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Mi amorcito, me pidió que lo acompañara a un viaje de esos donde sueles ponerte bonita e ir a eventos sociales, porque déjenme decirles que este amor mío era bastante social
Las peticiones están hechas, la mayoría de los hombres fantasea con demasiadas cosas, para mi gusto algunas de esas cosas, son bastante extrañas, no es que sea un tabú, ¡aja! en esta época donde los tabús ya no son precisamente sexuales.
Mi amorcito, me pidió que lo acompañara a un viaje de esos donde sueles ponerte bonita e ir a eventos sociales, porque déjenme decirles que este amor mío era bastante social.
En esta ocasión no sería la dama de compañía que todos anhelan, la muñeca del pastel que adorna y engalana el brazo, de un hombre, ¡no! Sería sólo la acompañante que serviría para quedarse en la cama, ver televisión, pedir servicio al cuarto y rascarse la barriga.
Me llevó para devolverme el puesto en su harem, para darme de nuevo un lugar dentro de sus ya varias odaliscas, ¿acaso tendría que llevar carta de recomendación o currículum? No precisamente, más bien sería una extraña petición.
Si lectores míos, mi amor se atrevió a pedirme que borrara el encanto de Miss Pelvis que me había adornado durante varias jornadas de trabajo, me pidió que depilara mis partes íntimas. ¿Cuestión de pelos? Diría alguien que conozco de alguna cantina.
De mi parte no hubo más que decir que sí, pues había de por medio todo lo que obtengo de esos viajes, comodidades, dinero, cosas que engalanan mi clóset, bueno, pues tuve que hacerlo.
Es parte de las fantasías de los hombres, es un fetichismo que no entiendo, no sé si sea cuestión de estética, o de higiene, pero qué tiene de malo algo que la naturaleza nos da. Bueno omitamos eso para las chicas “playmate”, ellas sí tienen que lucir en todo su esplendor, de eso viven, bueno además es parte de su exhibicionismo.
En fin, llegué a Saltillo con las maletas llenas, unas hermosas zapatillas nuevas y sin vello púbico, con un signo de interrogación respecto a esa idea que tiene mi amorcito respecto a esa parte.
Además si tiene tantas en su larga lista, que más da que una de ellas sea diferente, quién firma un contrato de exclusividad con alguien que pide más de lo que da, quién dice que el negociar no funciona, soy demasiado libre como para pertenecer a un séquito de mujeres con un solo dueño y sin vello entre las piernas.
Es el precio de la fama, como dirían algunas de mis colegas, es el precio de ser una más en la lista de alguien, no son de esos clientes frecuentes, son más bien aquellos que no te comparten con nadie y se comparten con todas. No son cosas que me importen, como él dice soy una diabla, una que no se deja, la que hace lo que le da la gana, creo que por eso me busca, porque al final del día sabe que somos iguales sólo que a él le sobra algo que yo no tengo, ¡una cartera llena y el poder de la gente! Y bueno, también tiene una frase que quisiera saber si es literal o metáfora y es: ¡Yo estoy para hacer leyes, no para romperlas! Creo que las reglas son una forma de llevar las cosas, una forma de que exista el orden, pero también está el factor tentador de romperlas. (Bueno en resumen las reglas son como el himen, se hizo para romperlo).
sc