento”, opina. José Manuel Moreno, catedrático de la Universidad de Castilla-La Mancha y miembro del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), añade: “Habrá que esperar a septiembre, cuando se analice el hielo que quedó, para saber qué parte de lo derretido ha acabado en el océano y qué cantidad se ha vuelto a congelar”.
Tajantes
Otros expertos son más tajantes. Para el meteorólogo Ángel Rivera, dice “estamos ante un ladrillo más en el calentamiento de los polos, es un indicador más en el sentido de que el cambio climático avanza”, coincide el exdirector de la Agencia Europea de Medio Ambiente, Domingo Beltrán.
Lo que sí está clara es la causa directa: una cresta de calor inusualmente fuerte, que se movió sobre la isla el 8 de julio, se estacionó unos tres días y hacia el 16 de julio había comenzado a disiparse, explica Rivera.
La cresta provocó el deshielo de un área en el centro de Groenlandia, que tiene una extensión que cuadriplica la española, que no se había derretido desde 1889, según los análisis de los núcleos de hielo, indica la NASA. “Estos muestran que los eventos de este tipo ocurren una vez cada 150 años. Esta vez ha sido a los 130. Habrá que ver si se rompe el ciclo o si se mantiene. Porque lo grave es cuando se pierde la linealidad “(la frecuencia)”, afirma Beltrán.
“Si este calentamiento y el deshielo se mantienen, el nivel del mar subirá, y eso nos afectará a todos”, señala Hall. Las predicciones más pesimistas concluyen que un aumento de dos grados Celsius en la temperatura media del planeta, que es el tope máximo acordado en las últimas cumbres internacionales sobre cambio climático, provocaría la fusión total de la capa de hielo de Groenlandia, lo que elevaría el nivel de los océanos en siete metros de aquí a mil años.
Beltrán señala otro proceso que da un ejemplo de lo que ya está ocurriendo: “Como el hielo pesa mucho, al derretirse, la superficie de Groenlandia, que estaba hundida por su culpa, está subiendo. Ya lo ha hecho hasta dos centímetros”, dice.
No es la primera vez que saltan las alarmas en Groenlandia, que almacena el 10% del hielo del planeta. La semana pasada, un iceberg gigante que duplicaba en tamaño a la isla de Manhattan se desprendió del glaciar Petermann y quedó a la deriva en el mar. Un hecho que los investigadores no consideraron preocupante por sí solo, pero que, unido al excepcional deshielo, puede ser síntoma de un proceso de cambio. Además, en la última década se ha observado que el derretimiento de los bordes del casquete de la isla se ha acelerado, y en 2007 se registró una pérdida récord de hielo. Según un reciente trabajo coordinado por científicos del CSIC liderado por Carlos M. Duarte, la velocidad del calentamiento supera ya a la de adaptación natural de los ecosistemas árticos.
En cualquier caso, sea este deshielo un hecho puntual o no, científicos y ecologistas advierten de que no pueden ignorarse hitos como el que acaba de suceder en Groenlandia.
Por eso, voces destacadas en la lucha contra el calentamiento como el científico de la NASA James Hansen insisten en rebajar a 1.5 grados el límite máximo de seguridad. Desde 1880, la temperatura media de la Tierra ha aumentado cerca de 0.8 grados Celsius.
En todo caso, los Gobiernos ni siquiera están poniendo los medios para no sobrepasar el límite de dos grados, según muchos evaluadores. Para conseguir ese objetivo, la última evaluación del IPCC estima que para 2050 las emisiones de gases de efecto invernadero deberían haberse reducido entre un 50% y 80%, un objetivo que no se va a cumplir si se continúa con las políticas actuales. “Más allá de la evidencia de que la crisis ha reducido la tensión internacional ante el problema del cambio climático, hay una falta clara de voluntad política para reducir las emisiones que no puede achacarse solo a la coyuntura económica, sino a las presiones de empresas a las que no interesa que se reduzcan las emisiones”, denuncia Pablo Cotarelo, de Ecologistas en Acción. “Aparte de que los datos son espectaculares, lo que más me sorprende es que a nadie parece importarle’, apunta Beltrán. © EL PAIS, SL. Todos los derechos reservados.
Hecho excepcional
Una cresta de calor inusual provocó el deshielo extremo en Groenlandia.
Entró el 8 de julio, tres días más tarde se estacionó sobre la capa de hielo, hacia el 16 de julio había comenzado a disiparse.
El 8 de julio, el deshielo solo había afectado al 40% de la cubierta superficial de la isla.
Cuatro días después, el 97% de la cubierta, desde las zonas más finas en las costas hasta los dos kilómetros de profundidad en el interior, había experimentado algún grado de fusión en su superficie.
Deshielos como este ocurren una vez cada 150 años, según los expertos. Los satélites empezaron a medirlos en 1972, por lo que no hay registros de ninguno anterior; pero el análisis de los núcleos de hielo muestra que en 1889 se produjo uno similar.
La semana pasada, un iceberg gigante que duplicaba en tamaño a la isla de Manhattan se desprendió del glaciar Petermann y quedó a la deriva en el mar. Un hecho que los investigadores no consideraron preocupante por sí solo, pero que, unido al excepcional deshielo, puede ser síntoma de un proceso de cambio.
