OPINIÓN

La tragedia minera, ¿hasta cuándo seguirá?

lunes, 06 de agosto del 2012

No habían pasado ni siquiera dos semanas desde que la tragedia se hizo presente en la Región Carbonífera, cuando un nuevo siniestro arrojó el luto sobre media docena de familias más, tras registrarse un derrumbe en la mina 7 de la empresa Minerales Monclova, en el municipio de Progreso.

La nueva tragedia se presenta cuando todavía se mantiene en la mesa de la discusión pública el tema de la ausencia de seguridad en la explotación minera en nuestra entidad, circunstancia que evidencia el desprecio con el cual se trata la vida humana.

El nuevo accidente, por otra parte, no hace sino demostrar que la inseguridad es generalizada, que no solamente se restringe a los denominados “pocitos”, sino que se extiende también a las minas “tecnificadas” —como la que registró este derrumbe—en las cuales teóricamente se cumple con protocolos mínimos para proteger la integridad de los mineros.

La posición que el Sindicato Minero adoptó inmediatamente después de conocerse el suceso pareciera dejar claro que los empresarios del carbón siguen privilegiando las ganancias económicas por encima de la vida de sus empleados, pues para el gremio lo ocurrido no fue un accidente, sino un “homicidio industrial”.

Más allá del resultado oficial que arrojen las investigaciones y de los “compromisos” que una vez realicen las autoridades de todos los niveles para “garantizar” que una tragedia como ésta no se presente una vez más, se consolida una certeza: los compromisos asumidos hasta antes de los últimos dos accidentes no ha sido sino retórica.

Porque como se ha dicho repetidamente, los políticos y funcionarios no hacen sino medrar con la tragedia, pronunciando “indignados” discursos y realizando “solemnes” juramentos para proteger la vida de los mineros, pronunciamientos que se olvidan en cuanto la noticia deja de ocupar un espacio importante en los medios de comunicación.

Las preguntas son obligadas: ¿qué se hizo de verdad, desde la tragedia de Pasta de Conchos, para mejorar el nivel de seguridad en las minas tecnificadas? ¿Qué se hizo de verdad, desde que el último “pocito” colapso para evitar que la tragedia se repitiera?

A juzgar por los hechos de las últimas dos semanas, no mucho. Nada, podríamos decir casi sin temor a equivocarnos. Porque si algo serio se hubiera hecho, no tendríamos hoy a 13 familias más llorando la pérdida de un ser querido y reclamando justicia porque tienen la certeza de que las muertes pudieron ser evitadas si existiera el compromiso de proteger la vida de las personas que trabajan en las minas.

Una vez más, lo que se requiere no son discursos mil veces pronunciados, ni promesas que han demostrado ser vanas una y otra vez. Lo que se requiere son acciones reales orientadas a crear una realidad diferente, una realidad en donde la vida humana valga más que las ganancias generadas por el carbón.

Lo que se requiere son acciones reales orientadas a crear una realidad diferente, una realidad endonde la vida humana valga más que las ganancias