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Lectores míos, cuando pensaba que ya lo había visto todo, apareció alguien que me dijo “quiero mostrarte algo...”
A los hombres con la edad se les despierta más el libido, pero no hablo de un renacer sexual, sino de perder los cabales. Creo que el hecho de saber que ya están cerca de la hora final los hace desear a toda costa convertir sus fantasías en realidad. Lectores míos, cuando pensaba que ya lo había visto todo, apareció alguien que me dijo “quiero mostrarte algo...”.
Este hombre buscó a Violetta por cielo mar y tierra y la encontró. Quería que lo sorprendiera, quería saber todo sobre mi, descubrir mis habilidades y las de Miss Pelvis, pero terminó por sorprenderme. Y no me refiero a que a su edad todavía anda en busca de su tercera esposa, sino a algo todavía más extraño...
Me tomó por sorpresa que me hablara de un personaje en su vida, todo alrededor de ella sonaba a mucha melancolía y pensé que era alguna novia o solo una mujer importante en su lista de amoríos. Su nombre era Jenifer y cuando hablaba de ella sus ojos se ponían tristes, como quien añora. Cargaba consigo una serie de fotografías de ella, que se atrevió a enseñarme y al verlas pensé “este cabron está loco” y no eran precisamente pornografía.
La susodicha se trataba de una muñeca inflable con vibrador, gemidos y control incluídos. Cual novia, le compró blusas, faldas, zapatos, ropa interior, ligueros y todo tipo de outfits que la hicieran verse más real. Le puso nombre, se volvió su compañera inseparable pero así como todo lo que empieza inevitablemente tiene un final. Ella tuvo uno triste, un día se pasó de aires y Jenny como le diré de cariño, ¡pum! se reventó. Se vino a mi cabeza su cara y la muñeca reventada, era como de caricatura, como una animación japonesa, quería reír pero el profesionalismo me lo impidió.
La soledad suele ser siempre un árbitro insobornable, pero las locuras no tienen freno y menos cuando el sexo y la necesidad de eyacular se juntan, ¿cuestión de salud? No lo sé pero vaya que cada día que pasa me doy cuenta de que aun no pierdo la capacidad de asombro y eso me alegra, qué seria de mis días sin estas cosas que le dan tintes de drama y risas.
Moraleja de la historia: chicos lean el instructivo correctamente, inflen cuidadosamente su muñeca y si trae gemidos incluídos por favor no los usen, suenan más falsos que las promesas gubernamentales.
sc