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¿Qué acaso los hombres jamás dejan de pensar con el pene? Está bien, no voy a generalizar, pero vaya que este hombrecillo lo hace porque no deja de suplicar que reduzca los costos. Sí, queridos lectores, hablo de aquel abogado blanquiazul que piensa que mis muslos son casa de beneficencia, acuérdense, se trata de aquel político que mentía sobre su madre enferma.
¡Ahora recuerdo por qué borré su número! Pero llamó de nuevo y claro, como ya no lo tenía registrado, contesté y me pidió que lo acompañara a uno de sus viajecillos, que dizque como su novia. Ésa es la actitud que generalmente hace huír a las mujeres, por lo menos a las que yo conozco. Nunca te fíes de un hombre que te dice que te ama cuando apenas sabe cómo te llamas.
Se tomó el atrevimiento de pedir una especie de adelanto (una foto mía desnuda), obviamente me negué a ir al dichoso viaje y a mandarle la foto, ¿cómo? sin viáticos, sin el bono extra ¡no! En definitiva mi respuesta era negativa, porque además déjenme decirles que el hombre es todo un fanático de Sade, bueno, omitan los látigos de cuero.
Pero a este sujeto vaya que le sienta bien el drama y la súplica, porque ya me estaba convenciendo. Lo escuché y dije ¡este cabrón no debería ser político, debería ser actor!
Terminó la charla entre risas, sólo de mi parte porque a él no le causan gracia mis ironías, menos las que son en su contra, la verdad es que dudo que sepa qué es un sarcasmo.
Mi abogado blanquiazul, terminó su llamada con cierto tono de lamento, y con la esperanza de que yo cambiara de opinión, aunque en el fondo sabe que eso no sucederá.
Parte del reglamento puteril dice que no debemos regatear los precios, que no se acompaña a ningún viaje sin al menos haber recibido el 50%, y sobre todo por favor no nos presenten como novias.
Siempre he creído que Saltillo es un ombligo y todo se sabe, imagínense que nos presenten así, después llama algún atrevido y aparezco en el escenario, van a decir que es usted un “gilipollas”, como dicen los españoles.
Bueno, aunque a este personaje sería poco decirle de esa manera, qué se puede esperar de alguien que miente más que yo y vaya que eso sí está ¡cabrón! Los hombres no han entendido la mecánica de este oficio, no saben que lo único que puede llamar nuestra atención es, sus hermosas carteras llenas de billetitos verdes, no sus sentimentalismos y promesas falsas.
Alguien me dijo algo así, Violetta ¡el amor es como el sida, sólo a los pendejos les da! Por eso yo no me enamoro.