La ex actriz y activista en defensa de los animales Brigitte Bardot calificó a los jueces de cobardes.
París, Francia.- Las organizaciones de protección de los animales de Francia fracasaron en su intento de penar en todo el país las corridas de toros, tras ver desestimada hoy una demanda constitucional que habían presentado.

Los autores del recurso consideraban anticonstitucional una excepción que contiene la ley según la cual los toreros no pueden ser acusados de maltrato animal en las regiones francesas en que hay tradición de corridas.

El Consejo Constitucional decidió sin embargo que allí donde el espectáculo tiene raíces antiguas, la excepción a la ley no es anticonstitucional, y argumenta en ese sentido.

Quienes se oponen a las corridas consideraban inaceptable esa regulación especial y querían acabar con la tradición mediante el recurso judicial.

En Francia el maltrato animal se castiga con hasta dos años de cárcel y 30,000 euros de multa.

El espectáculo taurino en el que se acaba matando al animal es popular sobre todo en el sur del país. En muchas ciudades como Arles o Nîmes constituye además un imán para el turismo, por lo que estas localidades se habrían enfrentado una caída de sus ingresos en el caso de que hubiese prosperado la prohibición.

Los opositores a las corridas se mostraron decepcionados por la decisión y acusaron al Consejo Constitucional de haber actuado bajo presión política, después de que funcionarios de los gobiernos locales se manifestaran claramente a favor de quienes apoyan el toreo.

La ex actriz y activista en defensa de los animales Brigitte Bardot calificó a los jueces de cobardes. "Vivimos en un país atrasado que no se desarrollará nunca", afirmó la artista de 77 años.

Las corridas se iniciaron en la península Ibérica. Tras la invasión islámica de Andalucía en el siglo VIII, el espectáculo, practicado por los visigodos, se convirtió en un ritual que se celebraba en días señalados y en el que un hombre a caballo luchaba contra los toros hasta matarlos.

La corrida moderna, de a pie, surgió en su versión actual a finales del siglo XVIII. El toro es azuzado por el torero primero con su capote con una serie de movimientos para lucirse, y luego le clava el estoque hasta que el animal muere. El objetivo es clavarlo entre los omóplatos del toro para llegar al corazón y que la muerte sea instantánea.

Para algunos se trata de un brutal espectáculo, mientras que otros lo ven como una señal de identidad, sobre todo en España. Autores como Ernest Hemingway o Mario Vargas Llosa han mitificado el carácter de las corridas, inmortalizadas también por pintores como Picasso y Gauguin.