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Instinto es el impulso vital que permite que un individuo se adapte a su medio ambiente. Los instintos son los que aseguran la supervivencia de las especies; por ejemplo, satisfacer la necesidad de alimento.
Los instintos no dependen de ninguna experiencia previa, sino que se nace con ellos.
Aunque se separen de sus padres al momento de nacer, los pájaros migratorios y las mariposas Monarca, recorrerán la Tierra por las mismas rutas que siguieron sus progenitores, sin haberlas volado nunca; y los peces seguirán las mismas rutas oceánicas, sin que nadie les haya enseñado el camino.
El instinto no tiene nada que ver con el razonamiento, pero gobierna las acciones primarias de todos los seres vivos. Por ejemplo la procreación.
Puesto que los animales no razonan, se puede decir que todo su comportamiento es instintivo. Pero en el caso de los humanos, los instintos tienen que enfrentarse al razonamiento.
De este conflicto resulta lo que llamamos “moral”. Por lo tanto, la moral es una forma de conducta que deriva de enfrentar el cerebro reptiliano al cerebro que razona. Dicho de otra manera, la moral resulta de un enfrentamiento entre la “sensibilidad animal” y la “sensibilidad humana”.
Puesto que los instintos no pueden ser separados del “animal humano”, ningún razonamiento moral puede perder de vista la “fuerza vital” que nos obliga a comportarnos de cierta manera.
En otras palabras, el instinto no sólo no es contradictorio con la moral, sino que es parte de su fundamento.
Los instintos no sólo no son inmorales, sino que se puede decir que gracias a ellos —y por ellos— somos morales.
Más allá de la moral
El reino de la moralidad no es un mundo aparte del reino de la Naturaleza. De hecho, la moralidad surge de los mandatos de la Naturaleza, es decir de los instintos.
La moral es la barrera que el humano contrapone a los instintos, pero el mandato de la Naturaleza está por encima de la moralidad.
Lo que parece mal para unos no necesariamente lo es para otros. Por lo tanto, no podemos decir, de una vez por todas, qué cosas están bien, sino que se trata de ver a qué nos enfrenta la vida.
La moral no tiene nada que ver con lo legal ni lo conceptual, sino con lo real (con lo que a usted le sucede en la vida real).
Ningún ser humano es de naturaleza fija ni dada. Cada quien tiene que formarse a sí mismo.
La moral no es una lucha contra los instintos ni contra la vida. Si de eso se tratara, entonces la moral sería un fracaso. Por lo tanto, no tiene ningún sentido vestir a alguien con una moral, ya que la moral hay que irla tanteando y definiendo con la experiencia.
A medida que vivimos, vamos creando “esbozos de moralidad”. Luego la realidad se encarga de confirmar o derrumbar lo que adoptamos como moral.
La libertad
Todos elegimos y decidimos de manera constante. Elegimos salir de casa y volver a ella; decidimos qué comprar, qué comer, qué escribir y qué leer. Eso es la libertad.
Libertad es la facultad natural que tiene el ser humano de obrar de una manera o de otra, o de no obrar.
Hay muchas clases de libertad… libertad de conciencia… de religión… de pensamiento…
El filósofo francés André Lalande, dijo: “Libre es el hombre que decide lo que quiere”.
Pero es difícil hablar de libertad en un mundo en el que estamos tan condicionados, en nuestro actuar, en nuestro hacer, decir o sentir (condicionados por la familia, por la religión, por la sociedad o por los medios de comunicación).
La verdadera libertad consiste en tomar decisiones conscientes, pero todos estamos sujetos a algo, de una forma o de otra, ya sea a nuestras pasiones y temores o a los compromisos asumidos.
Por lo tanto, la única libertad verdadera de la que disponemos es la de elegir a qué sujetarnos... tal como lo indica aquella antigua —pero precisa— defini-ción de que “Libertad es elegir las cadenas con las que uno quiere vivir”.
LOS TRES PARAMETROS
> Definiciones en breve…
* El instinto no tiene nada que ver con el razonamiento, y sin embargo gobierna las acciones de todos los seres vivos.
* Puesto que los animales no razonan, todo su comportamiento es instintivo.
* Moral es la barrera que el humano contrapone a los instintos, pero el mandato de la Naturaleza está por encima de la moralidad.
* La única libertad verdadera de la que disponemos es la de elegir a qué sujetarnos.