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Tecnoadicto: Hola tecnología; adiós a la productividad

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  • John C. Dvorak/Staff Jambitz
  • 03-Noviembre-2009
    • Foto: Especial

    Existe cierto concepto o ley no escrita que nos dice que las computadoras han contribuido a la productividad individual y laboral. El concepto está integrado en varios cálculos de productividad según el cual el mero hecho de contar con una máquina más rápida implica alcanzar mayor productividad.

    Pongo en duda esto, pues estoy metido en esto de las computadoras de escritorio y he poseído una personal –por lo general la mejorcita del mercado- desde 1976. Mi productividad como columnista obviamente mejora gracias a los procesadores de textos; pero la diferencia entre un procesador de 1980 y uno de 2009, por lo que se refiere a mi productividad personal, no muestra diferencias. Alcanzó su pico enseguida.

    ¿Cuánta gente se dedica a escribir cosas y puede mostrar alguna productividad? Tal como lo veo yo, únicamente los escritores profesionales, los contadores que usan hojas de cálculo y los artistas gráficos que ocupan Photoshop pueden mostrar auténticos aumentos de productividad de consecuencias por lo que se refiere a la computadora de escritorio.

    Y efectivamente los microprocesadores han ayudado a los maquinistas y las bordadoras, y eso afecta la productividad. Pero ¿podemos equilibrar todas estas ganancias de productividad con el inconveniente de las computadoras? ¿Por qué eso no se toma en cuenta en la ecuación?

     

    ¿En dónde quedaron mis dos horas?

    Desde la perspectiva del usuario de computadoras de escritorio, la oportunidad de que estas máquinas les roben el tiempo es fenomenal. ¿Se han metido a los chat rooms? De algún modo son interesantes y atractivos hasta que uno se das cuenta de que se comunica con uno de los medios más lentos y más demandantes que hay. La velocidad de transmisión es baja y el tiempo se desaprovecha.

    Casi todos estos chat rooms han evolucionado en esos lodazales llamados redes sociales. Por ejemplo, mi hija, que hasta hace poco evitaba Facebook, se pasaba el tiempo haciendo arte. Acaba de adoptar Facebook como vía para mantenerse al tanto de sus amistades, a quienes de todos modos ve todo el tiempo, y ahora desperdicia sus ratos de ocio escribiendo posts idiotas.

    Ésta es nada más la punta del iceberg del desperdicio del tiempo. Las computadoras nos ofrecen juegos bastante realistas que absorben a las personas y las hacen jugarlos durante horas. Y preferiría no meterme con el matatiempo ese llamado Second Life. En éste una persona crea una segunda vida en que puede desperdiciar un sinfín de horas dentro de esa estructura como otra persona.

     

    El BlackBerry engendra inadaptados sociales

    Y claro que el procesador ha llegado a otras cosas aparte de los tornos de los talleres de maquinaria. Está en los smartphones, los cuales pronto estarán por todos lados. Nada más fíjense en alguien que tenga un BlackBerry o un iPhone. Los usuarios del BlackBerry se pegan a la pantalla todo el día a la espera de correo de alguien como si sus vidas dependieran de ello. Y el iPhone y sus aplicaciones locas pueden desperdiciar todas las horas del día de un usuario.

    Estos aparatitos obstaculizan la socialización normal. La gente recibe llamadas telefónicas en una cena en un restaurante, busca cosas constantemente en Internet o localiza a otras personas o revisa las noticias.

    Como soy columnista y estoy metido en la industria de la tecnología, claro que he promovido los aparatos inteligentes y las computadoras; pero le echo el ojo a mi desorganización creciente y me recuerdo que al principio recurría a las computadoras para ser más organizado y más eficiente, no menos. En cambio me volví menos organizado y menos eficiente.

     

    ¿Tu escritorio es un desastre? Échale la culpa a la computadora

    Lo que me hizo contemplar este dilema es la desorganización de mi escritorio físico, o sea el mueble que tiene el monitor y el teclado encima. ¿Por qué no puedo tenerlo en orden? Tengo que culpar a alguien aparte de mí; pero no puedo ordenarlo y mantenerlo limpio. A veces he tomado una caja y puesto todo lo del escritorio en ella, y luego he organizado su contenido mientras veía la tele. Por ahora el escritorio está ordenado pero en cuestión de días se cubre de papeles y cables y demás porquerías y hay que reiniciar el proceso.

    Sé que la computadora tiene la culpa. De algún modo el uso de ésta me ha hecho más holgazán de lo que soy naturalmente. Estoy segurísimo de que, si viviera, Marshall McLuhan podría explicarlo. Tiene algo que ver con el ratón o con la interactividad o con la pantalla brillante o con estar en contacto con muchos extraños o yo qué sé.

    Si bien no estoy seguro de si este lamento me hará algún bien, mi consejo es sencillo. ¡Apártense de la máquina! Avienten el iPhone y pónganse a arreglar el jardín. O pónganse a construir algo.

    Al menos apaguen el teléfono cuando estén en el restaurante. Eso sería el primer paso. –John C. Dvorak

sc

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