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Sufren mayor rechazo que los varones, aunque tienden a aceptar mejor padecer alcoholismo y lo enfrentan con más decisión; igualan a los hombres en la cantidad de aficionados a beber
¿Suele traer licor en su bolsa de mano? ¿Se siente más ingeniosa o atractiva cuando está bebiendo? ¿Cuando toma busca evadir algún problema?...
Lourdes asintió en todas las preguntas. Dice que en cada trago sentía que sus brazos se extendían y podía sentir el aire fresco de la libertad.
En el bolso, la alacena, la recámara, cualquier lugar era bueno para esconder una botella de tequila. Y poder darle algunos “traguitos” clandestinos durante el día, luego durante la noche y hasta en sueños sentía que besaba la botella.
Pronto comenzó a recibir toda clase de motes: “Allá va la borracha”, “Vieja loca” y algunos otros que su memoria esconden.
“Llegué a un punto en que no podía ni hacer la comida, sólo quería beber y escapar de todo. Ya me tomaba el tequila solo, nada más con sal y limón”.
¡Salud!
La juventud de Lourdes y los tragos “sociales” parecían comunes y hasta eran parte del grupo al que pertenecía.
“Tomaba como todos, así comencé como una bebedora social, con los amigos y las fiestas. No me ponía inconsciente al inicio, era poco”.
Brindaba sólo con amigos, pero cuando contrajo matrimonio las cosas cambiaron y la ansiedad la abrumaba.
“Creí que lo amaba, me aferré a una relación destructiva. Había golpes, gritos, maltrato y yo estaba necia”, recuerda.
Los brindis se incrementaron e incluso cuando no había amigos, fiestas o motivo buscaba las botellas o salía a comprar cerveza. Primero algunas cervezas escondidas entre la comida del refrigerador, luego comenzó a comprar por volumen.
Muerte silenciosa
El detonante fueron dos días inundados de tequila. Lourdes recuerda perfectamente esos días. “Me olvidé de mis hijos, quería dejar de sentir dolor y pensé en matarme”.
En el libro “Mujeres y Alcohol: ¿Placer Privado o Problema Público?”, la autora Elizabeth Ettorre explica que muchas mujeres alcohólicas se quedan en casa y enfrentan ellas el problema o simplemente mueren ahí.
“Ellas no sólo sufren daños por el alcohol mismo, sino también por la falta de comprensión a los problemas relacionados con su inclinación a la bebida”, indica.
La autora española señala que las teorías tradicionales sobre mujeres y alcohol tienden a presentarlas como un grupo uniforme y las diferencias entre ellas permanecen ocultas.
“Factores sociales claves como edad, origen étnico, constitución física, clase social, raza, orientación social, entre otros, tienden a perderse, y si las mujeres son vistas como un grupo homogéneo, los problemas que experimentan con el alcohol no pueden ser tratados de forma efectiva”, apunta.
Lunes nuevo
Lourdes sabía que pronto moriría, que el alcohol circulaba por sus venas con la consigna de destruirla, eso fue lo que pensó aquel lunes que decidió ir a un AA.
“Claro que tenía miedo, me acuerdo perfecto que era Año Nuevo y pues quería beber. Había reuniones en todos lados y en las mesas estaban las botellas. Me aguanté y no tomé”, rememora. Pronto se multiplicaron los lunes y ya han pasado tres años de aquellos días.
“Cuando me subí a la tribuna, a esa bendita tribuna, y pude decir: ‘Me llamo Lourdes y soy alcohólica’, fue cuando verdaderamente supe lo que era la libertad”, recuerda.
Divorciada del alcohol y de su marido, ahora Lourdes S., como la conocen en Alcohólicos Anónimos, es la encargada de recibir a las mujeres en los AA de la Región Sureste.
Masculinas
En su libro, Elizabeth Ettorre esboza la premisa de que para las mujeres que abusan del alcohol, existe reprobación y rechazo.
“Estas mujeres ponen en peligro su feminidad y su papel como mujeres. Dado que todas oyen el mensaje de que las buenas chicas no beben demasiado. Las mujeres que toman le dicen no a la sociedad haciendo algo ‘inaceptable’ como perder el control”.
Expone que a los ojos de la sociedad la mujer ha perdido su feminidad y ha fracasado como mujer, en cambio en un hombre la botella incluso refleja su masculinidad. “La situación se atenúa si se trata de una mujer que es ama de casa o gana menos que su esposo y tiene que enfrentarse a su marido”, señala Ettorre.
Mensaje a la mujer
Lourdes S. no tiene empacho en romper su anonimato, pero prefiere seguir a pie juntillas las reglas y en especial la número 12. Señala que el anonimato es la base espiritual de todas las tradiciones de AA y recuerda que siempre se deben anteponer los principios a las personalidades. Ella debe dar testimonio a la mujeres que llegan y buscar que dejen de sufrir con la enfermedad.
“No es un problema de hombres, habemos muchas mujeres con la enfermedad, es sólo que todas tenemos miedo a ser señaladas por la sociedad”, dice. En repetidas ocasiones han llegado mujeres que le piden ayuda y luego se marchan sin decir adiós. “Son pocas las que se quedan. Hace años se intentó hacer un grupo de puras mujeres, pero fracasó. Es muy difícil que las mujeres acepten el mensaje”.
Lourdes detalla que llegan con mucho dolor, sufrimiento y están tan susceptibles que deben ser tratadas con mucho respeto y comprensión.
“Llegan temerosas, dolidas y muy enfermas. Con el paso del tiempo se van dando cuenta de que este programa sí funciona y se van metiendo de lleno y ahorita la mujer es muy importante en Alcohólicos Anónimos”, apunta.
Sus edades van de los 12 hasta los 57 años, todas mujeres, todas alcohólicas.
“Son mujeres de todas edades, de todos estatus. Ahora vemos chicas muy jóvenes que toman y salen cayéndose de los antros.
Lo ven como una diversión, pero ellas no saben el daño que se están causando”, indica Lourdes.
A los 41 años de Lourdes los retos se multiplican. El primero de ellos, confesó, será ir a Nuevo Laredo, donde le informaron que nada más había tres personas. El otro tiene más complejidad. Baja la mirada, se toca el pecho y dice es el cáncer.
“Voy a sanar de esta otra enfermedad que me dio, me siento una mujer realizada, exitosa y con ganas de vivir y sé que si Dios quiere, voy a vivir al máximo, sólo me queda disfrutar cada 24 horas, cada minuto, cada segundo como si fuera el último”.
A la fecha es responsable de las 20 mujeres que pertenecen a los diferentes grupos de Alcohólicos Anónimos de la Región Sureste de Coahuila.
Mujeres AA
Fue Gustavo García quien vio la incorporación del sexo femenino a AA. Él llegó al grupo en 1974. “Eran cuatro compañeras, pero ellas nos pusieron el ejemplo en muchos sentidos. Me acuerdo que nosotros como hombres nos sentíamos superiores y con el orgullo de pensar que nos las sabíamos de todas todas. Pero ellas nos demostraron lo contrario, al aceptar de inmediato que estaban enfermas; a nosotros nos costó más”, expresa.
Polo R., coordinador del Área Coahuila Oriente, recuerda que desde el inicio las mujeres han estado en la agrupación. “En Saltillo, desde que llegó el mensaje en 1971, se incorporaron mujeres; primero fueron las esposas las que se incorporaron”.
Afirma que ahora su participación es fundamental en la vida de AA, ya que incluso hay una delegada en el norte del país.
“No persuadimos a nadie, cuando alguien busca nuestro apoyo acudimos y nunca vamos a decir quién nos envía. Cuando consideren que hay un problema, podemos ayudarles. Y ojalá las mujeres no teman y quieran salvar su vida”.
A la par: SSC
Las mujeres comienzan a tomar entre los 16 y los 18 años, afirma Francisco Elizalde Herrera, subsecretario de Salud en Coahuila.
“Los varones comienzan entre los 12 y los 16 años. Ahora los jóvenes comienzan a temprana edad su afición al alcohol, la misma cantidad de varones que ingieren alcohol es la misma en mujeres, están a la par”, señala.
Dice que específicamente no hay cifras en cuanto al alcoholismo porque nadie hace encuestas enfocadas a la enfermedad. “El 20 por ciento de los hombres que toman está a la par con el 20 por ciento de mujeres que toman”, recalca.
Explicó que mientras en los varones es una cuestión de aceptación, en las mujeres obedece a una cuestión social.
“En los hombres se da en un fenómeno de aceptación y en las mujeres es de tipo social cuando comienzan a salir a los antros”, indica el funcionario estatal.
Según la Encuesta Nacional de Adicciones 2002, en México había más de 32 millones de personas de entre 12 y 65 años que consumían alcohol, los cuales representan 44.8 por ciento de la población en ese grupo edad.
En las áreas urbanas, el mayor índice de consumo entre los varones se observó en el grupo de 30 a 39 años, mientras que entre las mujeres se dio en el de 40 a 49 años. En la población rural de ambos sexos, el mayor consumo se observó también en este último grupo de edad.
Los datos de la encuesta reportan un incremento en el índice de consumo de los adolescentes, de 27 por ciento en 1998 a 35 por ciento en 2002 entre los varones, y de 18 por ciento a 25 por ciento entre las mujeres. Entre los varones aumentó el número de menores que reportaron beber mensualmente cinco copas o más por ocasión de consumo de 6.3 por ciento a 7.8 por ciento en ese mismo periodo.
El índice de mujeres que consumió alcohol se mantuvo estable en 45 por ciento del total de la población en 1998 y en 43 por ciento en 2002; de las cuales 0.8 por ciento eran bebedoras consuetudinarias en el primer año
y 0.7 por ciento en el segundo, mientras que 1 por ciento y 0.7 por ciento, respectivamente, eran bebedoras que cumplieron con el criterio de dependencia en los 12 meses previos al estudio. No obstante, se observó un aumento en el número de bebedoras moderadas altas (de 2.6 a 3.7 por ciento) en el mismo lapso.
Cuestionario para que la mujer identifique si tiene problemas con la bebida.
¿Compra licor en diferentes lugares de manera que en ninguno se enteren de la cantidad real que adquiere?
¿Esconde las botellas vacías y se deshace de ellas secretamente?
¿Planea por anticipado “darse una recompensa” a sí misma con un traguito por ese trabajo tan duro que le espera en las faenas de su casa?
¿Se muestra débil respecto a la educación de sus hijos para compensar el sentimiento de culpabilidad por la forma en que se comporta con ellos cuando está bebida?
¿Tiene usted “lagunas mentales”, o sea, periodos del tiempo en que bebe de los cuales no recuerda nada?
¿Ha telefoneado alguna vez al día siguiente a la anfitriona de una fiesta preguntándole si no se comportó mal con alguien o hizo el ridículo?
¿Toma usted una o dos copas extras preparándose para ir a una fiesta en la que se servirá licor?
¿Se siente usted más ingeniosa o atractiva cuando está bebiendo?
¿Inventa actos sociales para poder beber?
¿Suele traer licor en su bolsa de mano?
¿Se pone a la defensiva cuando alguien menciona su forma de beber?
¿Bebe cuando se encuentra presionado?
¿Maneja a pesar de haber estado bebiendo, pues cree que tiene control sobre sí?
Fuente: libro AA para la mujer.
Los números del alcoholismo en México en 2002.
Más de 32 millones de personas de entre 12 y 65 años consumían alcohol, es decir, el 44.8 por ciento.
En las áreas urbanas, el mayor índice de consumo entre las mujeres se dio en el grupo de 40 a 49 años; igual en la población rural.
Entre las mujeres adolescentes se registró un mayor consumo en el 25 por ciento de ellas.
El índice de mujeres que consumió alcohol se mantuvo estable en 45 por ciento del total de la población en 1998 y en 43 por ciento en 2002; de las cuales 0.8 por ciento eran bebedoras consuetudinarias en el primer año y 0.7 por ciento en el segundo, mientras que 1 por ciento y 0.7 por ciento, respectivamente, eran bebedoras que cumplieron con el criterio de dependencia en los 12 meses previos al estudio.
No obstante, se observó un aumento en el número de bebedoras moderadas altas (de 2.6 a 3.7 por ciento) en el mismo lapso.
Fuente: Encuesta Nacional de Adicciones 2002.
sc