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Además del sexo como refugio de la soledad, los hombres buscan alimentar su ego machista. Es el caso del personaje que aparece hoy en el escenario de Violetta, este hombre además de dinero le acompañaban un par de anécdotas. Cuando lo conocí me intrigó su forma de ser, porque parecía que me conocía demasiado bien y esto era porque ya había leído muchos de mis escritos, por lo que me sentí halagada.
Me cuenta que hace ya más de quince años, en un zoológico en la Alameda de Monclova encontró aves reptiles, bueno además de otros animales de la región había una osa negra, por cierto aprovecho para decir que en muy malas condiciones. A mi amorcito lo acompañaba una bióloga, a quien le hacía un par de sugerencias porque notó que la osa estaba un poco agitada. Entre caras sonrojadas y risas tímidas la bióloga contestó a la pregunta; es que la osa está en celo y como usted la revisó de muy cerca sintió “al macho” y por eso es que está muy inquieta.
Creo que el ego machista de mi querido amigo se elevó a los cielos, no puede haber mejor prueba que ésta, no cabe duda que descendemos del mono, mi amigo orgulloso dijo ¡vaya, creo que esa osa sabe distinguir a un verdadero macho!
A algunos de estos monos machos los conocen muy bien en los antros (table dance) porque con unos tragos encima y viendo viejas encueradas en tanga, ya sólo les falta gritar y golpearse el pecho. Otros al llegar a su casa y gritarle a su mujer sienten que tienen el control. Muchos buscan a sus novias a cada cinco minutos para saber qué hacer (claro que cualquier parecido con la realidad es solo mera coincidencia).
Yo creo que ya se perdió el estereotipo del macho mexicano, digamos que en este zoológico de Dios la fauna ya se diversificó y encuentra uno cada ejemplar que no sabe si reír o llorar.
Mi amigo asegura que no es un macho y que sabe que su miembro además de proporcionarle placer le adorna y es sólo utensilio de reproducción, según él ¡aja!
Estamos en este lugar donde nos toca de chile, pollo o manteca, aun así quiero seguir jugando a ser yo, a mentirle a los demás, a comer sus conciencias, a hacerles creer que son unos verdaderos machos que aún conservan esa virilidad que se les pierde cuando llegan a sus casas y sólo reciben reclamos de sus señoras.
Mientras yo me alegro de ser Violetta, de tener un instrumento que me da placer y dinero prefiero pararme a un lado de las putas y solo ver que pasa.