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El cambio climático ¿por qué EU no lo aceptó?

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  • 04-Septiembre-2009
  • ¿Por qué Estados Unidos se tardó tanto tiempo en aceptar la realidad del calentamiento global? Porque las grandes compañías del petróleo invirtieron sumas millonarias para negar la realidad del fenómeno

    • ¿Por qué Estados Unidos se tardó tanto tiempo en aceptar la realidad del calentamiento global? Porque las grandes compañías del petróleo invirtieron sumas millonarias para negar la realidad del fenómeno
      Foto: Archivo

    Hay al menos 90 por ciento de probabilidades de que la liberación de gases de invernadero generados por la quema de combustibles fósiles esté provocando sequías más largas, tormentas más severas y “golpes de calor” más devastadores. De lo que se desprende que el calentamiento global es un hecho inequívoco”.

    Esta fue la conclusión más reciente avalada por científicos, académicos, representantes de grupos medioambientalistas, empresarios y delegados gubernamentales de 40 países.
    Sin embargo, desde finales de la década de 1980, una campaña de desprestigio bien coordinada y con recursos millonarios, llevada a cabo por científicos opositores, y representantes de de la industria y el libre comercio, han venido creando una neblina paralizante de dudas alrededor del cambio de clima.

    A través de anuncios, publicaciones de artículos, cabildeos y presencia en los periódicos, los negadores del cambio climático han argumentado que el planeta no se está calentando y que las razones enarboladas por los científicos para justificarlo se han basado en parámetros mal enfocados ya que el calentamiento global es un fenómeno natural, no causado por actividades humanas, las cuales, en todo caso contribuyen en grado minúsculo e inofensivo al fenómeno .

    En otras palabras, existen grupos bien organizados de negadores del cambio climático, que desde hace más de 20 años se han dedicado a sembrar la duda y han tenido quien los escuche, tanto en las calles como en el Congreso.
    La reacción

    El jueves 23 de junio de 1988 fue un día caluroso en Washington DC. En esa fecha el temómetro registró la inusual temperatura de 37 grados centígrados.

    Ese día, un comité del Senado, que incluía a Al Gore, había invitado al climatólogo de la NASA, James Hansen, a testificar acerca del calentamiento global ante varios miembros de la Cámara Alta.

    Cuando Hansen empezó su testimonio, el equipo de aire acondicionado estaba batallando para refrescar el ambiente. De hecho, el sudor comenzó a brotar en las cejas de muchos de los presentes, incluido el orador principal.

    Era la imagen perfecta de la revelación que Hansen estaba a punto de hacer: le dijo a los Senadores que estaba 99 por ciento seguro de que los gases del efecto de invernadero estaban cambiando el clima de la Tierra.
    La reacción de los negadores del cambio climático fue inmediata.

    Empresas y asociaciones industriales, representadas por el petróleo, el acero y la construcción de automóviles, formaron diferentes grupos de cabildeo con nombres como “Coalición del Clima Global” y “Consejo de Información sobre del Medio Ambiente”, ICE por sus siglas en inglés. Todo ello con la idea de formar un nuevo frente para contraatacar.

    Por ejemplo, el plan de juego de la ICE era “reposicionar el calentamiento global como una teoría en lugar de un hecho real”, y sembrar la duda acerca de todo lo que dijeran los investigadores en torno al cambio de clima.

    Para comenzar, argumentaron que la información sobre la temperatura de la Tierra estaba equivocada, porque esas mediciones se estaban realzando desde termómetros instalados alrededor de las ciudades y que por lo tanto esas mediciones no reflejaban las temperaturas que según se decía estaban llevando al calentamiento global.

    Por otro lado, contrataron a un grupo de 20 científicos, con un presupuesato de 19 millones de dólares que se encargaría de convencer al público de que la ciencia del calentamiento global estaba plagada de controversia y de incertidumbre.

    Nace el protocolo

    Mientras tanto, una reunión sobre el cambio de clima en 1992 en Río de Janeiro (a la que asistió George Bush, padre), condujo a una reunión internacional en Kyoto, Japón, en donde más de 100 naciones negociaron el llamado “Protocolo de Kyoto” que haría obligatorio ponerle límites a la emisión de gases de efecto de invernadero.

    Las industrias del carbón y del petróleo, preocupadas de que Tokio las llevaría a limites obligatorias de emisiones de gases de invernadero que pondrían en peligro sus ganancias, comenzaron a propagar que había “demasiadas dudas e incertidumbre científica” como para justificar que se impusieran tales limitaciones.

    Para complicar las cosas, el presidente Clinton (1997-2001) ni siquiera trató de conseguir que el Senado ratificara el Protocolo de Kyoto (el cual consideraba una causa perdida).
    Entonces, las industrias contaminantes aprovecharon para posicionarse y tomar sus precauciones.

    En abril de 1998, 12 representantes de la “maquinaria de la negación” —incluyendo al Instituto Marshall, el grupo Fred Singer y Exxon— se reunieron en las oficinas centrales del Instituto Americano del Petróleo y acordaron una campaña de 5 millones de dólares (según un memorandum de 8 páginas que se filtró), para propagar que la ciencia del calentamiento global estaba plagada de errores.

    El plan era “crear dudas y minar los conocimientos científicos prevalecientes” para desacreditar el Protocolo de Kyoto.

    Sin embargo, la ciencia estaba cambiando y los nuevos conocimientos sobre el calentamiento eran tan contundes que oxidaron la máquinaria de la negación.

    En enero de 2000, la Academia Nacional de Ciencias, de Estados Unidos, dio a conocer su posición: “no hay duda de que el planeta ciertamente se está calentando, y a una velocidad mucho mayor que la observada en el pasado”.

    Pero como dijo un legislador convencido del problema, “lo único que puede hacer reaccionar a la gente es el clima mismo”.

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