Los fanáticos del grupo californiano tuvieron el privilegio de ver el regreso de una de las bandas metaleras más influyentes de los años 90
La mayoría de los fanáticos de Faith No More que el miércoles se dieron cita en la Arena Monterrey jamás pensaron que verían a este grupo de culto en vivo. Y es que su regreso a los escenarios sorprendió a muchos de ellos, quienes ya daban por hecho que uno de sus grupos favoritos había dejado de existir para siempre en 1997 tras lanzar Album “Of the Year”.
A parte de su sencillo “Epic”, que dominó por algunas semanas las listas de popularidad de MTV a finales de los 80, los californianos siempre estuvieron relativamente alejados de los reflectores de la fama. Poca gente los recuerda como algo más que un “one hit wonder” noventero, pero hay quienes obsesivamente coleccionaron cada uno de sus discos, memorizaron sus canciones, y crecieron con la música bizarra generada por un grupo que nunca fue exesivamente famoso, pero que sí tuvo una gran influencia en generaciones enteras de músicos, entre ellos incluidos sin duda el regio Pato Machete, quien tuvo el honor de abrir el concierto.
Después de que el hiphopero cerrara con su clásico “Sí Señor”, a las 10:20 de la noche comenzaron a sonar en el escenario los melosos acordes de “Reunited” de “Peaches and Herb”, una canción setentera reinterpretada los californianos, que así celebran en cada fecha de su gira “The Second Coming” su regreso a los escenarios después de 11 años.
Con las luces apagadas, y con los destellos de las lentejuelas de las máscaras de luchador que habían comprado una noche antes en su visita a la Arena Coliseo, el vocalista Mike Patton y compañía, le pusieron su sello bizarro e irónico a este clásico del soft pop para, en un explosivo instante, quitarse las máscaras y aumentar los decibeles a tope con la enérgica “Land of Sunshine”, que no fué la más coreada, pero si iluminó el escenario y prendió a los devotos fans.
“Es nuestra primera vez en México; Tijuana no cuenta”, aclaró Mike Patton, que toda la noche se dirigió al público en español, y que se entregó por completo al público, a pesar de que este apenas alcanzó a llenar la mitad del recinto. Después de un entusiasta “¡órale Guey!”, los veteranos del metal experimental interpetaron “Be Agressive”, seguida por “Surprise! You’re Dead!” de “The Real Thing”, el disco que en 1989 introdujo a esta banda californiana al mundo.
Después siguió “Evidence”, entonada completamente en español por Patton, quién dedicó lo más parecido a una balada de su catálogo “a las mamacitas” que se encontraban en el público. Y su dedicación fue literal, ya que entre los más de 2 mil asistentes había varias familias jóvenes, una de ellas incluso con hijos. Mientras mamá y papá coreaban nostálgicamente una de las canciones más icónicas del grupo, su hijo, montado sobre los hombros de su padre, veía incrédulo y un poco asustado las gesticulaciones del cantante, quien demostró ser un show man de primer nivel.
El público enloqueció junto con Patton con los primeros acordes de “Epic”, su canción más reconocida. A sus cuarenta años, el hiperactivo vocalista comprobó que sigue siendo un maniaco en el escenario, y el ruido escaló al grado en que la Arena Monterrey por un momento parecía estar llena de enérgicos adolescentes y no de treintañeros nostálgicos. El grupo se dejó querer por el público regio, e incluso dedicaron “RV” a los Tigres del Norte.
Para terminar su concierto, Faith No More apropiadamente entonó “We Care a Lot”, una pieza solo para conocedores que paradógicamente fue su primer sencillo de su prolífica carrera y la última canción del concierto, dándole así una vuelta completa al catálogo de uno de los grupos de metal experimental con mayor influencia de los 90. Así los miles de fanáticos, muchos de ellos ya con trabajos y responsabilidades familiares, vieron apagarse las luces del escenario que durante casi dos horas enmarcó sin pretenciones el talento musical de los legendarios metaleros californianos.
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