Solidaridad: ‘Ojalá y sea comida’
Llenos de gratitud, damnificados laguneros reciben apoyos que generosos saltillenses enviaron a través de la Brigada VANGUARDIA
Por: Karla Garza (enviada)14-Octubre-2008

El camión que la voluntad de lectores y trabajadores de esta casa cargó de víveres y ropa para los afectados por las inundaciones en La Laguna, avanza despacio por la carretera. El blanco espectáculo de los campos de algodón da la bienvenida a la zona donde el Nazas se puso bravo. Al poco camino, los campos ahogados asoman apenas sus capullos más altos.
La devastación de las cosechas no impacta al equipo VANGUARDIA tanto como de la vida comunitaria de las poblaciones afectadas, concentrada ahora en las plazas, las escuelas o los centros comunitarios, en espera de ayuda.
Pese a contar con menos que lo indispensable, pobladores de ejidos como Santo Niño, no se alistan a recibir la ayuda, sino que mandan al camioncito a otra parte. “No vamos a agarrar nada”, se alza la voz de una mujer sobre el barullo, “vayan a llevárselo a los de San Francisco de Arriba, ellos no tienen nada”.
El espectáculo del agua a la altura de las ventanas de las viviendas, aún semanas después de la inundación, es la fachada de San Francisco de Arriba al pie de carretera. El camino está también bajo el agua y no muchos se atreven a cruzarlo. Por eso algunos esperan en la entrada a que pase un osado “raid”.
La unidad cedida por la agencia Ford Venustiano Carranza, hace su arribo entre algarabía. Sonidos de alerta de una pequeña planta de energía sirve para avisar a quienes no están reunidos, ya en la casa de la Coordinadora Ejidal de Mujeres, que organiza la entrega de acuerdo al número de familias (más de 400) y al número asignado a cada grupo.
Su representante, América Carrillo Castruita, explica que la coordinadora es una organización reciente. “Cuando teníamos tres días que llegó el agua, no teníamos nada y no había apoyo de nadie, ninguna dependencia. Nació la inquietud de una de nuestras compañeras, Paula, que dijo ‘vámonos a la orilla de la carretera’, buscamos una camioneta y nos fuimos a tomar la carretera como medida de presión para que llegaran los apoyos”.
Los maestros de la primaria de la comunidad, Sedesol, las iglesias evangélicas y los ejidos vecinos les han llevado alimentos. “Pero hace días que se paró todo. Y no queremos pensar que sea electoral. El alimento no debe parar para los niños, independientemente de la política que aquí se hace a un lado”.
Un kit de limpieza personal otorgado por el Gobierno del Estado fue lo último que recibieron. Hace ya 10 días.
Mientras los niños se pasean por el ejido parcialmente inundado, en las balsas que construyeron con puertas arrastradas por la corriente, las mujeres hacen fila para recibir la ayuda, con “la esperanza de que sea comida”, dice una de ellas.
En más de un par de ocasiones la fila se alborota y respinga porque alguien se coló, o se formó de nuevo. Y no lo permiten. Pero no hay severidad en su convivencia, que aún en medio de la crítica situación deja cabida para la risa. “Al Boyas dénle comida, él no se lava los dientes”, grita un ejidatario mientras quien asumimos que es “El Boyas” recibe una pasta de dientes y unas latas.
Los pobladores de San Francisco de Arriba, en Francisco I. Madero, Coahuila prodigan “gracias” a cada paso. No sólo “gracias por lo ayuda”, sino “gracias por entrar hasta aquí”. Y lo dicen porque muchas ayudas se han perdido en el camino. “Que no se desvíen, aquí estamos los más dañados”.
La Brigada VANGUARDIA vuelve con el camión vacío, consciente de la absoluta insuficiencia de su aporte ante la magnitud de la necesidad, pero con el pesado “gracias” de San Francisco a cuestas, para entregarlo a los lectores y compañeros que hicieron posible la breve tregua de hambre y abandono.

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