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Se fundó en 1575 y su dulce de guayaba es una alucinación que todos los visitantes tienen que probar
Estamos a 23 grados centígrados, es julio, la feria terminó hace dos meses y hay una especie de melancolía en el ambiente, esa misma que hace disfrutar más de Aguascalientes, totalmente libre y sin el barullo de cientos de turistas.
El lugar es ideal para pasar un fin de semana en familia, llegar en la noche del viernes y visitar una de sus famosas cenadurías. En la de San Antonio (José María Chávez 607) sirven tamales de dulce y gorditas con frijoles. Después del banquete lo que resta es dormir.
A primera hora del sábado, se recomienda caminar hacia La Saturnina, en la calle de Carranza, y desayunar sus tradicionales huevos con chilaquiles, los aguascalentenses recomiendan no irse sin entrarle a sus tres salsas de molcajete.
Recrea la pupila
“Aguas” —como común mente se le llama— es historia y, sin presumirlo, una oportunidad para recrearse la pupila. No, no lo decimos por los muchachos y muchachas lindas que van por ahí, sino por la arquitectura neoclásica de sus edificios, sobre todo los del centro histórico donde está la obra del arquitecto Refugio Reyes Rivas. Dos de ellos son el edificio del antiguo Hotel Regis y el Templo de San Antonio.
También está el Palacio de Gobierno, la Plaza de Armas con 111 arcos y sus famosos murales que narran la historia de Aguascalientes, pintados por el chileno Oswaldo Barrera.
Ya que se está aquí, se puede entrar a las tiendas de artesanías y llevarse algún deshilado, lo más típico del Estado hecho a mano.
Otra cosa que se debe hacer es comer un chile “aguascalientes” en alguno de los merenderos. Se dice que en el San Marcos se hacen los más ricos. Este chile, a diferencia de los poblanos, lleva guayaba y uva.
Pasear por las calles y dejar para el domingo la visita al Museo Nacional de la Muerte, con máscaras e historia alusiva al tema, y conocer el Museo José Guadalupe Posada, con obra del artista.
Muy cerca de éste, el Templo del Encino, donde se rinde culto al Cristo Negro de ébano y que se cree apareció en un árbol.
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