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Europa se juega su esencia en la "cumbre de la refundación"

Los 27 socios deben salvaguardar su verdadera esencia, sus valores democráticos, su legado histórico, la credibilidad externa y sobre todo su existencia

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martes, 26 de junio del 2012

La cumbre europea de los próximos jueves y viernes en Bruselas trasciende el ámbito meramente económico. Foto Especial
La cumbre europea de los próximos jueves y viernes en Bruselas trasciende el ámbito meramente económico. Foto Especial

Bruselas, Bélgica.- La cumbre europea de los próximos jueves y viernes en Bruselas trasciende el ámbito meramente económico, a pesar de que esa sea en estos momentos la mayor angustia para los europeos. Europa, y el euro, se juegan su ser o no ser en las próximas décadas ante la amenaza de potencias emergentes como Brasil, India o China.

El bloque de 27 socios debe salvaguardar su verdadera esencia, sus valores democráticos, su legado histórico, la credibilidad externa y sobre todo su existencia, marcada por la grave crisis del euro, la desconfianza de los mercados y la apatía en el futuro del proyecto político de Europa, nacido hace más de seis décadas con la fusión de los mercados del carbón y del acero de Francia y Alemania.

"Hace falta acometer reformas que demuestren al mundo que el proyecto europeo es irreversible", comentaba hace pocos días el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso.

Más allá del ambicioso plan de crecimiento aprobado la semana pasada en la cumbre de Roma, dotado con 130,000 millones de euros, (el uno por ciento del PIB comunitario) o de la nueva fórmula de equilibrio de austeridad con mesura (con crecimiento y empleo), aceptada incluso por Berlín, la Unión Europea (UE) debe definir en dos días de Consejo su hoja de ruta para las próximas décadas, lo que quiere o a lo que aspira a convertirse más allá del mayor mercado mundial, con cerca de 500 millones de ciudadanos-consumidores.

Pero la complejidad intrínseca de la coyuntura y la muchas veces sonora cacofonía en la gestión de la crisis por Bruselas, Berlín y Fráncfort, evocan la frase acuñada hace años según la cual Europa es "un gigante económico pero un enano político".

Esta crisis no es una novedad en el devenir europeo. La Europa unida se ha construido casi siempre sobre la base de momentos graves. Su corta historia así lo atestigua. Una vez superados los antagonismos que enfrentaron a Francia y Alemania en dos guerras mundiales, e instalada definitivamente la paz, el bloque ha pasado por sucesivos avatares que, en muchas ocasiones como la actual, a punto estuvieron de hacer naufragar la nave europea.

Una de las crisis más importantes que ha sufrido el bloque hasta el momento, excluidas las turbulencias de la eurozona o los complejos referendos irlandeses sobre el Tratado de Lisboa, fue en 1966 la "crisis de la silla vacía", relacionada con el rechazo de París a cómo se pretendía financiar la Política Agrícola Común (PAC), de la cual Francia sigue siendo uno de los principales beneficiarios.

El general Charles De Gaulle ordenaba que su país se ausentara de todas las reuniones del Consejo Europeo, con lo cual la toma de decisiones (sin París) era imposible. De Gaulle alegó que los "intereses nacionales" de su país estaban en peligro y frenó cualquier decisión. El "veto" se resolvió en 1969 con el Compromiso de Luxemburgo.

Hoy en día, debido a la crisis económica, los 27 países de la UE están tentados de replegarse en posiciones nacionales, en defensa de sus propios intereses, lo cual –en opinión coincidente de numerosos analistas y "think tanks" de Bruselas- haría saltar por los aires la esencia del proyecto europeo, que tiene por lema "unidos en la diversidad".

Entre los objetivos de esta cumbre de la posible refundación de Europa figura el anclar con solidez el compromiso de los europeos en su moneda única, en una escenificación de la unidad en el proyecto, además de sentar las bases de una nueva política económica, con el germen de la futura integración fiscal, que supondrá una cesión de soberanía en ese terreno, siempre delicado para los "grandes" como Alemania.

También se hablará de una posible "tasa Tobin" europea sobre las transacciones financieras, de la hipótesis de creación de "eurobonos" para mutualizar la deuda de la UE, y de dar los primeros pasos hacia una "unión bancaria europea", que elimine los futuros ataques de los mercados sobre la moneda única. Además, se abordará el papel -para muchos crucial- del Banco Central Europeo (BCE) en la crisis.

Europa mostrará en la cumbre de Bruselas sus heridas abiertas. Con tres países rescatados por la UE y el Fondo Monetario Internacional (FMI), Grecia, Irlanda y Portugal y los rescates-créditos de España y Chipre, el bloque no podrá exhibir la imagen de poderío de otras veces.

Además, la UE ya no está sola para gestionar la crisis, porque tampoco puede. Un nuevo actor, precisamente el FMI, se ha colado desde hace cerca de tres años por los pasillos de Europa.

La entidad de Washington es un aliado incómodo para muchos pues supone la admisión de un fallo: que los europeos no han podido gestionar por sí solos la crisis.