La mañana del jueves nos desayunamos con la grata noticia de que, a partir del 13 de junio, las mañanas del primer y tercer domingo de cada mes, el bulevar V. Carranza se cerrará durante cinco horas a la circulación de los medios de transporte motorizados. El asfalto, las banquetas y los espacios públicos disponibles en el tramo comprendido entre las calles de Chihuahua y Canadá, se convertirán en Ágora, en espacio para la convivencia de quienes habitamos la ciudad.
Durante ese lapso de tiempo podremos deambular por esa zona arrastrando las suelas, a lomo de bicicleta, sobre las ruedas de patines, patinetas o cualquier otro trebejo que pueda desplazarse gracias a la fuerza vital impulsada por los latidos del corazón de sus lúdicos tripulantes.
El anuncio del Alcalde tiene un valor simbólico importante: no es el automóvil el centro de la polis, los espacios urbanos deben ser diseñados para brindar calidad de vida, soporte y funcionalidad a los moradores de la urbe y no a sus artefactos.
El pronunciamiento del líder de la comuna puede entenderse como un acto inaugural, como la apertura hacia un cambio paradigmático en las políticas de desarrollo urbano de Saltillo.
Cada 24 horas, 132 mil 240 saltillenses realizan 238 mil 33 traslados a pie. Lo hacen sobre una infraestructura (banquetas, señalamientos, iluminación y puentes peatonales), en condiciones lamentables. A pesar de representar el 17.59 por ciento del total de los traslados cotidianos, a su mantenimiento y construcción se destina menos del uno por ciento (0.7) de las inversiones para la movilidad urbana.
También tras diluirse las 24 horas de cada día, 8 mil 44 ciclistas efectúan sobre el lomo de sus caballos de acero, aluminio o grafito, 14 mil 74 recorridos urbanos. Este medio de transporte resuelve más del uno por ciento de las necesidades cotidianas de movilidad urbana, sin recibir tan siquiera el reconocimiento a su existencia ni en la infraestructura vial, ni en el reglamento de tránsito, ni mucho menos en los presupuestos públicos.
Son por tanto los medios de transporte más saludables, ecológicos y económicos. Así que, bien haríamos en diseñar de inmediato las políticas públicas destinadas a su fomento. Así como se han conformado redes viales para la circulación de automóviles, debemos construir y/o mejorar los sistemas para la circulación de los peatones (banquetas) y de los ciclistas (ciclopistas y ciclovías). La superficie para banquetas, la infraestructura vial subutilizada, las áreas verdes y los espacios públicos disponibles (como las zonas federales en las márgenes de los arroyos, a lo largo de las vías de ferrocarril, líneas de transmisión eléctrica, ductos, etc.) deben ser visualizados como sitios disponibles para el desarrollo de estos sistemas de transporte.
Estas acciones deben coordinarse con la reorganización en curso del transporte público urbano, así como con las cuantiosas inversiones en la modernización de la infraestructura vial, de manera que podamos conformar un sistema diversificado y eficiente de movilidad para los habitantes de nuestra capital.
Termino con una sugerencia al Alcalde. ¿Por qué limitarnos a disfrutar del Carranza durante cinco horas un par de veces al mes? ¿Por qué no gozarlo todos los días a lo largo de sus 24 horas? Lejos estoy de proponer el cierre permanente del bulevar a la circulación vehicular, pero sí planteo la recuperación de sus banquetas para los peatones. ¿Por qué debemos tolerar que los autos estacionados en batería sobre banquetas y cocheras impidan caminar sobre la superficie destinada para tal efecto? ¿Por qué debemos resignarnos a sortear los múltiples obstáculos físicos y visuales que se interponen en nuestro camino (anuncios, hoyos, postes, cables, etc.).
No transformaremos el Carranza en los Campos Eliseos, pero será una gran ventaja contar con Campos Lisos en sus banquetas.