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El chisme estimula la producción de endorfinas, el sistema inmune y libera el estrés. Es una poderosa arma de tres funciones esenciales que ayudan a la mente: genera redes, logra influencias y afianza alianzas sociales.
Todos hemos vivido ambos lados del chisme. Un aspecto es el sentimiento agradable de pasar el tiempo con un amigo y compartir historias sobre personas de interés mutuo y ponerse al día. El otro, es la rabia y frustración que se siente cuando nos enteramos de que están hablando mal de nosotros.
El chisme, como la luz del sol, a veces ilumina, pero otras veces quema y todos disfrutamos y padecemos alguna vez.
Facilita la comunicación
Es innegable la importancia y lo inevitable del chisme en nuestras vidas. Es algo natural relacionado con el rol que desempeñamos en el sitio de trabajo y en la comunidad, y que termina siendo saludable en nuestras vidas.
Cuando es bueno, une a la gente y facilita su comunicación. Cualquiera que haya vivido en una pequeña comunidad sabe que es un acto espontáneo.
Pero el individualismo, los estilos de vida y la competencia indiscriminada hacen que se vuelva venenoso.
Hay tres funciones esenciales del chisme: generar redes, lograr influencia y realizar alianzas sociales.
Como seres sociales somos conscientes del estatus, y transitar por las redes sociales requiere un buen entendimiento de su complejidad. Las investigaciones han demostrado que en los humanos, como en los primates, tener rango alto confiere beneficios: salud, bienestar y felicidad.
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