Un mundo devorado por el mundo
“Sin tiempo de pararse a pensar, la única esperanza es el próximo trago”. Malcolm Lowry
Por: Marco A. Márquez06-Octubre-2008 (12:12 p.m.)

El Día de Muertos de 1939, en Cuernavaca, Hotel Casino de la Selva, dos hombres evocan la pasión y muerte de Geoffrey Firmin, el Cónsul asesinado en idéntico día, un año atrás. En un pueblo de México donde se dan la mano infierno y paraíso.
Geoffrey trata de vivir al margen de un mundo devorado por el frenesí de la destrucción. La culpa, el desamor, la soledad lo llevaron a una embriaguez que de algún modo resulta también la del conocimiento.
El origen de su infortunio es, acaso, la traición a la fraternidad, como le advierte su medio hermano, Hugh, que lucha por una República Española ya sin esperanza. Ivonne, la ex-mujer de Geoffrey, vuelve para rescatarlo de la absoluta consunción. Pero es inútil, el amor se gastó en medio de la vida; sólo la muerte podrá salvar a Geoffrey de sí mismo.
‘Bajo el Volcán’ que Geoffrey no logró ascender para librarse de sus propios fantasmas, yace el abismo de la ‘Caída’, la barranca infernal. Si los demás quieren salvarse, si todavía pueden huir del gran fracaso que acecha a toda existencia, deben expulsar del jardín de la tierra a todos los que pretendan destruirlo.
Tragedia contemporánea, libro de belleza y emoción incomparables; novela que recupera las dos fuentes: el mito y la poesía. ‘Bajo el volcán’ es definitivamente su obra maestra. La comenzó en 1934 y la reescribió en tres ocasiones, antes de publicarla en 1947.
Obra alucinante, atraviesa como Dante en su ‘Comedia’, paralelos construidos sobre el dolor y la pericia de la pérdida. En alguna parte Ítalo Calvino dice: “Sí hay un infierno, y está aquí, a nuestro alrededor, es el infierno que construimos entre todos. La cuestión es saber identificar quién y qué cosas, no son infierno, y hacer que duren y dejarles espacio”.
Bajo el Volcán es una obra de esquirlas lamentables, la vida desgarrada en pequeñísimos pedazos irreconocibles a la vuelta del tiempo, de los días. Lowry literalmente se perdió en un México sólo suyo, pleno de alcohol sin horizontes, de calles tortuosas y laberínticas. Lowry construyó la novela como una voluminosa bitácora vacía, la existencia entre sus páginas es la constatación de la futilidad, de lo profundamente impersonal que guía nuestras vidas hacia la nada.
La destrucción del pasado exige una premisa: nada podrá ser recuperado, nadie podrá volver a casa, toda vía pensada como escape será sólo el principio. Quién lo haya perdido todo, no deberá, ni siquiera, esconder recuerdos.
El fin es eso, mandíbulas trabadas encima de toda sonrisa. El mundo girando, lenta, macabramente, sobre un eje inexacto, pútrido de lágrimas y deseos para siempre insatisfechos. Quien nunca haya sido traicionado, que beba la primera copa. Eso es esta obra maestra, un primer trago inmenso, inabarcable desde la lamentable y triste sobriedad del mundo de todos los días.

WIKIO

Sin Comentarios.