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Cabello en punta, siempre en desorden, frente amplia, acaso congestionada por las ideas; en su manos se adivinan no sólo las muestras de pinturas y resabios de óleos y acuarelas, sino el olor a pólvora y el eterno hedor de las prisiones mexicanas
El mejor retrato que conozco de David Alfaro Siqueiros no fue realizado por algún pintor o dibujante, no; fue deletreado por un periodista, específicamente por el llamado mejor reportero mexicano, Julio Scherer. El retrato lleva como título Siqueiros. La piel y la entraña y es un libro a mata caballo entre el periodismo y la literatura.
La obra es una serie de conversaciones que el pintor y el periodista sostuvieron, cuando Siqueiros estuvo recluido en las mazmorras de la penitenciaría de Lecumberri (1960-1964). Escribe el periodista: “Siqueiros es grandilocuente venga o no al caso. A Siqueiros le basta un espectador, uno solo, para empezar a crecer, a agigantarse. Siqueiros no mira tanto al auditorio, como a sí mismo. Siqueiros admira su propio mundo, su mundo interior.”
El mundo de Siqueiros inició en 1896 y se apagó en 1974. En este 2009 se cumplen 35 años de su muerte. Junto a Diego Rivera y José Clemente Orozco, son universalmente conocidos por ser los forjadores del llamado “Muralismo mexicano.” Arte y política en este tiempo, van de la mano y son imposibles de escindir. Con apenas 16 años, Siqueiros se alistó en las filas de la Revolución, donde según sus propias palabras, llegó a descubrir: “las masas trabajadoras, los obreros, campesinos, artesanos y los indígenas... (pero también) las enormes tradiciones culturales de nuestro país, particularmente en lo que se refiere a las extraordinarias civilizaciones precolombinas.”
Luego de largos periplos y gestas entre heroicas y patibularias, donde lo mismo se le encarcelaba que se le exiliaba (Europa, Chile, USA), Siqueiros hacia la década de los años 30 del siglo pasado, propuso en Nueva York un “Taller experimental”, donde trataba de ensamblar un maridaje que a éste se le antojaba normal y terreno: las técnicas pictóricas y la contemporaneidad tecnológica. David Alfaro Siqueiros experimentaba entonces con lo que llamó el “accidente pictórico.”
Es decir, el surco y la práctica de la improvisación mediante técnicas que se utilizaban entonces y que aún ahora son exploradas: el goteo de pintura, las salpicaduras sobre los lienzos, el acabado de texturas con y como arena. Lo anterior sería entonces la apuesta de vida y el trabajo emblemático de los pintores expresionistas abstractos norteamericanos, específicamente sería la firma de Jackson Pollock, ni más ni menos.
Cuenta el periodista Scherer de sus encuentros con el pintor, donde le retrata de frente y de perfil: “Bien observados, los ojos de Siqueiros parecen el cuadro de un impresionista. Incontables estrías rojas los marcan por todos lados. La córnea ha cedido el espacio a esas líneas diminutas que tienen la finura de las astillas ínfimas.”
Damas y caballeros, tiene razón el reportero mejor cotizado en México. Las fotografías al igual que su obra pictórica, muestran los surcos y brasas del material de lo que estaba hecho el muralista mexicano: cabello en punta, siempre en desorden, frente amplia, acaso congestionada por las ideas; en su manos se adivinan no sólo las muestras de pinturas y resabios de óleos y acuarelas, sino el olor a pólvora y el eterno hedor de las prisiones mexicanas.
Pintor y luchador social, junto a Frida Kahlo, Fernando Leal y Xavier Guerrero, participó en la fundación del Sindicato de Obreros, Técnicos, Pintores y Escultores, donde ocupó el puesto de Secretario General.
Entre su obra se cuenta: el mural “Los mitos”, en el patio de la Escuela Nacional Preparatoria de la Ciudad de México. En Los Ángeles, California, pintó los murales “Mitin obrero” y América tropical.” En Chile realiza el trabajo “Muerte al invasor.” En el Palacio de Bellas Artes realiza tres obras monumentales: “Nueva democracia”, “Victoria del fascismo” y “Víctimas de la guerra.”
Su obra de caballete permanece eclipsada por sus monumentales murales. Su pintura, acaso aún al día de hoy, permanece no eclipsada, pero sí está en el mismo nivel de la aventura de su vida política. David Alfaro Siqueiros, habría que redescubrirlo.
sc