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Son el alter ego que acompaña a los chicos en sus actividades cotidianas, pero, igual que a los adultos, estas relaciones les exigen una actitud de apertura y entrega. Cómo orientarlos para transitar la esencial experiencia de hacer amistades, tanto en la infancia como en la adolescencia, dos etapas clave en la construcción de identidad.
“Si no tuviera a mi mejor amiga, no podría vivir... El problema es que cambio muy seguido de mejor amiga”, dice Samantha, una típica rebelde way de 14, con ganchitos en los dientes y ese dejo de permanente mal humor con que las y los de su edad transitan, salvo honrosas excepciones, por la vida.
¿Qué decir de la amistad? Que es esencial siempre, pero sobre todo durante un periodo en el cual se cambian las relaciones que se mantienen con la familia.
“Uno se busca un doble para sentirse más fuerte, un confidente para compartir dificultades, un alma hermana para suavizarlas en la fraternidad, un alter ego que nos sostiene y nos ayuda a avanzar”, dice la sicoanalista Françoise Dolto.
“También se busca un espejo viviente para confortarse, porque uno no está seguro de sí. La imagen que el grupo, la pandilla, se hace de nosotros parece vital por momentos afirma Dolto. Uno busca identificarse, ser parecido a otros. Por miedo a ser rechazado, se identifica con sus amigos. Pero es curioso porque, de hecho, para que un grupo funcione, sería más bien necesario que sus integrantes fueran complementarios”.
Cercanía y generosidad
“Los amigos son importantísimos para todos, pero en el caso de los niños representan la ocasión de una cercanía distinta de la de los familiares y son también la oportunidad para aprender a ser generosos por propia decisión, porque con los hermanos la generosidad, por lo general, es piloteada por los padres”, dice la filósofa Paola del Bosco.
“Los amiguitos son pares, mucho más que los hermanos (salvo mellizos)”, señala.
Afinidades electivas
Para la especialista, durante el largo proceso de la adolescencia y la pre-adolescencia muchas veces existe una decantación entre las amistades más genéricas del grupo escolar hacia las amistades más personales, por afinidad electiva y no por simple coincidencia, como son las relaciones entre amigos de colegio.
“A veces se confirman las amistades iniciales, otras se hacen nuevos encuentros y lo nuevo resulta muy atractivo cuando el adolescente está armando su propio mundo y, por decirlo así, está gestando su identidad de adulto”, dice Del Bosco, madre de ocho hijos.
Ahí puede suceder que, en esa búsqueda de lo distinto respecto de lo recibido en el mundo protegido de los padres, los chicos se sientan atraídos por personas totalmente diferentes, con otras costumbres y valores.
“La intervención de los padres es necesaria sólo en caso de peligro real, moral o físico. No es justificado intervenir en una relación sólo porque ésta no cumple con requisitos sociales, estéticos o prácticos de los padres”, aconseja. Entre otras cosas porque, generalmente, descalificar a un amigo implica que se produzca un alejamiento comprensible? del hijo adolescente.
A su entender, se trata de algo muy delicado, y es mejor buscar con sinceridad los puntos positivos que tiene la nueva amistad y comentarlos con el hijo o la hija y en caso de ser necesario buscar ayuda profesional.
jct