OPINIÓN
Campaña 2012, se acabó el tiempo
miércoles, 27 de junio del 2012
Hoy concluyen los 90 días que la legislación electoral federal concede, a quienes aspiran a ocupar el cargo de Presidente de la República, para realizar actos de campaña, así como los diferentes plazos con los cuales cuentan quienes aspiran a todos los cargos de elección popular —locales y federales— que serán sometidos a consulta popular el próximo domingo.
A partir de las cero horas de mañana, entraremos en los que se conoce como “periodo de reflexión”, plazo durante el cual teóricamente los ciudadanos podremos reflexionar respecto de las opciones entre las cuales deberemos optar el día de la jornada electoral.
Y decimos teóricamente porque, según parecen demostrar diversos estudios de opinión, los ciudadanos que piensan acudir a las urnas el domingo ya tienen decidido a favor de quién sufragarán y difícilmente cambiarán de opinión en los tres días previos a la elección.
De cualquier forma, las campañas cesarán, los candidatos no podrán realizar más actos de proselitismo, los medios de comunicación no podrán difundir más anuncios promocionales y la autoridad electoral deberá vigilar que todos los obligados cumplan con la regla de guardar silencio.
No se puede asegurar que ello le sirva al ciudadano para votar “mejor” o para emitir un voto “más razonado” cuando se enfrenta, en la soledad de la mampara, a la disyuntiva que le presentan los distintos logotipos partidistas. Pero es una regla de nuestra democracia y deberá acatarse.
Lo que sí debería ocurrir es que los 90 días de campaña hayan sido suficientes para que los ciudadanos —o al menos quienes piensan acudir a votar- obtuvieran información suficiente para que tomen una decisión informada, es decir, una decisión basada en el contraste de propuestas.
Lo que es de esperarse es que los anuncios, los debates, las apariciones en programas de radio y televisión, en espacios de periódicos y revistas, así como la promoción a través de redes sociales e internet, hayan servido de verdad para que los electores tengan claro por qué prefieren otorgarle su voto al partido que prefieren, y no a cualquiera de los otros.
Si ello ocurrió, el inmenso gasto que representan las contiendas electorales en México habrá valido la pena, porque entonces la jornada electoral del domingo próximo servirá para fortalecer el proceso de consolidación democrática del País.
Si ello ocurrió, habrá que felicitar a quienes diseñan las reglas electorales en los órganos legislativos, porque la fórmula empleada realmente habrá cumplido su objetivo, es decir, habrá hecho válida la hipótesis con base en la cual se construyó.
Se trata de un aspecto de la contienda electoral que deberá evaluarse, que merece evaluarse, pues el éxito del proceso electoral se mide en función de la convicción que genera en los ciudadanos de participar en éste.
A partir de las cero horas de mañana, entraremos en los que se conoce como “periodo de reflexión”, plazo durante el cual teóricamente los ciudadanos podremos reflexionar respecto de las opciones entre las cuales deberemos optar el día de la jornada electoral.
Y decimos teóricamente porque, según parecen demostrar diversos estudios de opinión, los ciudadanos que piensan acudir a las urnas el domingo ya tienen decidido a favor de quién sufragarán y difícilmente cambiarán de opinión en los tres días previos a la elección.
De cualquier forma, las campañas cesarán, los candidatos no podrán realizar más actos de proselitismo, los medios de comunicación no podrán difundir más anuncios promocionales y la autoridad electoral deberá vigilar que todos los obligados cumplan con la regla de guardar silencio.
No se puede asegurar que ello le sirva al ciudadano para votar “mejor” o para emitir un voto “más razonado” cuando se enfrenta, en la soledad de la mampara, a la disyuntiva que le presentan los distintos logotipos partidistas. Pero es una regla de nuestra democracia y deberá acatarse.
Lo que sí debería ocurrir es que los 90 días de campaña hayan sido suficientes para que los ciudadanos —o al menos quienes piensan acudir a votar- obtuvieran información suficiente para que tomen una decisión informada, es decir, una decisión basada en el contraste de propuestas.
Lo que es de esperarse es que los anuncios, los debates, las apariciones en programas de radio y televisión, en espacios de periódicos y revistas, así como la promoción a través de redes sociales e internet, hayan servido de verdad para que los electores tengan claro por qué prefieren otorgarle su voto al partido que prefieren, y no a cualquiera de los otros.
Si ello ocurrió, el inmenso gasto que representan las contiendas electorales en México habrá valido la pena, porque entonces la jornada electoral del domingo próximo servirá para fortalecer el proceso de consolidación democrática del País.
Si ello ocurrió, habrá que felicitar a quienes diseñan las reglas electorales en los órganos legislativos, porque la fórmula empleada realmente habrá cumplido su objetivo, es decir, habrá hecho válida la hipótesis con base en la cual se construyó.
Se trata de un aspecto de la contienda electoral que deberá evaluarse, que merece evaluarse, pues el éxito del proceso electoral se mide en función de la convicción que genera en los ciudadanos de participar en éste.