- Recibe las últimas noticias suscribiéndote a nuestro Newsletter
- Cambiar email Política de privacidad
|
|
|
|
|
|
“Me quedé de a seis cuando mi compadre dijo que tenía sida, esa tarde él estaba raro, no cotorreaba como siempre lo hacía.
“Estábamos sentados frente a la casa tomando una caguama, hablábamos de un gallo que era bien bravo para pelear, queríamos ganar mucho dinero con él porque era de las mejores crías que había sacado un colorado que era bueno con las navajas de a cuarto”.
Contó Gonzalo, arrancando los recuerdos de cuatro años atrás, cuando Miguel, su compadre y amigo de toda la vida, murió solo en la cama de su casa, enfermo de sida, formando parte del 60 por ciento de mortandad de los 680 casos registrados en la Secretaría de Salud en su historial.
“Cuando me dijo eso sentí gacho, como frío, tenía enfrente la caguama que estábamos tomando, dije: pos ni pedo. Y le tomé, no me daba asco ni nada, hasta decían que éramos hermanos.
“Esa noche no pude dormir, aparte que hacía calor no dejaba de pensar que en la borrachera mi compadre y yo nos metimos con las mismas mujeres, en la mañana fui con mi vieja, le dije:
“Sabes, Miguel tiene sida. Le conté todos lo que habíamos hecho, lo de las viejas pues, le juré a mi morra que nada más a ella la quería, que lo demás era cosa de la loquera. En lugar de enojarse o reclamar, se puso triste, como que se fue.
“Pues vamos a hacernos los exámenes, Dios dirá.
“Fuimos a Salud Municipal, nos trataron bien, como había un periodo que tenía que pasar para detectar le enfermedad, estuvieron haciéndonos varios análisis por algunos meses. Miguel cada vez estaba más enfermo, no tenía familia, vivía solo con varios gallos que entrenaba para pelear.
“Los los amigos que lo visitaban lo dejaron solo, eso sí, todos donaron sangre y cooperaban para la comida y esas cosas, pero no iban a verlo, eso era lo más gacho, todos te abandonan.
“En su funeral no fueron todos, estuvo bien triste, sus animales se fueron muriendo, tenía como 50 gallos. Aquel rojo que teníamos para ganar dinero y tal vez llevarlo al palenque, murió de la tristeza. Te lo juro, los animales, como nosotros, sienten, a lo mejor más”.
cm